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Lejos de las cámaras:
El conflicto entre Etiopia y Eritrea
Frédéric Joli
Desde hace casi dos años, Eritrea y Etiopía se libran una guerra sin cuartel por un litigio de fronteras que amenaza con desestabilizar toda esta región ya convulsionada por las crisis de Sudán meridional y Somalia. Las principales víctimas de este conflicto internacional son cientos de miles de civiles que en ambos campos escapan de las zonas de combate.

Los hermanos de armas que otrora combatieron juntos contra el régimen del Coronel Mengistu Haile Mariam hoy se enfrentan a lo largo de 1.000 kilómetros de frontera. Desde que estallaran las hostilidades, el CICR ha estado presente en ambos campos, trabajando en cooperación con las Sociedades Nacionales de Eritrea y Etiopia para asistir y proteger a los desplazados. Expulsadas de sus pueblos por el fuego de artillería y los bombardeos aéreos, miles de familias de pastores y agricultores lo han perdido todo: casas, medios de sustento y tierras.

A principios de agosto, Cornelio Sommaruga, Presidente del CICR, visitó la región para llamar la atención sobre este cruento conflicto del que nadie habla. Durante su maratón diplomática de una semana, tuvo oportunidad de recordar al Presidente de Eritrea y al Primer Ministro de Etiopía la preocupación de la Cruz Roja por la suerte de los prisioneros de guerra y los reclusos civiles, los desplazados y las personas expulsadas de su lugar de residencia. También abordó la cuestión del acceso del CICR a determinadas regiones de uno y otro país.

«En el año del cincuentenario de los Convenios de Ginebra fui llamado a cumplir esta misión para recordar en ambos países la obligación de respetar el derecho internacional humanitario, ya que dichos convenios se aplican plenamente a este conflicto. Por ejemplo, el CICR debería tener acceso a todos los prisioneros de guerra, protegidos por el III Convenio, y poder cerciorarse de la suerte que corre la L Lejos soviético, «guerra población civil, protegida por el IV Convenio», explica el Sr. Sommaruga. Ahora bien, la situación puede cambiar en breve debido a la promesa que hiciera el gobierno durante la XXVII Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Estado soberano de tres millones de habitantes, es uno de los tres Estados que aún no han ratificado los Convenios de Ginebra. No obstante, la ex colonia italiana, está vinculada por las normas consuetudinarias que se aplican en conflictos armados. Fundándose en ello, el CICR estableció una delegación en Asmara inmediatamente después de que estallara el combate. Aunque todavía no ha recibido autorización de visitar a los prisioneros de guerra, se ha ocupado de volver a establecer el contacto entre las familias separadas por el conflicto y de procurar salvoconductos a los deportados para que puedan atravesar las líneas del frente. Además, ha movilizado y coordinado los esfuerzos destinados a prestar socorro en los campamentos de desplazados.


Éxodo de civiles
A pesar de que la Sociedad Nacional no ha sido reconocida oficialmente, puesto que Eritrea aún no ha firmado los Convenios de Ginebra, la Cruz Roja Eritrea es el principal asociado del CICR en el terreno; juntos proporcionan alimentos, material de asistencia y agua a 11 campamentos de desplazados, diseminados por esas tierras de nadie aledañas a la disputada frontera. La comisión gubernamental competente en materia de socorros yrefugiados apoya estos programas de asistencia y financia parte de ellos.

«Trabajamos en estrecha colaboración con el CICR. Mucha gente a la que estamos ayudando lo ha perdido todo, los pastores, por ejemplo, han tenido que vender el ganado por falta de forraje. Esta gente había levantado campamentos en las afueras de los pueblos cuyos habitantes les han manifestado una gran solidaridad», explica Abraham Habte, jefe de la citada comisión.

Uno de esos campamentos es Deda; situado en la zona de Debub, 60 kilómetros al sur de Asmara, acoge a 3.400 personas de varios pueblos fronterizos. La mayoría son mujeres, ancianos y niños ya que los hombres, por propia voluntad o no, se quedaron en la frontera. Las familias han recorrido varios docenas de kilómetros para llegar hasta aquí e instalarse fuera de la zona de combate.

Principios de agosto. La estación de lluvias desalienta los movimientos de tropas y Abdelaziz Boutflika, representante de la Organización de la Unidad Africana, ha entablado tratativas diplomáticas desde su oficina de Algiers con miras a reconciliar a los hermanos beligerantes, por el momento, las armas han dejado de rugir. Pero el conflicto está todavía presente en la mente de los desplazados, ansiosos por saber cuando podrán volver a salvo a sus pueblos y terrenos de pastoreo.

Los nueve delegados del CICR en Asmara, secundados por unos 15 colaboradores locales, utilizan toda su energía para mejorar las condiciones de vida de los desplazados. La labor de la Cruz Roja Eritrea tiene la misma finalidad.

«Estamos encantados de la cooperación con el CICR. La Sociedad Nacional, la comisión gubernamental y el CICR son complementarios y eficientes pero nuestra labor no terminará hasta que esta gente pueda volver a su casa», afirma Tsehaya, representante de la Sociedad Nacional.

 

Un compromiso de envergadura
La delegación del CICR en Etiopía comenzó su labor en el decenio de 1970 y su compromiso ha estado a la altura de este país de 60 millones de habitantes. Actualmente, la delegación cuenta con 34 colaboradores extranjeros, destacados en cinco regiones, y 135 colaboradores nacionales; la organización trabaja en estrecha colaboración con la Cruz Roja Etíope. Hasta el pasado mes de enero, cuando volvieron a estallar los combates en la frontera con Eritrea, la delegación había prestado un apoyo logístico sustancial a la Sociedad Nacional en las zonas de Tigré y Afar, cercanas a la frontera. Dicho apoyo abarcaba un plan de evacuación de heridos de guerra y la disposición del material quirúrgico y de primeros auxilios necesarios. Pero por orden de las autoridades etíopes, el CICR tuvo que partir de Tigray poco después de que volviera, a estallar las hostilidades.

En la entrevista con Meles Zenawi, Primer Ministro de Etiopía, el Presidente Sommaruga planteó la cuestión del regreso del CICR a Tigré. Desde entonces, la institución ha podido volver allí y poner en marcha una operación de socorros para los desplazados, en cooperación con la Sociedad Nacional, y brindar apoyo a las instalaciones médicas que atienden a los heridos de guerra.

«Tenemos que movilizar nuestras fuerzas allí donde hay algo que lograr, tal es mi misión. Evidentemente, en una situación como la del conflicto entre Eritrea y Etiopía, debemos concentrar nuestros esfuerzos en las víctimas, utilizando todas las armas disponibles de la diplomacia humanitaria para promover la aplicación del derecho», concluye el Sr. Sommaruga.



Frédéric Joli
Frédéric Joli, delegado del CICR, destacado en Paris





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