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ONG: ¿dónde ha ido a parar la 'N'?
por Joanna Macrae |
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más en más, las organizaciones no gubernamentales
(ONG) son financiadas por los gobiernos. Según algunas
estimaciones, las contribuciones oficiales a determinadas
ONG representan hasta el 85% del dinero que reciben. ¿A
qué se debe este fenómeno y cuáles son
sus repercusiones? |
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En un principio, la independencia financiera y orgánica
respecto a los gobiernos era lo que caracterizaba a las ONG
pero con el tiempo, las fuentes de financiación y los
métodos de trabajo fueron cambiando y hoy en día,
muchas ONG se encuentran desempeñando funciones totalmente
integrados en el complejo sistema de la asistencia humanitaria
internacional.
Entre 1990 y 1995, el valor de las contribuciones para socorros
de fuentes de institucionales cuadriplicó, pasando
de menos de 500 a casi 2.000 millones de dólares. Impulsado
en gran medida por este considerable aumento de la ayuda oficial,
la intervención de las ONG en situaciones de emergencia,
sobre todo en conflictos, se ha ampliado considerablemente.
¿Cómo interpretar esta evolución? ¿Qué
motivos han llevado a los gobiernos a canalizar la asistencia
humanitaria por conducto de las ONG? ¿Cuáles
son las ventajas y los inconvenientes de esta situación?
¿Qué repercusiones tienen estas tendencias para
las ONG y los grupos vulnerables que protegen?
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Eficiencia
y autonomía
Para contestar a todas estas preguntas, valdría la
pena preguntarse por qué las ONG se han convertido
en un elemento tan importante del sistema de ayuda humanitaria.
Históricamente, los argumentos en favor de la participación
de las ONG en actividades de socorro y en obras de desarrollo
se han fundamentado en las polémicas sobre los vínculos
entre la sociedad civil y el Estado. Las ONG han representado
parte del proceso de liberación del ciudadano frente
a las opresivas estructuras estatales, han sido instrumento
de participación social y de solidaridad con los desfavorecidos.
El aumento de la financiación institucional para las
ONG que se ocupan de proyectos de desarrollo comenzó
a mediados de los años 80. Sin embargo, el papel de
las mismas en las operaciones de socorro, sobre todo en emergencias
provocadas por los conflictos, seguía siendo limitado.
La soberanía y la inseguridad eran las barreras principales
que les impedían intervenir en zonas de conflicto.
Las operaciones de socorro se limitaban a las zonas bajo control
gubernamental o a los países que acogían refugiados.
La ayuda oficial de emergencia distribuida por conducto de
los gobiernos beneficiarios se redujo sustancialmente en la
década de 1980. Por ejemplo, la proporción de
la ayuda proporcionada a los gobiernos por la Comisión
Europea pasó de más de 95% en 1976 a tan sólo
6% en 19901. Los gobiernos donantes dejaron de reconocer automáticamente
la legitimidad de los gobiernos beneficiarios o la capacidad
de los mismos de actuar idóneamente en situaciones
de emergencia y los donantes llegaron a la conclusión
de que estos últimos formaban parte del problema.
De ahí que las ONG se convirtieran en un medio de
afirmar el compromiso humanitario en los países afectados
por la guerra y sirvieran de amortiguador político
entre donantes y gobiernos beneficiarios. Poco a poco, el
principio de soberanía fue perdiendo peso, a medida
que los donantes trataban de ampliar el espectro de interlocutores
y buscaban la ayuda de las ONG para hacer frente a emergencias
complejas.
