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Retrato de las inundaciones

por Shrilyn Ami

Este año, China sufrió las peores inundaciones de los últimos 44 años. Cinco millones de casas fueron destruidas y 52 millones de acres de tierra quedaron completamente anegados. Las pérdidas económicas superan los 27.700 millones de dólares. Pero más allá de las cifras, está la experiencia que viven millones de personas que perdieron todo en las crecidas del lago Dongting y el río Yangtze.

El rayito de sol que titila en las lóbregas aguas de un marrón oscuro se refleja en los ojos rasgados y saltones de una mujer madura que repara las redes de pescar con las cuales espera completar la ayuda alimentaria mientras tenga que seguir refugiándose en este dique de China central.

Liang Mei es una de las 30.000 personas que viven en un dique de varios kilómetros de largo, en la provincia norteña de Hunan. Se trata del único dique entre centenares que, al igual que una isla, se erige en medio de unos 21 millones de hectáreas de tierra que se han tragado los ríos y lagos chinos. La familia Liang, como muchas otras, apilan sus pertenencias y las cubren con plásticos o encerados, construyendo precarios refugios que les protegen fríamente de las lluvias. Se les dijo que tendrán que vivir aquí por más de tres meses pero... nadie sabe cuanto tiempo les llevará volver a construir sus casas una vez que las aguas remitan.

«Son días duros. No tenemos mucho aquí, así que debemos conservar lo que hemos traído», dice Mei.

Al igual que unos 14 millones de compatriotas, las inundaciones la dejaron sin hogar, y tuvo menos de dos horas para salir de su chacra. Dejó atrás su vivienda donde quedó la mayor parte de su ropa, mobiliario, enseres y recuerdos personales. Ante la amenaza de miles de litros de agua, que poco a poco iban desmoronando el dique de su aldea, sentó a su hijo en un carrito, cargó algunos cubos y cacerolas, unas pocas prendas de vestir y frazadas, y se dirigió a tierras más altas, un tramo estable del dique que está a 40 minutos a pie.

Liang Chun, su esposo, la siguió con la vaca de la familia enganchada a un carro en el que había cargado algunos muebles y los alimentos que quedaban en la casa. Desgraciadamente, el dique cercano a la chacra de Liang no resistió lo suficiente como para que la familia cosechara el arroz. Sus víveres son tan escasos como sus perspectivas porque los arrozales quedaron bajo dos metros de agua.

 

 

Ruina económica

En estos momentos, los ingresos de la familia Liang estarán muy por debajo del nivel de pobreza. Chun espera poder dejar el dique, e ir a buscar trabajo en las aldeas de los alrededores. Si tiene la suerte de encontrar algo, le ayudará poquísimo para superar la crisis económica de la familia. Habiendo perdido la cosecha de un año, Chun piensa que a su familia le llevará varios años reponerse.

«Fuera de buscar trabajo, poco puedo hacer. Por el momento recibimos algunos alimentos y medicinas del gobierno y de la Cruz Roja, pero ¿qué pasará en el futuro? Necesitamos dinero para reconstruir», dice.

Al parecer, el gobierno también reconoce esta situación. En un informe reciente de una agencia de noticias estatal, se asegura que se están tomando medidas para estabilizar los precios y garantizar que las zonas más damnificadas por las inundaciones no sufran también del aumento de los precios de artículos de primera necesidad como la carne, la verdura y el arroz. Además, ya se ha comenzado a hablar de programas de rehabilitación en todas las zonas que han perdido ingresos y tierras de cultivo.

Ahora bien, los problemas económicos provocados por las inundaciones de este año no desaparecerán de la noche a la mañana por decreto gubernamental. En el norte, unos 2.500 pozos de petróleo que representan 50% de la producción del país, han quedado bajo las aguas. En las provincias centrales y del sudeste, las inundaciones han dañado considerablemente la infraestructura, y se han perdido las cosechas de casi cinco millones de hectáreas, principal fuente de ingresos.

