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La solución no es simple

por Christine Aziz

Se suponía que el acuerdo “petróleo por comida” iba a atenuar las consecuencias más graves de las sanciones contra Irak pero debido al retraso de la aplicación del mismo, el pueblo iraquí sigue sufriendo.

Cuando a fines del año pasado se anunció el acuerdo “petróleo por comida”, en las calles de Bagdad crepitaron las armas de fuego disparadas en signo de júbilo. “Estábamos tan contentos... al cabo de siete años, podríamos comprar carne”, recuerda Waffa Fawzi.

En abril, cuatro meses después de que en las cuentas bancarias especiales de las Naciones Unidas comenzaran a abonarse los ingresos generados por la venta de petróleo iraquí, Waffa espera pacientemente su turno en una distribución de alimentos de la Media Luna Roja en Bagdad. Los víveres y las medicinas prometidos en virtud del acuerdo establecido de conformidad con la Resolución 986 de las Naciones Unidas todavía no han llegado. Bien vestida, el cabello sujeto con un elegante pañuelo, la prestancia de Waffa de-sentona en una repartición de raciones de supervivencia. La situación de Waffa es representativa de las condiciones de la mayoría de la población de clase media, ya que a pesar de ser ingeniero civil su subsistencia depende de las provisiones y otros suministros donados por los organismos humanitarios. La clase media, que en una época representaba 70 por ciento de la población iraquí, hoy forma parte de las categorías más desfavorecidas.

A juicio de un socorrista destinado en Bagdad, no hay que pensar que se trata de un problema típico de los países pobres. “Esto debería hacernos reflexionar: ¿en qué condiciones se encontraría, por ejemplo, Inglaterra, si tuviera que soportar siete años de sanciones económicas?”.

 

 

Esperanzas perdidas

La población iraquí piensa hoy que la Resolución 986 no era más que una vaga promesa. Recién a fines de abril comenzaron a llegar víveres y medicinas a la región de Arbil, en el norte del país. En las regiones del sur, más desfavorecidas, la gente seguía esperando cinco meses después de la firma del acuerdo.

La demora en el abastecimiento de alimentos y medicinas ha planteado problemas a las organizaciones humanitarias, tanto en el norte como en el sur de Irak. En febrero, personal de la Federación en Bagdad advirtió que el acuerdo “petróleo por comida” iba a empeorar la situación ya precaria de los más pobres. “La gente más necesitada dejará de recibir los suministros que distribuyen los organismos humanitarios, pues los donantes van a considerar que los problemas de Irak se han resuelto. “Las deficiencias de nutrición podrían agravarse”, indicó Sjakkelien Wasmann, delegado regional nutricionista de la Federación.

Waldo Jesús Amar, coordinador del programa humanitario de las Naciones Unidas para Irak, entregó algunos datos muy precisos sobre los términos del acuerdo basado en la Resolución 986. Del total de ingresos previstos de la venta de petróleo, unos 2.000 millones de dólares, 900 millones se destinarán a la compra de alimentos y 210 millones, a medicinas. Oficiosamente, el Sr. Amar reconoce que estos fondos no bastarán para subvenir a las ingentes necesidades.

“En 1992, la población urbana percibía mayores ingresos. Entonces, cada cual podía satisfacer sus necesidades. Cinco años después, la situación de esta gente es muy precaria. Paradójicamente, las Naciones Unidas y las ONG disponían de más recursos cuando la situación de los iraquíes era mejor. Hoy, los recursos son mínimos, y las necesidades, enormes. Los donantes por su parte se dicen que el problema iraquí está resuelto y que ahora tienen que ocuparse las Naciones Unidas.”

En círculos humanitarios se teme que los donantes se desinteresen totalmente de Irak. Según Naoki Kokawa, responsable de operaciones de la Federación en Oriente Medio e Irak, el Organismo Británico de Desarrollo Internacional negó a la Cruz Roja Británica los fondos que ésta le había solicitado para comprar medicinas destinadas a Irak. “Es la primera vez que se rechaza una solicitud de esta índole, y tal vez no sea la última.”

Subsisten graves carencias

Todos los meses, por intermedio de la Media Luna Roja, la Federación suministra raciones alimentarias a 350.000 personas (unas 46.000 familias). “Hemos previsto mantener las distribuciones generales de alimentos hasta julio de este año para completar las raciones que reparte el gobierno, en espera de que comiencen a llegar los víveres importados en el marco del acuerdo “petróleo por comida” y que mejore la situación de los grupos vulnerables”, explica el Sr. Kokawa.

En el hospital Ibn Baldi de Bagdad, el Dr. Jawdat Abdul Aziz comenta que tanto él como sus colegas dependen de los materiales de atención obstétrica y de radiología que el Movimiento distribuye cada tres meses en los hospitales de Irak. Mientras el Dr. Aziz enumera las medicinas y materiales que le hacen falta, cerca del lugar donde hablamos, Kara Haideren, de seis días, lucha débilmente por su vida en una incubadora; es una de los tantos niños prematuros o de bajo peso que nacen cada semana. “Las madres no se alimentan lo suficiente. ¿Qué podemos hacer? Las mujeres que no pueden amamantar tienen que comprar leche deshidratada, a 2.000 dinares* (aproximadamente 1,50 dólares) la lata.”

Tony Maryon, jefe de la delegación regional de la Federación en Amán, confirma que la falta de medicinas seguirá siendo un grave problema mientras se mantengan las sanciones contra Irak.

Al igual que la mayoría de sus compatriotas, Moyassar Hamdon Sulaiman, secretario general de la Media Luna Roja de Irak, no cree que los alimentos y las medicinas que se reciban modifiquen sustancialmente la situación actual. “Es imposible remediar en seis meses lo dañado en siete años de sanciones”, nos explica en su concurrida oficina de Bagdad. Para proteger a los más vulnerables, la Media Luna Roja, apoyada por la Federación, ha organizado un programa de alimentación que en principio beneficiará a 50.000 niños menores de cinco años aquejados de desnutrición. Sjakkelien Wasmann, de los Países Bajos, es el encargado de poner en marcha el programa. “Para que el tratamiento de los lactantes desnutridos sea eficaz, habría que dejarlos hospitalizados 20 días pero las madres regresan a su casa cinco días después del parto, pues tienen que ocuparse de los otros hijos. Haremos lo posible por guardarlos más tiempo con nosotros”.

Detrás del local de la Media Luna Roja, Waffa Fawzi carga en una camioneta los suministros que ha recibido. Waffa tiene un salario superior al de la mayoría de los trabajadores iraquíes, unos 15.000 dinares al mes (algo más de 11 dólares). “Con lo que gano tengo que mantener a mi madre, mis hermanos y hermanas. No me avergüenza hacer cola para recibir alimentos: hoy es algo normal. El acuerdo “petróleo por comida” no cambiará nada. Víveres y medicinas no son las únicas cosas que faltan, aunque sí son esenciales en este momento”.

 

Christine Aziz
Periodista independiente residente en Amsterdam, estuvo en Irak en abril.



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