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Las dos caras
de los medios de comunicación

por Josué Anselmo

Josué Anselmo, ha sido delegado de información del CICR en la región de los Grandes Laos de África central, durante las crisis de los dos últimos años. Esta experiencia le ha llevado a interrogarse sobre su papel de periodista y las relaciones con los medios de comunicación nacionales internacionales.

Al estallar la guerra en Kivu, región del ex Zaire, en noviembre de 1996, el "circo" de los medios de comunicación y algunos círculos humanitarios me embargó de tristeza e inquietud. Una verdadera horda de periodistas se precipitó a la región, en una desenfrenada carrera por obtener relatos e imágenes del conflicto. Al mismo tiempo, una multitud de ONG y organismos humanitarios presentes en Kivu operaban sin coordinación alguna. La competencia era feroz, y fue inevitable que entre la prensa y los organismos humanitarios se forjaran perniciosas alianzas simbióticas que distaron de ser benéficas y pusieron en entredicho los principios éticos que se supone han de regir el periodismo y la acción humanitaria.

Todo parece indicar que este fenómeno volverá a repetirse, y tal vez se intensifique en el futuro. En todo caso, persistirá la competencia que se libran los organismos de asistencia por la obtención de fondos. En lo que atañe a la prensa, la radio y la televisión, la situación económica y las tendencias predominantes de simultaneidad de la información obligan a las grandes agencias de noticias a estar presentes en cada acontecimiento importante. Cuando resulte imposible acceder al lugar de los hechos, la especulación permitirá colmar las lagunas de información con lo cual, la verdad y la fiabilidad saldrán muy mal paradas.

Una vez terminada mi misión en los Grandes Lagos, y después de haber informado acerca de los dramáticos acontecimientos que han estremecido esta región, me he planteado algunas cuestiones fundamentales. Durante ocho años he presenciado doce conflictos y no creo equivocarme si digo que nunca fui testigo de una situación tan difícil como la de esta región de África.

 

 

Notoriedad internacional sí, pero no a cualquier precio

En menos de un año, nueve colaboradores expatriados y 30 cruzrojistas locales perdieron la vida mientras cumplían con su deber en los Grandes Lagos. Esto confirma que los objetivos principales de todo delegado de información en un entorno semejante han de ser dos: lograr el acceso hasta las víctimas y contribuir a garantizar la seguridad de los colaboradores de la labor humanitaria.

Por "lograr el acceso hasta las víctima? entiendo que para que el CICR pueda prestarles ayuda y' protección, su presencia y actividad deben ser aceptadas por todas las partes en conflicto. La información también puede servir de poderoso instrumento de divulgación sobre la índole de la Institución y los criterios que guían su acción.

Ahora bien, en un contexto como el de los Grandes Lagos, alcanzar notoriedad en la prensa internacional no contribuye a lograr uno u otro objetivo y, por el contrario, puede poner vidas en peligro. En efecto, todas las partes en conflicto se mantienen bien informadas de lo que ocurre en el resto del mundo. En diciembre, de 1996, en, Shabunda, Zaire oriental un refugiado amenazó veladamente a un delegado del CICR en estos términos: "Seguramente sabe lo que ocurrió en Chechenia hace tres días, así que le aconsejo que nos trate bien..." Allí, en medio de la selva, la gente escuchaba las noticias de las emisoras internacionales.

No se puede negar que hoy, la capacidad de recaudar fondos está ligada a la notoriedad que se obtenga en los medios de comunicación. Pero, también en este caso hay que matizar. En primer lugar, está muy lejana la época en que los gobiernos decidían financiar tal o cual proyecto basándose en alguna crónica de diario o reportaje de la televisión. Hoy, los políticos disponen de informaciones mucho más completas y confidenciales. El representante de uno de los, principales donantes me dijo en Nairobi: 'La difusión de un reportaje sobre un determinado drama humanitario en la cadena CNN es más importante que mostrar la acción del CICR. Después del reportaje resulta fácil obtener fondos de nuestro gobierno, pero nosotros los asignaremos en función de nuestra propia información, recabada de otras fuente”.