«Esta gente se encuentra en una situación muy difícil», explica el Dr. Chao, voluntario de uno de los 10.000 equipos médicos de Cruz Roja y Salud Pública que trabajan en la zona. «Cuando no llueve a cántaros, hace un calor terrible y deben preocuparse por su salud antes de atender a sus preocupaciones financieras».

Amenazas para la salud

El Dr. Chao lleva tres semanas trabajando en este dique. Dado que está lejos de la ciudad debe vivir aquí mientras presta asistencia médica a título voluntario, y si es preciso, durante las 24 horas del día. La mayoría de los 80 pacientes que visita cada día son niños con infecciones en la piel y los ojos, y ancianos con bronquitis y gripe.

«Pero ahora que a la lluvia se suman las altas temperaturas, aumentan los casos de golpes de calor y me preocupa que haya brotes de enfermedades epidémicas».

Preocupación que comparten todos aquellos que este año socorren a los damnificados por las inundaciones. Las zonas que más preocupan son aquellas donde suele haber enfermedades endémicas, explica el Dr. Chen Xiao Chun, Director de la Oficina de Salud de la provincia de Hunan.

«En algunas zonas inundadas se llevan años combatiendo la fiebre del caracol o esquistosiomiasis. Dado que las aguas han anegado las zonas donde se nutren estos caracoles, es probable que el problema aumente una vez que las aguas remitan», explica. Desde principios de agosto, su departamento ha trabajado en un campaña de sanidad y prevención de epidemias para evitar brotes de enfermedades tras la catástrofe de las inundaciones.

 
 

Consecuencias de un desarrollo rápido

Se dice que la inundación renueva el suelo de las granjas adyacentes al río. En China, estas crecidas también han renovado el debate acerca de las políticas ambientales y de control de inundaciones. Los diarios acaban de publicar una declaración de Luo Di’an, miembro del Comité Permanente del Congreso del Pueblo, que examinó un informe del Consejo de Estado sobre las operaciones de control de las inundaciones, en la que decía que las devastadoras inundaciones de 1998 fueron provocadas por la masiva tala de bosques, lo que causa una grave erosión del suelo, y la impropiedad de los proyectos de conservación de las aguas. Las zonas de desviación de las inundaciones, previamente designadas a lo largo del Yangtze, actualmente alojan a 550.000 personas por lo que resulta imposible proceder a dicha desviación. En los últimos 50 años se ha perdido 40% de la capacidad de reserva de agua del lago Dongting, Provincia de Hunan, para mejorar las tierras.

El gobierno central ha respondido, prometiendo dos cosas: cerrar las empresas madereras que se encuentran a lo largo de los altos del río Yangtze, en un esfuerzo por prohibir la tala indiscriminada, y sextuplicar el monto de las inversiones de 1997 en la conservación de las aguas.

Las autoridades también han prometido hacer algo para mitigar los problemas creados por las inundaciones, lo que poco consuela a las familias damnificadas, ya que por ahora, concentran su atención en saber cómo se arreglarán en los próximos meses. Cuando las aguas remitan, dejarán una fina capa de limo contaminado. Antes de que los Liang puedan volver a su casa, deberán sacar el barro sucio de cada habitación. También tendrán que limpiar su propio corral y los campos, antes que ese limo contaminante se transforme en una dura costra.

Liang Chun y su familia atraviesan una crisis que afectará su vida durante muchos años. «Casi todo lo que teníamos está en ruinas. Donde estaba nuestra chacra hoy hay un océano. El duro trabajo que nos espera no me amilana, preferiría trabajar día y noche en lugar de estar sentado aquí mirando toda esta agua y preguntándome qué puedo hacer. No haga otra cosa que pensar cómo podré sacar a mi familia adelante.»

Shrilyn Ami
Ex delegada de información de la Federación, en China.



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