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La vida en la frontera

por Jessica Barry

Armenia y Azerbaiyán se van recobrando de las secuelas del encarnizado conflicto territorial que cobró un alto precio en vidas humanas y dejó a buena parte de la población de ambos países en una situación calamitosa. Hoy en día, a uno y otro lado de la frontera, se libra batalla contra la destrucción de bienes, el desempleo, la paralización del comercio y la crisis económica. El cese al fuego sigue vigente pero aÚn no se ha firmado un acuerdo de paz definitivo. El CICR y la Cruz Roja Norteamericana respaldan esta lucha por la supervivencia.

Voskepar es una aldea armenia de 1.300 habitantes, parecida a tantas otras comunidades agrícolas de esta remota región. Antes del último conflicto, los mercados del lado azerí eran el destino natural de los productos agrícolas de Voskepar. “Teníamos muy buenas relaciones con nuestros vecinos del otro lado de la frontera”, explica Hransush Agehbalian, alcalde de la aldea. “Incluso invitábamos a nuestros amigos azeríes a los casamientos. Ahora, aunque el cese el fuego lleva más de dos años, no podemos seguir comerciando, y todo ha cambiado.”

La gente recurre a diversas estrategias para sobrevivir y superar la falta de ingresos y el aumento de los precios. Cultivan papas en sus huertas, secan sartas de hojas verdes en los balcones para cuando escasee la verdura en invierno, y conforme avanzan las estaciones, venden flores silvestres, setas o frutas a la orilla de los caminos.
Los habitantes del lado azerí tienen las mismas dificultades, que por fortuna, se han dado a conocer a la opinión pública. Bajo los auspicios del CICR, la Cruz Roja Norteamericana inició la distribución de alimentos y otros suministros de emergencia a las familias que se debaten contra la pobreza, programa que se inscribe en una nueva modalidad de cooperación denominada “proyectos de delegación”.

El proyecto de delegación de Armenia, el primero de esta índole que se lleva a cabo con la Sociedad Nacional de los EE.UU., comenzó en noviembre de 1994. La distribución de paquetes de víveres a 8.500 familias residentes en la zona fronteriza que abarca cuatro distritos del norte de Armenia concluyó en agosto de 1995. El proyecto en curso, que durará 9 meses, está destinado a los mismos beneficiarios, pero esta vez se ha previsto asistencia por más tiempo, y se han incluido artículos como jabón y detergentes, diversas semillas de verdura, harina, aceite de mesa, azúcar y tapas de potes para mermeladas.

“Cuando la invitamos a hacerse cargo de la gestión del proyecto de delegación en Armenia, sabíamos que la Cruz Roja Norteamericana sería un asociado ideal”, señala Zoran Jovanovic, jefe de la delegación del CICR en Yereván.”Su labor en el sur del Cáucaso comenzó en 1988, después del terremoto en Armenia, lo que explica que disponga de una óptima organización logística y de un personal de gestión muy eficiente, familiarizado con el entorno y con la filosofía del Movimiento.”

El éxito de este primer proyecto de delegación favoreció la puesta en marcha de un segundo proyecto en Barda, Azerbaiyán, a cuatro horas en coche al oeste de Baku, la capital. Desde el inicio de este segundo proyecto, en noviembre de 1995, más de 7.000 familias residentes en 8 distritos fronterizos han recibido cada dos meses paquetes de víveres, azúcar, tapas de potes, harina y aceite.

Los beneficiarios potenciales se escogen entre 5 grupos concretos: ancianos solos, viudas con varias cargas familiares, huérfanos menores de 15 años, inválidos de la llamada “primera categoría” (o sea, los lisiados de guerra y las personas con discapacidades graves) y los indigentes que no forman parte de dicho grupos y representan el 30% de los beneficiarios.