Habida cuenta de que las Sociedades Nacionales necesitan adquirir un mínimo de notoriedad de cara a los donantes de cada país, la estrategia publicitaria en los medios de comunicación internacionales ha de ceñirse al imperativo de proteger nuestras operaciones y nuestros delegados en el terreno; dar prioridad a la crisis humanitaria en cuestión respecto a la intervención del CICR y responder a las necesidades concretas de las Sociedades Nacionales para dar a conocer su labor. En caso de que la información internacional ponga en peligro el acceso a las víctimas o la integridad de los delegados y socorristas en el terreno, habrá que suprimirla sin miramientos.

Eso fue lo que ocurrió durante la guerra del Zaire, cuando se consideró que hacer declaraciones públicas era excesivamente contraproducente y peligroso. Huelga decir que tal decisión provocó polémicas en el seno de la Institución, y algunas Sociedades Nacionales han manifestado su desacuerdo, pero considero que, en definitiva, había que hacerlo.

La ruda batalla con los medios de difusión locales

Si bien es cierto que a veces tenemos que prescindir de la prensa internacional, no podemos hacer lo mismo con los órganos locales de la región de los Grandes Lagos. Esto es muy importante, si se tiene en cuenta que algunos se utilizaron para difundir propaganda e incitar al odio contra los trabajadores humanitarios o sirvieron de instrumento del genocidio de 1994.

En Burundi, el 12 de diciembre de 1995 una estación de radio acusó al CICR de haber entregado soldados de la etnia tutsi a las fuerzas rebeldes de obediencia hutu. La noticia fue difundida en inglés, y 15 minutos más tarde en francés. A las 20.30h, la "noticia" fue repetida en la televisión. Una hora más tarde, en Gitega, Burundi central, se lanzaron 15 granadas contra trabajadores humanitarios extranjeros. El CICR suspendió sus actividades en todo el país y decenas de miles de personas quedaron sin asistencia.

Para impedir que se repitan hechos semejantes, se emprendió una intensa campaña destinada a mejorar la comunicación con los medios de difusión nacionales, que estuvo a cargo del jefe de la delegación para la región de los Grandes Lagos, el delegado de difusión y el delegado de información. Al parecer, esta iniciativa dio resultado. El principal diario de Burundi publicó extensos artículos favorables a la intervención del CICR, en los que se explican los principios fundamentales del Movimiento y la naturaleza de las operaciones en ese país.

Desgraciadamente, no bastó para impedir el asesinato de tres delegados del CICR, el 4 de junio de 1996. Aunque no creo que el ataque contra nuestros delegados haya sido consecuencia directa de la mala imagen inicial de la intervención de la Cruz Roja, como por ese entonces me ocupaba de las relaciones con la prensa local, me sigo preguntando si un mayor esfuerzo de explicación de nuestro mandato y nuestras actividades, por intermedio de la prensa local, hubiera impedido la muerte de nuestros colegas.

Hay que reconocer que, en situaciones semejantes, el margen de maniobra de un delegado de información es ínfimo. Desde hace algunos años, en Ruanda, Burundi y Masisi (región de Kivu) han venido estallando disturbios civiles, debido a enfrentamientos entre mayorías y minorías étnicas. En tales circunstancias, las prioridades de ayudar y proteger a las víctimas son fundamentales para el CICR, pero no para los beligerantes. Podemos intentar explicar en la prensa local que somos neutrales, independientes e imparciales. Ahora bien, ¿qué significa todo esto cuando lo importante es sobrevivir? Cuando se está luchando por la vida de los suyos, no hay neutralidad que valga.

Lo antedicho justifica nuestro quehacer con los medios de comunicación locales y, a la vez, denota los límites del mismo. Aun así, considero que en ello reside la prioridad de nuestra labor.

 

Josué Anselmo



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