Desde el punto de vista de los donantes, las ONG ofrecen
considerables ventajas en cuanto asociados de la acción
humanitaria, pues se considera que son políticamente
neutrales y que su capacidad de suministrar servicios supera
ampliamente la de los propios donantes o las instituciones
especializadas de la ONU. Esta nueva modalidad de encauzar
la asistencia ha planteado varios interrogantes pero cabe
detenerse sobre todo en dos de ellos. En primer lugar se trata
de determinar a quién incumbe la responsabilidad de
garantizar la eficacia y pertinencia de las intervenciones
humanitarias en un entorno donde subsiste el ordenamiento
jurídico. En segundo lugar, puesto que las ONG reciben
cada vez más financiación estatal, ¿qué
consecuencias tendrá esta dependencia en el funcionamiento
de las mismas? En particular, hay que preguntarse cuál
es el principal propósito de las ONG: ¿representar
los intereses de los donantes o de sus mandantes? |
Algunas
normas de conducta
La necesidad de regirse por un conjunto de normas obedece
a la complejidad moral y política que caracteriza la
labor humanitaria en situaciones de guerra, y también
a la necesidad de asegurar la coherencia de ciertas pautas
técnicas. Partiendo de la base de que quienes prestan
socorro pueden ser manipulados por los beligerantes, quienes
tratan de defender sus respectivos intereses militares y políticos,
la neutralidad, la imparcialidad y la independencia son principios
fundamentales para preservar el objetivo humanitario de las
operaciones de socorro y la integridad de las organizaciones
en el terreno.
Sin embargo, salvo el Movimiento de la Cruz Roja y de la
Media Luna Roja, las ONG no están obligadas a observar
estos principios y se rigen por sus propios mandatos
Las últimas tentativas de reglamentar las operaciones
de socorro de conformidad con los principios huma-
nitarios se dividen en dos corrientes. En el sur del Sudán,
por ejemplo, la ONU está aplicando lo que considera
principios humanitarios básicos, a saber: neutralidad,
transparencia y obligación de rendir cuentas. Por consiguiente,
el acceso de las ONG a las zonas bajo control rebelde está
supeditado a la observancia de estos principios.
La otra tendencia propugna la autorreglamentación
de las ONG. Cabe destacar que el Código de Conducta
—redactado y ratificado por la Federación, el
CICR y otras cinco importantes organizaciones humanitarias—
hace hincapié en la necesidad de que los organismos
de socorro internacionales apliquen determinadas normas universales
de profesionalismo y comportamiento ético. Hasta la
fecha, 77 ONG de todas partes del mundo han ratificado dicho
Código, y los donantes han manifestado un creciente
interés por integrarlo en sus procedimientos de toma
de decisiones, estableciendo criterios de reconocimiento oficial,
a los cuales habrán de ajustarse las ONG que quieran
recibir financiación institucional.
Sea como fuere, habrá que garantizar que el respeto
riguroso de los códigos de conducta y las normas profesionales
por parte de las ONG no sirva únicamente para ocultar
una crisis mucho más profunda de intervención
de la comunidad internacional en emergencias complejas. Si
bien es imperativo aclarar y oficializar los criterios, tanto
políticos como técnicos, que han de regir la
intervención de las ONG, ello no bastará para
superar dicha crisis. |
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Los
retos del futuro
El hecho de que el tono del debate lo hayan dado las propias
ONG, y no los donantes ni las Naciones Unidas, es revelador
y demuestra el interés de las mismas por defender los
valores humanitarios frente a las exigencias cada vez mayores
de los donantes y las situaciones cada vez más complejas
y violentas en que les toca actuar. Asimismo, subraya la importancia
que tiene para ellas seguir siendo independientes.
El mayor problema que han de resolver las ONG, tal vez no
sea poner orden en su estructura operativa, sino persuadir
a los beneficiarios, a la comunidad de donantes y a la ONU
de que es necesario analizar las causas y repercusiones de
las catástrofes de nuestra época, y preconizar
medidas adecuadas en el ámbito político y en
la esfera de los derechos humanos.
Los códigos que reglamentan la conducta en las operaciones
de socorro han de estar vinculados con estrategias más
generales, destinadas a reglamentar la conducta, tanto nacional
como internacional, en la política y la guerra. De
no existir un marco político coherente, las ONG se
verían reducidas a simples subcontratistas en un mundo
donde la asistencia y la guerra se han privatizado, en lugar
de ser las defensoras de quienes no pueden valerse por sí
mismos, a raíz de la pobreza, la violencia y la injusticia.
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| (1)
Veáse Borton, J., NGOs and Relief Operations: Trends
and Policy Implications, Overseas Development Institute,
1994, London. |
Joanna Macrae
Investigadora adscrita
Relief and Disasters Policy Programme, Overseas Development
Institute, Londres. |
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