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El costo social
de la urbanización en Asia

por Cathryn J. Prince

Día tras día aumenta el éxodo rural en Asia, donde millones de habitantes sueñan con escapar de la pobreza del campo. Pero en la ciudad sólo les espera la pesadilla urbana del desempleo, los tugurios y la contaminación. La Cruz Roja y la Media Luna Roja han emprendido diversas operaciones para paliar la situación pero cabe preguntarse si se hace lo suficiente y si la ayuda llega a tiempo.

A lo largo de la historia, las ciudades se han erigido en templos de esperanza hacia donde afluyen quienes anhelan una vida mejor y se arriesgan a probar suerte en el medio urbano. Asia no es excepción. Día tras día, más y más personas abandonan sus hogares en las granjas, las montañas o los arrozales para recomenzar su vida en las ciudades, sin imaginar cuan duro puede resultar. Este continente con 3.000 millones de habitantes y las ciudades de mayor densidad demográfica del mundo, es presa de una frenética corriente de urbanización.

Ya sea en Daca o Manila, Beijing o Hanoi, las calles desbordan de miseria humana. Desempleo, personas sin hogar, pobreza, criminalidad, deterioro de las infraestructuras, contaminación y hacinamiento son la realidad cotidiana de millones de individuos.

Iain Logan, jefe de la delegación regional de la Federación Internacional en Kuala Lumpur, Malasia, piensa que la situación es paradójica: “Aquí se encuentran las economías de más rápido crecimiento del mundo, y la acumulación y el desarrollo son enormes. Lógicamente, en muchos círculos se piensa que las necesidades de Asia no son grandes. Sin embargo, basta mirar en el patio trasero para darse cuenta de que la realidad es distinta. En primer lugar, se trata de una región muy expuesta a desastres naturales. En segundo lugar, la economía es un catalizador artificial.” En efecto, el crecimiento económico genera una corriente migratoria hacia la ciudad donde las infraestructuras no corresponden a las necesidades de la gente.

Habida cuenta de las altas tasas de crecimiento registradas, los expertos convienen en que las ciudades han de ser cada vez más seguras, limpias y sanas. No obstante, dicho consenso se desvanece a la hora de buscar soluciones a los problemas. Hay quienes favorecen enfoques basados en la iniciativa gubernamental, mientras que otros preconizan la puesta en práctica de pequeños programas descentralizados. Sea como fuere, si no se encuentran soluciones de aquí al año 2025, más de 1.500 millones de ciudadanos se enfrentarán con graves problemas de vida y de salud.

Este es el terreno donde la Cruz Roja y la Media Luna Roja tienen que desarrollar su labor, muy arduo, por cierto, y con escasas posibilidades de que sea más fácil en el futuro. Ello explica que, en vísperas del próximo milenio, las Sociedades Nacionales de toda la región se pregunten qué pueden hacer para aportar soluciones al crecimiento descomunal de las ciudades asiáticas. Las respuestas vendrán probablemente de planteamientos locales, pero muchas Sociedades Nacionales quizás tomen algunas ideas de otros países, y adopten programas que la Federación lleva adelante en zonas rurales, adecuándolos a las necesidades propias de estas “megalópolis”.

Jerry Talbot, ex Director del Departamento para Asia y el Pacífico de la Federación, señala: “Para nosotros no tiene sentido decir, por ejemplo, que las crecidas e inundaciones han perdido importancia y que tenemos que preocuparnos únicamente de los desposeídos urbanos; en cambio afirmamos que hay que perfeccionar las calificaciones y competencias usuales en la intervención en casos de desastre y aplicarlas en las zonas urbanas. El programa de primeros auxilios no tiene por qué limitarse a la sangre y las vendas. Podría incluir además la cuestión del agua potable y otras soluciones a los problemas de los asentamientos urbanos. Tenemos que encontrar las proporciones adecuadas de lo que debemos hacer mientras tanto, en espera del próximo terremoto”.

 

 

Capacitar a la población

La tarea de las Sociedades Nacionales está clara. Según Hiroshi Higashiura, nuevo Director del Departamento para Asia y el Pacífico de la Federación, que antes trabajaba en la Cruz Roja Japonesa, tienen que planificar con anticipación, porque a medida que las ciudades vayan creciendo los desastres serán cada vez más devastadores. Añade que las catástrofes cobran grandes proporciones principalmente por tres motivos: el número creciente de personas vulnerables que residen en regiones expuestas a desastres; el elevado índice de crecimiento de la población, en especial de los desposeídos; y la actividad humana que perjudica al medio ambiente.

