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Dunant Café
En el Museo Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja de Ginebra se inauguró un nuevo espacio de exposición sobre los acontecimientos actuales donde también se divulgan las últimas noticias del terreno. Fotos, películas y testimonios escritos forman parte del programa audiovisual que puede consultarse en ordenadores. En el Café Dunant, el visitante tiene la posibilidad de ampliar sus conocimientos sobre la labor del Movimiento sirviéndose de diversos medios. Estas innovaciones hacen hincapié en el punto de vista de las víctimas y, a la vez, muestran lo que se puede hacer para ayudar y lo que se hace.

Reducir la vulnerabilidad
Vivir en Tegucigalpa, la capital de Honduras, es peligroso; no sólo por el alto índice de delincuencia y drogadicción sino también por los desastres naturales. Más del 20% de la población de la ciudad se expone al riesgo constante de inundaciones y corrientes de barro. «La gente sigue viviendo en estas zonas peligrosas por varios motivos pero principalmente porque no tiene donde ir», asevera Alexis Betancourt que dirige las operaciones de rescate de la Cruz Roja Hondureña en la capital.

El huracán Mitch puso de relieve la enorme vulnerabilidad de Tegucigalpa y de toda América Central: unas 10.000 personas perdieron la vida y otros 2 millones resultaron damnificadas. Las densas lluvias de este año obligaron a evacuar numerosas comunidades y provocaron ulteriores daños a la infraestructura del país.

El huracán supuso un amargo despertar; las autoridades y los organismos de ayuda se dieron cuenta de que era imprescindible comenzar a reducir la vulnerabilidad e incrementar la preparación de la gente en previsión de desastres.

«Tenemos dos objetivos. El primero, reforzar la capacidad de intervención de la Cruz Roja Hondureña en casos de desastre y para ello estamos almacenando suministros de emergencia como rollos de plástico, mantas y alimentos. El segundo, ayudar a la Sociedad Nacional a trabajar con las comunidades en la preparación en previsión de desastres e informar a la gente sobre el riesgo que corre, las posibilidades que tiene y las pequeñas cosas que puede hacer para minimizar ese riesgo», explica Jon Carver, Delegado de la Federación, en materia de preparación en previsión de desastres.

El reino del terror
Meses atrás, el terrorismo urbano sembró temor y confusión en plena capital de Rusia donde explotaron numerosas bombas en plena noche y pequeños artefactos en un centro comercial lleno de gente. Las autoridades rusas, que acusan a los separatistas musulmanes del norte del Caúcaso, han tomado enérgicas medidas de seguridad en las principales ciudades y libran una guerra en la República de Chechenia en la que perdieron la vida dos trabajadores de la sección local de la Cruz Roja Rusa.

«Fue terrible, la gente acababa de levantarse para guardar un día de duelo por las victimas de las explosiones cuando hubo otra», comenta Anna Kalashnikova del Servicio de Rescate de la Cruz Roja Rusa, refiriéndose a la tercera gran explosión.

La Federación asignó fondos inmediatamente para ayudar a la Sociedad Nacional a organizar cocinas populares, y distribuir alimentos, prendas de vestir, calzado y ropa de cama a los lesionados y sus familiares.

Campamento estival
Independence. Humanity. Unity....
Independencia, humanidad, unidad... estas palabras fueron repetidas día tras día en el campamento estival organizado por la sección de Pskov de la Cruz Roja Rusa (CRR) a 800 km al noroeste de Moscú. Cada uno de los siete grupos que participaron en el mismo llevaba el nombre de uno de los principios fundamentales.

La sección calificó de escuela de comunicación este campamento que reunió a 40 niños de familias menes-terosas y a 30 niños con discapacidades físicas o mentales, que fue el primer intento hecho en la región para abordar y tratar los problemas de rehabilitación social y psicológica de niños que viven en condiciones difíciles.

«Dedicamos mucho tiempo y esfuerzo a preparar este campamento estival. Nuestra principal preocupación era saber de qué manera los niños vivirían y jugarían juntos, si disfrutarían de la compañía de los demás y si serían capaces de ocuparse unos de otros. Después del primer día constatamos una vez más que los niños tienen una sorprendente capacidad de adaptarse a nuevos entornos y hacerse nuevos amigos», comenta Peter Vasilevsky, Presidente de la sección de Pskov de la CRR.

Regresar no es nada fácil
«Quiero volver a casa pero no puedo pagar un sitio en un camión y, además, tengo miedo de las minas terrestres», dice desesperada una mujer en el campamento de refugiados de Kukes. Este temor justificado afligía a muchas familias que se preparaban a volver a Kosovo, tras el despliegue de la fuerza internacional de seguridad a mediados de junio pasado.

Tan pronto como llegaban a los campamentos de refugiados de Albania y Macedonia volvían a partir a pie, en autobús o en taxi. El ACNUR organizó un servicio de autobuses entre dichos campamentos y las principales ciudades de Kosovo. De esta manera se resolvió el problema de transporte de miles de personas que querían regresar y no tenían ni un cobre. Aun así, muchas tuvieron que pagar 40 marcos alemanes cada una para viajar en un coche o un camión privados.

Resulta difícil aplacar el temor por las minas terrestres. Incluso antes de que los refugiados comenzarán a volver el CICR, UNICEF, CARE Internacional y otros organismos de ayuda iniciaron una gran campaña de sensibilización al respecto, distribuyendo folletos sobre los riesgos junto con los paquetes de la Cruz Roja y en puntos estratégicos de la carretera que lleva a Kosovo. Ahora bien, nada puede evitar cabalmente el choque que sufren las familias al encontrar sus terrenos de cultivo sembrados de minas. Hacia fines de septiembre, el número de víctimas de estos artefactos ascendía a 230.
Una isla de inestabilidad
Una vez conocidos los resultados del referéndum del 3 de septiembre sobre el futuro estatuto de Timor oriental, la situación se agravó en toda la isla. Gran parte de la población civil huyó de las crecientes tensiones. El CICR, con el apoyo de la Cruz Roja Indonesia y la ayuda de otras Sociedades Nacionales, inició una operación humanitaria de grandes proporciones cuyas prioridades son suministros médicos, alimentos y material de asistencia. Junto con la prestación de socorro el CICR se ocupa de establecer contactos entre familias dispersas y de proteger a los civiles y a los soldados fuera de combate.




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