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La inexpugnable fortaleza europea

por Klaus Brieghel Hom

Cientos de miles de personas se desplazan de un lugar a otro de Europa, en condiciones que no se habían visto desde la segunda guerra mundial. Tras la supresión por los gobiernos de Europa occidental de casi todas las modalidades legales de inmigración, y la imposición de controles fronterizos más rigurosos, quienes necesitan asistencia humanitaria han quedado abandonados a su suerte.

En el decenio de 1970, 70.000 personas solicitaron asilo en Europa occidental. En el decenio siguiente, esta cifra se elevó a casi 300.000. La recesión económica de los años 1970 incitó a los gobiernos a limitar drásticamente el número de permisos de residencia para inmigrantes. Ello tuvo por consecuencia que miles de solicitudes de residencia se convirtieran en solicitudes de asilo.

«Desgraciadamente, aun cuando el crecimiento de la Unión Europea nos ha acercado en muchos aspectos, este acercamiento no se ha traducido en la integración de toda la población. Además, los principios de universalidad y neutralidad del Movimiento tropiezan día a día con la realidad de las barreras que separan a las naciones, las comunidades, los grupos y las personas», comenta el Sr. Jorgen Chemnitz, Jefe del Departamento de Asilo de Cruz Roja Danesa (CRD).

Quienes atraviesan las fronteras, legal o ilegalmente, son cada vez más vulnerables y, por ende, presa fácil para quienes tratan de aprovecharse de su precariedad. El transporte clandestino de emigrantes se ha convertido en un negocio lucrativo. La xenofobia y el racismo se han vuelto a manifestar; inmigrantes, asilados y refugiados han sido víctima de agresiones, y se han incendiado centros de acogida.

A raíz de la lentitud de la toma de decisiones sobre las solicitudes de asilo, millones de personas terminan por hacinarse en centros donde hay muy poco que hacer. Según Nol Vermolen, jefe de una organización no gubernamental de los Países Bajos que presta ayuda a los asilados, «los expedientes se amontonan por miles, y van acumulando polvo. En los Países Bajos, casi 6.000 personas esperan desde hace más de tres años una decisión oficial de la que depende que puedan permanecer o no en el país. Decir no a un refugiado es duro, pero a veces resulta necesario».

 
 

La labor de la Cruz Roja

«Cuando llegué, estaba eufórico. Era maravilloso saber que por fin había llegado a un país donde no corría peligro», recuerda Zaki, palestino de 29 años que solicitó asilo al llegar a Dinamarca. Han pasado seis meses, y ahora reside en un centro dirigido por la CRD, donde comparte una habitación de 25 metros cuadrados con otras cinco personas.

En 1984, el gobierno danés pidió a la Sociedad Nacional que diera albergue a un reducido número de asilados. Este pequeño programa creció rápidamente, y en los momentos más aciagos de la guerra en Bosnia, llegó a ofrecer diversos servicios a unas 30.000 personas: dispensarios, escuelas, asistencia social y psicosocial, y tratamiento especializado para víctimas de torturas.

Hoy, la CRD presta asistencia humanitaria a unos 5.000 candidatos al asilo. Zaki espera mientras las autoridades consideran su caso. «En un principio, me entrevisté varias veces con quienes se ocupan de mi solicitud. Aunque no podía contarles todo, pues tenía miedo de poner en peligro a mi familia, les dije bastante y me sentí muy aliviado. Cuando a uno no le queda más que esperar, semana tras semana, en un cuarto de hotel, solo con sus pensamientos, es muy reconfortante poder hablar sin reservas con alguien».

En el ínterin, ha tomado la iniciativa de organizar actividades para los niños residentes en el centro. «De momento, estamos construyendo una casa de muñecas para los más pequeños. Tener una razón concreta para levantarse cada mañana le da sentido a la vida».

En los años 1980, la Cruz Roja Sueca brindó asistencia humanitaria a refugiados y solicitantes de asilo, estableciendo varios centros de acogida. A principios del decenio de 1990, la Sociedad Nacional modificó el ámbito de sus servicios, y comenzó a prestar particular atención a la importante labor de promoción y defensa de los derechos de estas personas. Varios años de esfuerzos han dado sus frutos, ya que hoy el gobierno sueco consulta a la Sociedad Nacional cada vez que trata de modificar la legislación relativa a los derechos de los refugiados y solicitantes de asilo. Las Sociedades Nacionales de España, Francia, Italia y Grecia realizan una labor similar.

Hay que aunar fuerzas

A pesar de que el Movimiento es la principal red humanitaria que presta asistencia a refugiados, solicitantes de asilo e inmigrantes, la cooperación entre las Sociedades de la Cruz Roja europeas en lo que atañe a los programas nacionales deja bastante que desear. En el otoño boreal de 1997, seis Sociedades Nacionales, la Federación Internacional, y la Oficina de Enlace de la Cruz Roja y la Unión Europea se reunieron en Copenhague para debatir sobre la evidente necesidad de mejorar la cooperación en este campo. Allí se estableció la «Plataforma para la cooperación de la Cruz Roja europea en asuntos relativos a refugiados y personas migrantes». Mediante esta Plataforma se procura mejorar los servicios que ofrece la Cruz Roja a refugiados e inmigrantes, promover el intercambio de experiencias y conocimientos, y mancomunar recursos. Según el Sr. Chemnitz: «Tenemos que lograr que nuestras diferencias se conviertan en nuestra fuerza, para contribuir a mejorar la situación de este grupo vulnerable que, a lo largo de la historia, ha visto en la Cruz Roja una fuente de esperanza para un futuro mejor».

 

Klaus Brieghel Hom
Encargado de Refugiados, Oficina de Enlace de la Cruz Roja y la Unión Europea (Delegado de la Cruz Roja Danesa).



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