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Un mínimo de respeto

por Carole Vann

Al cabo de un año de reflexión y consultas en el marco de un proyecto denominado «Esfera», un grupo de organizaciones humanitarias ha publicado una carta de los derechos y servicios mínimos que pueden reclamar las víctimas de conflictos armados y desastres naturales. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha encabezado esta iniciativa para garantizar la dignidad de las personas vulnerables.

La guerra de Ruanda en 1994 y la ulterior crisis de refugiados en la región han revelado claramente los límites de la asistencia humanitaria. En medio de la confusión más absoluta creada por los millones de personas que huían de la violencia, cientos de organizaciones de ayuda se precipitaron a la región; muchas care-cían de experiencia en emergencias tan complejas, no habían evaluado correctamente la situación ni habían preguntado a las víctimas qué clase de asistencia les hacía falta. Una vez allí, se enfrascaron en interminables polémicas técnicas; en medio del caos de la guerra y de los desplazamientos de población, el más mínimo detalle era pretexto de enconadas negociaciones: «¿Cuántas letrinas hay que instalar en el campamento? ¿Qué distancia tiene que haber entre uno y otro? ¿Qué suministros hay que distribuir? ¿En qué cantidad? ¿Quién va a encargarse de la distribución?».

 

 

Una carta internacional

A partir de esta constatación, que se puede aplicar también a otras grandes operaciones humanitarias, un comité formado por ocho organizaciones humanitarias propuso la idea de establecer una carta internacional que garantice un mínimo de prestaciones a las víctimas de la guerra o de catástrofes naturales. Dirigido por la Federación Internacional, este comité reúne a algunas de las principales ONG: Care Internacional, Caritas Internacional, la Alianza Internacional Save the children, la Federación Luterana Mundial, Médicos sin Fronteras, Oxfam Internacional y el Consejo Mundial de Iglesias.

«Hemos diversificado al máximo los participantes en estas reuniones, invitando desde docentes universitarios hasta gente de terreno. Además, hemos reservado una función importante a representantes de organismos del hemisferio Sur. En las consultas han participado representantes de las Sociedades Nacionales de 160 países», explica Joel McClellan, Secretario Ejecutivo del Comité Directivo de Intervención Humanitaria.

Tras un año de consultas, el Proyecto Esfera ha publicado un informe en el que se enuncian las normas mínimas que deberían acatar las organizaciones humanitarias en el terreno. El informe se divide en dos partes. La primera trata de las cuestiones de fondo, y en ella figura una carta humanitaria inspirada en elementos de derecho internacional y del Código de Conducta del Movimiento.

La aplicación práctica de esta carta ética figura en la segunda parte del informe donde se enuncian las necesidades básicas que garantizan la dignidad de las víctimas.

Con respecto a las cuestiones sanitarias, por ejemplo, las organizaciones se pusieron de acuerdo en que tiene que haber una letrina por cada veinte personas del mismo sexo. Se indica que éstas no deben ubicarse a más de 50 metros o a más de un minuto de marcha de las viviendas. Además, debe haber letrinas en los lugares públicos tales como mercados y dispensarios.

También se dan detalles sobre el suministro de agua (15 litros por persona y por día; un punto de abastecimiento por cada 250 personas, a una distancia máxima de 500 metros de sus viviendas), así como sobre la distribución de ropa, mantas y enseres. En cuanto a los refugios, estos deben ubicarse a más de 50 km de los objetivos militares. Por lo que se refiere a la salud y los programas de nutrición, las normas se ajustan a las fijadas por la OMS.

Profesionalización de la acción humanitaria

«Este proyecto no va a revolucionar el mundo de la asistencia humanitaria», reconoce Peter Walker, Director del Departamento de Política en Materia de Desastres, de la Federación. «No obstante, esperamos poder cambiar el estilo de trabajo de algunas ONG e incitarlas a abandonar toda forma de asistencia paternalista. No queremos que se consideren un servicio postal encargado de hacer entregas humanitarias, sino que trabajen sobre una base de reciprocidad con los beneficiarios». En otras palabras, se trata de profesionalizar la acción humanitaria, exigiendo que las ONG aseguren un servicio mínimo a las víctimas. El proyecto debe concretarse en dos años, y comprende tres grandes etapas. Primero, se debe divulgar el contenido del informe en el mayor número posible de países. A tales efectos, se ha previsto organizar seminarios por conducto de las ONG y los organismos de las Naciones Unidas.

Luego vendrá la realización del proyecto en el terreno. «Estamos buscando los medios para hacer respetar estas normas mínimas. Hay que informar a los beneficiarios sobre sus derechos, pero también es preciso incitar a las organizaciones a operar con transparencia. La presión ejercida por las demás ONG y por los donantes debería ser determinante al respecto», comenta la Sra. Susan Purdin, administradora del proyecto.

Lo más delicado, la tercera etapa, será encontrar un sistema de control. ¿Quién se ocupará del mismo y cómo? «Se podría establecer un sistema de mediadores o de consultores independientes que reciban los reclamos e intervengan en distintas etapas ante las ONG en cuestión», sugiere Peter Walker.

 
 

Problemas y desafíos

Según Hassan Ba, Secretario General de la ONG Synergie Afrique con sede en Suiza, la iniciativa es muy loable. Este senegalés, que ha dedicado su vida al quehacer humanitario y los derechos humanos, opina que el marco institucional propuesto no debe acrecentar la burocracia entre donantes y víctimas. «Si con esta carta se pretende separar la paja del grano, tanto mejor. Pero si por profesionalismo se entiende una suerte de darvinismo humanitario, es decir, el triunfo de las ONG más fuertes a costa de las más débiles, entonces será inaceptable».

Se espera que los criterios establecidos incluso para los servicios elementales garanticen la dignidad de todos. Ahora bien, ¿que sucederá si los beneficiarios que tienen derecho a los servicios mínimos abrigan expectativas desmesuradas en situaciones en que ni siquiera se pueda lograr lo minimo? ¿Qué hacer cuando un conflicto no ocupe los titulares de la prensa, o cuando los donantes no se interesan por las víctimas y no se disponga de fondos para costear un mínimo de asistencia? Tampoco hay que olvidar los casos extremos, como los de Burundi o Chechenia, en que las organizaciones humanitarias se ven obligadas a dejar de trabajar por falta de garantías de seguridad.

Por último, cabe señalar que aun cuando el informe no comprende los debates y reflexiones al respecto, estos asuntos siguen preocupando a quienes se ocupan de la acción humanitaria y deben abordarse sin demora.

El informe The Sphere Project. Minimum Standards in Humanitarian Response, puede pedirse a la Federación Internacional. Próximamente se publicarán las versiones en español y francés.

Carole Vann
Periodista de la agencia de noticias Infosud
con sede en Lausana, Suiza.



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