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Renace una Sociedad Nacional
Semblanza de la Cruz Roja Estonia
Leyla Alyanak
En sólo ocho años, la joven Cruz Roja Estonia ha establecido toda una gama de servicios desde el viejo edificio histórico del casco medieval de la capital. Sus logros son todavía más meritorios teniendo en cuenta la pobreza y la incertidumbre que trajo aparejadas la transición de la economía socialista a la economía de mercado.

Oficial de la marina soviética, Albina Sterzleva llegó con su esposo a Paldiski, Estonia hace 23 años. En aquellos días las personas de lengua rusa constituían 64% de la población del país. Los rusos se habían desplazado allí para trabajar en la floreciente base naval soviética donde los salarios eran altos. Pero tras el derrumbe de la URSS, Estonia recobró su independencia y rusos, ucranios y bielorrusos perdieron sus privilegios. Muchos perdieron incluso la ciudadanía cuando decidieron no volver y el hecho de no hablar bien estonio les impidió obtener otra.

«A mí me parece que si vivo en Estonia debo aprender estonio. En la época soviética bastaba con hablar ruso pero ya no es así», opina la Sra. Sterzleva, oriunda de Siberia. A los 63 años no es fácil aprender otro idioma pero recibe ayuda de la Cruz Roja Estonia. «Ahora siento que puedo enfrentar la vida aquí con más facili-dad», afirmó después de haber terminado un mes de curso de estonio. «Había estudiantes de todas las edades pero yo era la mayor», añade divertida.
Estonia tiene 1.400.000 habitantes de los cuales un tercio no habla estonio; integrar a los rusos es uno de los mayores retos del país.

Riina Kabi, Secretaria General de la Cruz Roja Estonia, considera que los programas de integración sociocultural reflejan las necesidades de la sociedad estonia en su conjunto. «Si convivimos, si somos vecinos, nuestra vida diaria dicta nuestras necesidades», asevera.

Reflejar la realidad de Estonia ha tenido significados opuestos para la Cruz Roja a lo largo de los años. Creada en 1919, durante la guerra de independencia, por dos decenios la Sociedad Nacional contribuyó a construir un nuevo país, pero con el pacto de no agresión de 1919, los soviéticos asumieron la autoridad y poco a poco se apoderaron de la Cruz Roja. La Sociedad siguió existiendo pero su labor fue dividida entre los ministerios de salud y de defensa, y su emblema se utilizó indiscriminadamente en todos los servicios de salud. En 1991, Estonia recobró su independencia.

«Al igual que el país, la Cruz Roja Estonia nació dos veces», dice la Sra. Kabi.


La juventud toma la iniciativa
La educación de los niños es una parte significativa de la labor de la Sociedad Nacional. «Tenemos que apoyarlos desde un comienzo pues se trata del día en que dicen adiós a la infancia e inician una etapa importante de la vida», afirma la Secretaria General; para ello, en 1997 se lanzó la campaña «Primer día de escuela feliz para todos los niños» a través de la cual se compran portafolios y cuadernos desde el primer día de escuela.

Parte del dinero procede de los esfuerzos de recaudación de fondos desplegados por la juventud de la Sociedad Nacional. En una fresca tarde primaveral del pasa-do mes de mayo, 8.000 personas de todas las edades llenaron la legen-daria Raekoja Plats del casco medieval de Tallin, bailando al son del grupo de rock Blind.

«Vendieron discos compactos de su música y nosotros recibimos 35% del dinero», explica Indrek Ditmann, encargado de la juventud. Otros cinco grupos y Evelin Samuel, participante estonia del certamen de canciones Eurovisión, dieron espectáculos gratuitos donde varias docenas de voluntarios solicitaron donaciones al público.

«En toda la campaña recaudamos más de 12.000 dólares; una mitad viene de los conciertos y la otra de los aportes directos de la campaña de cuentas bancarias», dice Indrek.

Los conciertos comenzaron en 1997 y forman parte de una iniciativa que sólo podía tomar una juventud emprendedora. Sin un centavo, se dirigieron a los medios de comunicación para conseguir espacios gratuitos y dando a conocer su labor negociaron el apoyo, primero de las empresas estonias y luego de las multi-nacionales que operan en el país.

«Al principio hubo algunos rechazos porque había tantas instituciones caritativas que iniciaban actividades en Estonia que era difícil competir. Muchas obtuvieron escasos resultados. Entonces, se nos ocurrió la feliz idea de recabar dinero indirectamente. La gente da dinero cuando se utiliza para ayudar a los desafortunados pero si uno trata de conseguirlo para un concierto tropieza con dificultades incluso si el concierto sirve una buena causa», comenta Indrek.

Además de los conciertos, la Cruz Roja de la Juventud patrocinó discos con canciones que abordan problemas de actualidad, como el consumo de drogas y el sida, de una manera comprensible para los jóvenes.



Consolidar las bases
Cuando la Sra. Kabi asumió sus funciones de secretaria general en 1993, su prioridad era sensibilizar a las autoridades locales para reconstruir las secciones de la Sociedad Nacional que la centralización soviética había desarticulado.

Entonces se puso en marcha el procedimiento de descentralización y hoy en día, cada sección establece sus propias prioridades porque lo que funciona en el campo tal vez no funcione en la ciudad y porque la diversidad abunda en este pequeño país.

«El norte industrial, por ejemplo, era la zona de tránsito de las materias primas rusas y de los propios rusos. Por eso, allí tenemos que impartir cursos de estonio y ayudar a los rusos a rellenar los formularios de la seguridad social o las solicitudes de ciudadanía», explica la Sra. Kabi y añade: «en las grandes ciudades hay un creciente problema de deserción escolar pero en las zonas rurales y en la costa ese problema no existe. Entonces, tenemos que adaptar nuestras políticas a las distintas situaciones».

Evaluar los diversos logros de la Cruz Roja Estonia resulta más fácil haciendo una retrospectiva.

«Empezamos sin nada; no teníamos oficinas ni siquiera mesas, sillas o un telefax. Las estructuras soviéticas se habían ido desmantelando y había que volver a empezar. La secretaria de una de las secciones locales trabajaba desde su casa porque no tenía oficina. Pero salimos adelante y actualmente hay 16 secciones en todo el país», recuerda la Sra. Kabi.

Las Sociedades hermanas del norte de Europa, el CICR y la Federación prestaron ayuda.

Con medios o sin ellos, lleva tiempo edificar a partir de cero y lo que la Cruz Roja Estonia ha logrado hassta ahora es toda una proeza.


Leyla Alyanak
Leyla Alyanak
Periodista canadiense independiente, especia-lizada en desarrollo y derechos humanos.






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