Higashiura ha visto los desastres urbanos de cerca. El terremoto de 1995 en Kobe, Japón, provocó la muerte de 6.300 personas y pérdidas materiales por 100.000 millones de dólares. Se considera uno de los desastres más devastadores de todos los tiempos.

Poco antes del terremoto, la Cruz Roja Japonesa había tratado de determinar qué grupos resultarían más afectados en una catástrofe, y llegó a la conclusión de que el grupo más vulnerable era el de los ancianos. La Sociedad Nacional estableció directrices para los ancianos y los voluntarios sobre las medidas a tomar en caso de desastre. Desgraciadamente, el terremoto llegó antes de que se pudieran poner en práctica y ahora se procede a revisar algunos elementos. Con todo, para el Sr. Higashiura, éste es precisamente el tipo de pequeñas acciones comunitarias que podrían aliviar los problemas de la vida ciudadana.

Ya sean promovidos por organismos estatales u organizaciones internacionales no gubernamentales, los programas sociales han de reposar en la participación de la población. Los forasteros no deben imponerse. Floyd Barnaby, representante de la Federación en Myanmar, dice: “Los programas tienen que fundarse en la población. Si se imponen desde arriba, la gente no los sentirá como suyos y no les prestará atención”.

Privaciones hay en todas partes

Las catástrofes no son la única causa de las privaciones. Suele ocurrir que para las Sociedades Nacionales vulnerabilidad rime con desastre, ya se trate de los ciclones en Bangladesh o de las crecidas en China. Pero, en todas partes hay grupos vulnerables y que sufren incluso en aquellos países cuyo nivel de vida es la envidia de muchos.

Puede que al hablar de necesitados no pensemos que también los hay en Singapur, considerada por algunos la Suiza asiática. No obstante, hace más de 20 años la Cruz Roja de Singapur descubrió que incluso en esa flamante metrópolis vivía gente desvalida. En 1970, la Sociedad Nacional creó el Servicio de ayuda a domicilio con el objeto de prestar asistencia a los ancianos desamparados. Es cierto que se trata de un pequeño programa, a cargo de unos 35 voluntarios, pero podría servir de ejemplo para otras Sociedades Nacionales.

Sunawi Suni, director de dicho programa señala: “El Servicio de ayuda a domicilio está destinado a despertar la sensibilidad social de los jóvenes y a hacerles cobrar conciencia de que es necesario brindar ayuda a los miembros más desfavorecidos de la comunidad.”

 
 

Al borde del colapso

Es evidente que estos programas son factibles sólo en sociedades muy industrializadas, que disponen de medios para realizar tales proyectos. Ahora bien, en Asia también hay muchos países que luchan por salir del subdesarrollo.

Pakistán, con 124.500.000 habitantes, es el noveno país más poblado del mundo. A comienzos de 1994, casi 32% de la población residía en ciudades, y 13% se hacinaba en las tres más importantes: Karachi, Lahore y Faisalabad. Este porcentaje aumenta día tras día pues sigue llegando gente del campo. La ciudad costera de Karachi ya tiene 10.000.000 de habitantes y cada año vienen a sumarse otros 500.000.

En Karachi, 20% de los lactantes mueren antes de cumplir un año. Las condiciones de sanidad, ya deplorables, empeorarán con la escasez de agua que se prevé afectará a esta ciudad en el 2010.

Sin embargo, a lo largo de toda Asia se encuentran ejemplos de soluciones comunitarias a los problemas urbanos. Aunque la Media Luna Roja de Pakistán no tiene todavía ningún programa de suministro de agua potable en Karachi, Hiroshi Higashiura piensa que podrían aprender bastante de los resultados logrados por un proyecto rural de la Cruz Roja Nepalesa. Desde 1983, con respaldo del Japón, esta Sociedad Nacional ha prestado asistencia a los campesinos para que dispongan de agua potable. En Nepal, el agua es también un problema considerable, puesto que el abastecimiento llega tan sólo a uno de cada cuatro habitantes.

