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Argelia el gravoso
fardo del terror

por El Kantari

Argelia está viviendo uno de los períodos más sombríos de su historia. Cada día que pasa, aumenta la lista de víctimas inocentes, y casi ninguna familia ha quedado indemne. Resulta imposible evaluar los estragos irremediables que ha provocado el flagelo del terror que, literalmente, aprisiona entre sus garras a todo el país.

Mucho se ha escrito y dicho sobre esta tragedia, que día a día renueva su sangrienta trama. La comunidad internacional recibe con horror y estupefacción las informaciones y las insoportables imágenes que difunden los medios de comunicación. Nadie puede comprender esta violencia ciega contra civiles, que acaba con la vida de ancianos, mujeres y niños.

La Media Luna Roja Argelina nació y creció durante los difíciles años de la guerra de independencia. Hoy en día, la población necesita más que nunca la asistencia de la Sociedad Nacional. A pesar de los sufrimientos y del caos del momento –o tal vez a raíz de ellos– la Sociedad Nacional tiene el firme propósito de hacer frente a la tormenta que sacude el país. Numerosos son los voluntarios que obran valerosamente por una Argelia mejor.

 


Cuando el terror es pan cotidiano

La Media Luna Roja Argelina ha organizado brigadas de voluntarios que intervienen en cuanto se sabe que ha habido una agresión. Su presencia en el terreno es una gran fuente de alivio para las víctimas pero, con demasiada frecuencia, los voluntarios viven la trágica experiencia de encontrar a sus propios familiares o amigos entre los muertos o los heridos. Muchos son los relatos como el de Amir, desempleado que se incorporó a una de las unidades de intervención rápida de la sección de Argel, la capital. Un día, su unidad recibió por radio la orden de dirigirse inmediatamente al lugar donde una violenta explosión había provocado enormes pérdidas humanas y daños materiales. Para gran congoja de Amir, se trataba de su propio barrio, Belcourt, que una vez más había sido blanco de un atentado con bomba. En el lugar de la deflagración, en medio de la espesa humareda negra, la brigada se encontró con un espectáculo dantesco, magnificado por los lamentos de los heridos y el ulular de las sirenas. Reprimiendo su cólera y sus lágrimas, Amir comenzó de inmediato la búsqueda de víctimas entre el humo y los escombros. Nunca sabremos lo que sintió al reconocer a su pequeña hermana entre los cuerpos inertes que yacían alineados en la calle. Sin manifestar reacción alguna, prosiguió su labor con empeño, socorriendo a quienes lo necesitaban.

El día en que una bomba pulverizó un autobús repleto de pasajeros, Lyès, socorrista de la Media Luna Roja Argelina, se encontraba en el pabellón de urgencias del hospital. «Jamás olvidaré a la chica que trajeron en un coche, con el cuerpo cubierto de quemaduras de tercer grado, ni el estupor doloroso que se leía en sus ojos verdes. Murió al día siguiente de su admisión al pabellón de quemados graves».

«La risa es la única terapia que tenemos para superar los múltiples choques sufridos en cada una de nuestras intervenciones», nos explica su colega Sofiane y tras una pausa añade: «no disponemos de programas de apoyo o seguimiento psicológico. Entonces, para deshacernos de las tensiones, a veces, vamos a tomar una copa o dos al café, y allí hablamos de lo que nos ha angustiado. Cada uno cuenta su jornada para eliminar todo sentimiento de repulsión. No hay que pensar que la vida se detiene, al contrario, sigue con más intensidad que nunca, en medio de las penas y las alegrías cotidianas».

Al día siguiente de las espantosas matanzas perpetradas en las aldeas de Raïs, Ben Talha y Sidi Hamed, la Media Luna Roja tuvo que intervenir una vez más. «Los muertos y heridos se contaban por centenares. La visión de esta hecatombe quedará grabada para siempre en nuestra memoria. Pero no podemos dejarnos invadir por la desesperanza. La sonrisa de nuestros niños nos invita a ser optimistas. Es cierto, la vida continúa, y tanta gente necesita nuestra ayuda, afirma un socorrista. La Media Luna Roja aporta ayuda material y psicológica a los sobrevivientes y a los habitantes de las aldeas incendiadas y devastadas.

Asistencia múltiple

Cada verano, la Sociedad Nacional organiza campamentos de vacaciones para que los niños víctimas de la violencia o hijos de familias menesterosas de todos los rincones de Argelia disfruten de algunos momentos de esparcimiento a orillas del mar. Durante el ramadán, la Media Luna Roja abre cocinas populares en las que sirve más de 800.000 comidas calientes a personas sin domicilio y otros desfavorecidos, y distribuye 370.000 paquetes de víveres a las familias con pocos recursos. Estos programas reciben donaciones de empresas publicas y privadas, en especie y en dinero. Por su parte, el CICR aporta unos 10.000 dólares a cada uno de ellos.

Además, desde hace tres años, la Media Luna Roja administra la asistencia brindada por el ACNUR a los refugiados oriundos de Malí y de Nigeria e instalados al sur de Argelia. Los centros de acogida establecidos en la región alojaron a unas 10.000 personas hasta que, en octubre de 1996, se inició una operación de repatriación voluntaria. Varios organismos de Naciones Unidas han elogiado la idoneidad de este programa y la Media Luna Roja Argelina fue invitada a colaborar estrechamente con la Cruz Roja de Malí en los programas de ayuda a la reinserción social y económica de las personas repatriadas a la zona norte de Malí. Asimismo, en el plano regional, la Media Luna Roja Argelina participará en el plan del ACNUR para repatriar a los refugiados nigerinos, aprobado por la comisión tripartita Argelia-Níger-ACNUR, en febrero pasado.

La Media Luna Roja Argelina conforta a mucha gente, tanto a escala nacional como regional y, a pesar de que los partidarios de la violencia en Argelia y los países vecinos suelen actuar en las sombras, en el rostro de los voluntarios se lee la compasión y el valor.

 

El Kantari
Periodista independiente, reside en Argelia

 


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