 
 

Construir sobre bases sólidas

Los proyectos de delegación que se llevan a cabo en Armenia y Azerbaiyán tienen tres objetivos principales: subvenir a las necesidades básicas de los beneficiarios para que con sus escasos recursos puedan comprar otros artículos esenciales, como medicamentos o textos escolares; disuadir a los jóvenes de emigrar a las zonas urbanas en busca de empleo, y consolidar la capacidad de la Cruz Roja de Armenia y de la Media Luna Roja de Azerbaiyán, que están cumpliendo funciones determinantes para ambos programas.

La Cruz Roja de Armenia, organización de gran competencia profesional que cuenta con una dirección eficiente en su sede central, obtuvo el estatuto de Sociedad Nacional en noviembre de 1995. El personal reconoce que el terrible terremoto de Spitvak de 1988, en el que murieron 25.000 personas y otras 30.000 resultaron heridas o lesionadas, tuvo una influencia decisiva en el desarrollo ulterior de la Cruz Roja.
“Me incorporé al programa en diciembre pasado”, dice James Jones, delegado de la Cruz Roja Norte-
americana y coordinador de proyectos en Yereván. “Pude contratar profesionales de excelente nivel y gran motivación: expertos en logística, especialistas en gestión en el terreno, instructores, técnicos en distribución y estadígrafos. Todos eran empleados de la Cruz Roja de Armenia, con una amplia formación profesional y una larga experiencia de trabajo con la Federación y otras organizaciones internacionales.”

La Media Luna Roja de Azerbaiyán también recibió el estatuto de Sociedad Nacional en noviembre de 1995 pero muy pocos de sus colaboradores habían trabajado en grandes proyectos de asistencia. A pesar de ello, la mayoría de los empleados en distritos y secciones están muy motivados y el programa representa una gran oportunidad de formación profesional.

Proyectos de delegación

Este concepto responde a la inquietud de diversas Sociedades Nacionales, que querían desempeñar un papel más importante en aquellas regiones donde el CICR despliega sus actividades. Este último se encarga de determinar qué proyecto de socorros o de asistencia médica corresponde a una zona determinada; luego, confía la responsabilidad de la realización a una Sociedad Nacional interesada en asumirla. Ésta, a su vez, envía un delegado encargado de coordinar las actividades en el terreno, que trabaja bajo la supervisión directa del jefe de la delegación del CICR. El Comité aporta apoyo logístico y administrativo, y pone a disposición del proyecto los equipos de comunicación de la delegación.

Más allá de lo elemental

El futuro de los habitantes de las zonas fronterizas seguirá siendo sombrío hasta que no se concierte un acuerdo de paz definitivo y mientras la situación económica de las dos repúblicas no mejore.

En Armenia, las prioridades están claras. “La gente va resolviendo sus problemas, pero se necesitará el suministro a granel de algunos alimentos hasta la próxima cosecha, explica James Jones y añade: “También es hora de emprender algunos pequeños proyectos de reconstrucción de viviendas, establecimientos de enseñanza, molinos y algunas otras instalaciones de utilidad pública. Con ello se busca volver a establecer la vida comunitaria”.

En Azerbaiyán, los programas se ajustarán a las necesidades sociales concretas de los beneficiarios. La asistencia alimentaria se prolongará por un año, pero haciendo hincapié en la autosuficiencia y con tal fin se distribuirán semillas para el cultivo de papas y medios para conservar la fruta y la verdura por más tiempo. También es probable que se apoyen los programas de fomento de la producción de trigo y harina para que las aldeas dispongan de pan.

Uno de los beneficios más importantes y duraderos de ambos programas no se puede contabilizar. “La asistencia que recibimos también supone un gran apoyo psicológico”, nos explicó Hransush Aghbalian, durante una distribución de azúcar. “Después de los cataclismos y los conflictos de los últimos años, pasará mucho tiempo antes de que nuestras vidas puedan retomar un curso normal. No podemos comerciar del otro lado de la frontera, no nos pagan las pensiones desde hace meses y vamos sobreviviendo con lo que producen nuestras huertas. Sin la ayuda de ustedes, nos sentiríamos abandonados por todo el mundo”.

 

Jessica Barry
Periodista independiente, estuvo en Armenia y Azerbaiyán en junio de 1996.



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