Muchos expertos consideran que para terminar con las pesadillas urbanas de Asia es imprescindible controlar el crecimiento demográfico. Pakistán nos sirve de ejemplo una vez más: Noveno país más poblado del mundo, también registra la tasa más elevada de crecimiento demográfico.

Por tratarse de un país islámico, la planificación familiar es un tema delicado, pero con todo se logran realizar algunas actividades a través de la Media Luna Roja de Pakistán. En particular, un programa de bienestar popular ayuda a los progenitores a planificar el crecimiento de sus familias y a espaciar los embarazos.

Los niños de la calle

Los niños pobres constituyen uno de los grupos urbanos más vulnerables, y entre ellos, los niños de la calle son quizás los más amenazados. Muchos sobreviven recogiendo restos de comida en la basura o ganando algún dinerillo con la venta callejera. La mayoría duerme a la intemperie, bajo los portales, y en condiciones de higiene tan precarias que son fácilmente víctimas de enfermedades galopantes. En Manila, la Cruz Roja de Filipinas se ocupa de 5.000 niños de la calle.

Habiendo comprobado que no existía red de seguridad alguna para ellos, la Sociedad Nacional inició una campaña encabezada por el Capitán Cruz Roja, un personaje de historieta que lucha por una vida más segura. El Capitán Cruz Roja llega a los niños en una revista a todo color, en cuyos relatos se abordan temas de salud fundamentales, entre ellos, los peligros del cólera, la diarrea crónica y el VIH/SIDA.

El programa, que cuenta con el apoyo de la Cruz Roja Danesa, alienta a los niños de la calle a incorporarse a los jóvenes trabajadores sanitarios de la Cruz Roja. Siete enfermeras y enfermeros profesionales se ocupan de interesar y formar a niños de 9 a 15 años para que luego instruyan a sus semejantes en cuestiones de higiene y primeros auxilios.

Erling Anderson, delegado danés que prestó servicios en Manila hasta hace poco, confirma que la fuerza del concepto reside en que la Cruz Roja se esfuerza por educar a los niños de la calle y no meramente en desplegar un programa en su favor. “Eso no funciona. Los niños de la calle son muy difíciles. La escuela de la vida ha sido demasiado dura con ellos y han acumulado frustraciones. No confían fácilmente en los demás. Es lógico que los más aptos para ayudarles sean de su propio medio y hablen su propio lenguaje”.

 

 

Para celebrar el nuevo milenio

Según Michel Coyet, jefe de la delegación de la Federación en Vietnam, en los próximos decenios la previsión será la piedra angular de todo ordenamiento urbano duradero, y es menester que las Sociedades Nacionales comiencen desde ya a planificar su participación en la vida de las ciudades. Es en esta perspectiva que la Cruz Roja de Vietnam ha emprendido su programa de desarrollo VNRC 2000.

Fundada en 1946 por Ho Chi Minh, la Sociedad Nacional de Vietnam es la mayor organización humanitaria del país, pero sólo hoy, luego de decenios de guerra, puede abocarse a considerar su cometido futuro, observa el Sr. Coyet. Para un país con 74 millones de habitantes, de los cuales 51% vive en condiciones de pobreza, las tareas que quedan por abordar son colosales. Cabe señalar que el 80% de la población y el 90% de los desfavorecidos viven en zonas rurales; sin embargo, los habitantes de la ciudad también sufren de graves problemas de salud derivados de la contaminación tales como la bronquitis y la neumonía.

El Sr. Coyet explica: “Aquí el trabajo social tiene un carácter cultural. Cada día la gente analiza los millares de pequeñas cosas que se pueden hacer modestamente para ayudar a los demás. El programa VNRC 2000 se ha concentrado en las ciudades más grandes, y está tratando de consolidar las secciones provinciales de la Sociedad Nacional, así como los programas comunitarios y de bienestar social. La Sociedad Nacional se está dando cuenta de la necesidad de poner en práctica iniciativas basadas en la comunidad.”

Mediante el citado programa, la Cruz Roja de Vietnam se propone mejorar la calidad de los servicios sociales. Su Departamento de Bienestar Social ha elaborado un manual de formación para trabajadores sociales, destinado al personal y a los voluntarios de la Cruz Roja; el programa de formación correspondiente se pondrá a disposición de las 53 provincias del país a más tardar en el año 2000.

