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Pista de estrellas

por Sigfrid Soler y Marc La Chance

Las calles de las grandes ciudades de Etiopía se han convertido en escuelas de supervivencia para numerosos niños que, tras haberse visto obligados a dejar hogar y familia, aprenden las reglas de la jungla urbana guiados por otros mentores precoces o adultos inescrupulosos. La Cruz Roja también está presente en este Circo Etiopía, organización sin fines de lucro cuyas estrellas son niños de la calle o de familias pobres, que representa una alternativa creativa y educa entreteniedo.

Al recorrer Addis Ababa es imposible no ver a los niños de la calle. Van de un lado para otro ocupados en ganarse a duras penas el sustento diario, ya sea lustrando zapatos, vendiendo cualquier cosa o pidiendo limosna. Estos niños harapientos, algunos de cinco o seis años, son una realidad patente de la vida cotidiana que nadie puede ignorar y plantean un dilema a quien los ve. ¿Qué les depara el futuro? ¿Es posible hacer algo por ellos?

Marc La Chance, maestro canadiense que enseña en la International Community School de Addis Ababa encontró una respuesta. Comenzó a ponerla en práctica un día después de los cursos, reuniendo a algunos chicos del vecindario y dándoles algunas lecciones de malabarismo. Alentado por el interés y la habilidad de los chicos, decidió dar estas “clases” todos los días.

Del malabarismo pasaron a los ejercicio de equilibrio apenas se pudo comprar un elevador y un cable de acero. Los chicos, con esa tendencia innata de superarse a sí mismos, descubrieron que era mejor hacer ambas cosas, o sea, malabarismo en la cuerda floja. Luego se sumaron la acrobacia y las pirámides humanas. “Después de tres meses de adiestramiento, el grupo presentó su primer espectáculo en un parque cercano al aeropuerto al que asistieron 700 personas. Nacía el Circo Etiopía”, cuenta Marc La Chance.

 

 

Un circo de vocación social

Han pasado cinco años y el grupo se ha ampliado, dando origen a un concepto único: el circo de vocación social. En un país como Etiopía, donde las necesidades son tan elementales, el circo ha encontrado un eco sorprendente. Los niños del circo se han convertido en voceros de la comunidad, y el público los acoge con entusiasmo arrollador.

Las funciones gratuitas tienen lugar de preferencia en campos de fútbol donde miles de espectadores asisten a un espectáculo que comprende diversas números circenses. La peculiaridad de este circo reside en los mensajes que impregnan cada actuación, ya que las representaciones relatan episodios de la vida de los chicos de la calle. A través del teatro, la mímica, la orquesta, la acrobacia y otros números circenses, se transmiten al público conceptos fundamentales.

Hasta la fecha se han abordado varios temas de gran pertinencia: primeros auxilios, prevención del SIDA y del paludismo, tratamiento de la tuberculosis y la diarrea, consecuencias del despoblamiento forestal, y motivos que llevan a los niños a vivir en la calle.

En Addis Ababa, el grupo goza del estatuto de organización no gubernamental (ONG), cuyo cometido es promover actividades circenses en general y difundir algunas nociones básicas en materia de salud. Con una experiencia de más de 200 representaciones, las destrezas artísticas de estos niños han cobrado una fama que se extiene más allá de la ciudad. Para responder a la demanda de la comunidad se creó una escuela de circo, y otras ONG que se ocupan de los niños de la calle han adherido al Circo Etiopía, contribuyendo a establecer un programa especial de adiestramiento.

Gracias a algunas apariciones en televisión, el grupo inicial despertó vocaciones en otras regiones de Etiopía, y hoy existen circos similares en Yimma, Nazaret, Tigré y Yari. Todos ellos cuentan con un grupo de artistas, un centro de adiestramiento, una escuela de circo y un programa de representaciones en sus respectivas comunidades.

El modelo ha interesado también a la Unión Nacional de Jóvenes y Estudiantes de Eritrea. Esta organización formó el Circo Eritrea y abrió una escuela de circo en Asmara, actividades que contaron con la colaboración de la Cruz Roja de Eritrea, Sociedad Nacional en formación. Por primera vez desde la independencia del país, la Cruz Roja cuenta con un medio de difusión de sus actividades. Cada grupo crea espectáculos que vehiculan mensajes de interés social relativos a su propia comunidad.

La idea de promover cuestiones de índole social por intermedio del circo ha suscitado gran interés y amplio apoyo. En la actualidad, ciudadanos de siete países apoyan a los grupos circenses. Cabe destacar la labor de aquellos que, con la colaboración de la Cruz Roja Neerlandesa, el pasado mes de junio organizaron una exitosa gira del Circo Etiopía por los Países Bajos durante dos semanas. En Washington D.C., círculos de amigos del Circo Etiopía junto con el Cirque Du Soleil preparan una función benéfica que tendrá lugar en noviembre próximo.

Contenido de la función

“El CICR ha reconocido que el circo es un buen medio de llevar a cabo actividades alternativas de difusión, y tiene sumo interés en el potencial de sensibilización que ofrece este espectáculo en el que también interviene el público”, dice René Baeriswyl, jefe de la división de cooperación y difusión del CICR.

El comité comenzó a colaborar con el Circo de Etiopía en los primeros meses de 1995, pidiéndole que creara un número para explicar el significado del emblema de la Cruz Roja. Los chicos escribieron el siguiente guión: un carnicero muy ufano pone en la fachada de su establecimiento una cruz roja como símbolo de la frescura de lo que vende. Entra un fiel cliente, y explica al público con gran elocuencia porqué compra en esta carnicería y lo que la cruz roja representa para él. Llega entonces un chico de la calle a buscar los restos que el carnicero siempre le guarda, y les dice que el significado de la cruz roja es totalmente distinto, y que el emblema no debería ser empleado en una carnicería. Luego reseña las actividades de socorro de la Cruz Roja que él mismo ha presenciado y describe la ayuda que la organización ha brindado a un sinnúmero de personas en situaciones de conflicto. Tras una breve discusión entre los personajes, el cliente y el carnicero terminan por dar la razón al chico y retiran el cartel con la cruz roja.

El Circo Etiopía también ha creado números de sensibilización sobre la tuberculosis y los estragos de las minas de guerra. El sketch sobre estos artefactos explosivos es muy sencillo pero de gran eficacia emotiva y cuando fue presentado a los participantes del Simposio Panafricano de Addis Ababa, suscitó una honda emoción entre los diplomáticos.

La cooperación entre el Circo Etiopía y la Cruz Roja se ha ampliado con la incorporación de la Sociedad de la Cruz Roja Etíope. Las secciones de la Cruz Roja en Yimma, Nazaret y Mekele proceden a tomar contactos a distintos niveles para utilizar las actividades circenses a fines de difusión. La Federación y la Cruz Roja Canadiense también han manifestado interés en apoyar estos proyectos.

El grupo tiene prevista una gira por toda Etiopía en el mes de septiembre con una nueva producción: “La ópera del lustrabotas”. En esta obra actúan cuarenta y cinco niños, que junto con los instructores y el equipo se desplazarán en vehículos de la Cruz Roja. La gira abarcará ocho ciudades y se estima que unas 50.000 personas asistirán a las representaciones.

“Tenemos por cometido llegar al mayor número de gente posible y dejarle una profunda impresión”, dice Marc La Chance.” Los mensajes que trasmitimos son portadores de vida. Tenemos en nuestras manos un instrumento pedagógico formidable pero el fruto más preciado que hemos cosechado es la nueva vida que se ha abierto a los jóvenes artistas del circo. Todos tiene muchísimo talento y han adquirido un alto nivel de destreza. Día tras día van configurando un modelo más perfeccionado para sus sucesores, los niños de la próxima generación.”

 

Sigfrid Soler, delegado del CICR
en Addis Abeba, y

Marc La Chance, fundador y Director
del Circo Etiopía.

 


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