Al mismo tiempo, la Sociedad Nacional ayudará a los desfavorecidos a encontrar vivienda, organizará refugios para los niños de la calle, construirá hogares para ancianos y obrará por la reintegración social de los discapacitados y de las personas que se recuperan de la drogadicción y la prostitución.

Los efectos de la campaña denominada “Madres heroicas”, que tiene por fin aliviar las dificultades de las ancianas, se perciben ya a nivel local. A lo largo de treinta años de guerra, más de 2.000.000 de vietnamitas perdieron a esposos e hijos y no cuentan con ningún apoyo social. La Cruz Roja interviene para conseguirles vivienda y asegurarse de que reciban alimentos y asistencia médica.

Las necesidades de los ancianos, las mujeres y los niños son ámbitos naturales en los que podrá centrarse la acción del Movimiento en los años venideros, pero también podrá ayudar a la gente a resolver problemas relativos al saturamiento de las infraestructuras urbanas. Xusheng Yang, encargado de programa en el Departamento para Asia y el Pacífico de la Federación, señala que en Beijing, ciudad con millones de habitantes y quizás un número igual de bicicletas, la compra de coches aumenta día a día. Las calles y carreteras son insuficientes para tal tráfico y los accidentes son frecuentes. Por ello, conjuntamente con la policía y las autoridades de tránsito, la Cruz Roja China ha abierto una escuela donde se enseñan las reglas del tránsito y primeros auxilios.

“Se trata de que si uno tiene un accidente o es testigo de un accidente, pueda prestar ayuda de inmediato”, comenta el Sr. Xusheng. “Se ha previsto que el programa tenga carácter nacional. Sin embargo, al margen de este proyecto, la Cruz Roja China no se está ocupando de la urbanización en sí. En realidad, debería abordar la cuestión, ya que el objetivo general de la Cruz Roja es atender a las personas más vulnerables”. El Sr. Xusheng se refiere a los cientos de miles de personas que entran y salen de las ciudades cada día, sin ningún tipo de asistencia social. Los programas de la Cruz Roja podrían aliviar sus problemas.

¿Demasiado poco y demasiado tarde?

No todo es simple y claro. En algunos países, la actitud del gobierno supone un obstáculo para quienes quieren encontrar soluciones al deterioro de las condiciones urbanas. François Grunewald del CICR dice que en Tailandia, por ejemplo, a quienes trabajan en los barrios desfavorecidos se les suele considerar elementos subversivos. Este es un nuevo hecho que inquieta a quienes dentro del Movimiento piensan que, a pesar de la denodada labor de algunas Sociedades Nacionales, la acción en este campo ha sido hasta ahora insuficiente. En realidad, opinan que, a menos de prestar rápidamente una mayor atención a los problemas de Asia, lo que se haga más tarde será inútil.

El Sr. Grunewald expresa el malestar de muchos: “En estos momentos el Movimiento está haciendo poca cosa respecto a la urbanización. No hay objetivos precisos, no hay conciencia del problema. Tenemos que ir a algunos lugares donde el agua está sucia y huele mal”.

Para otros, cambiar viejas actitudes llevará cierto tiempo. “La Cruz Roja no siempre ve la viga en su propio ojo”, observa el Sr. Logan, delegado de la Federación en Kuala Lumpur. “Sin embargo, en varias de las últimas reuniones nos ha parecido claro que estos problemas son urgentes, y que no podemos ocuparnos únicamente de catástrofes naturales”.

Jerry Talbot insiste en que, como lo muestran el proyecto de bienestar social para la población de Pakistán o las actividades para los chicos de las calles de Manila, no se puede simplemente llegar e imponer programas. De proceder así, el Movimiento podría estrellarse con la oposición de las autoridades o suscitar el rechazo de la población. Las actividades futuras deberán basarse en programas de gestación local, que nazcan de las calles mismas y cuenten con la participación de los propios beneficiarios.

Tal como dijera el Sr. Barnaby en Myanmar: “La gente tiene un gran potencial de creatividad y no es pasiva en absoluto.” Solo hay que darle una mano y de preferencia ahora y no mañana.

 

Cathryn J. Prince
Periodista independiante, residente en Suiza.



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