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Ciudad en peligro
Roger Bracke

  ¿Qué se puede hacer para ayudar a una ciudad amenazada de destrucción total por desastres naturales y desastres provocados por el hombre?

 

¿Qué se puede hacer para ayudar a una ciudad amenazada de destrucción total por desastres naturales y desastres provocados por el hombre?

"Este debe de ser el lugar más peligroso del mundo", explica Dario Tedesco, vulcanólogo italiano, refiriéndose a la ciudad de Goma, al este de la República Democrática del Congo (RDC).

Es cierto que la lista de peligros y riesgos es impresionante. Goma se encuentra cerca de uno de los volcanes más peligrosos del mundo, el Nyiragongo. Dentro del volcán hay una chimenea de roca fundida de casi 3.000 metros y, por encima, un lago de lava que amenaza con anegar la ciudad. Los temblores constantes podrían desestabilizar los gases de metano y anhídrido carbónico en el fondo del cercano lago Kivu causando explosiones en gran escala. Para colmo, está en la primera línea de un conflicto en el que están involucrados ejércitos y grupos armados de seis países, entre ellos, Rwanda.

Desprevenidos

La población de Goma es muy consciente del peligro de desastres naturales y desastres provocados por el hombre. En 1995, un observatorio permanente, estrechamente vinculado con la Universidad de Bukavu, comenzó a controlar el Nyiragongo y otro volcán cercano, el Nyamuragira. A pesar de los obstáculos causados por la falta de recursos financieros y materiales, dos vulcanólogos del observatorio alertaron a las autoridades de una eventual erupción y solicitaron 1.200 dólares para crear un equipo de exploración. Habían recibido informes inquietantes de gente que vivía cerca del volcán y querían visitar el área para verificarlos. Las autoridades convinieron en pagar inicialmente 300 y costear el resto después. Pero era demasiado tarde. Al salir de la reunión los expertos fueron informados de que la erupción había comenzado.

Al principio, parecía que la ciudad iba a escapar de los estragos más graves de la corriente de lava, como ya había sucedido tantas veces en el pasado, pero, 12 horas después, la corriente cambió de dirección, propulsando cantidades ingentes de roca fundida al centro de la ciudad.

Las autoridades abrieron rápidamente la frontera entre la RDC y Rwanda, y organizaron asentamientos provisionales para unas 300.000 personas que buscaban refugio en Gisenyi, en Rwanda. Organizaciones no gubernamentales (ONG) también lograron asistir a un número importante de personas. A pesar de estos esfuerzos, era evidente que tanto el gobierno como las ONG habían subestimado el peligro y no se habían preparado con suficiente antelación para manejar rápidamente la crisis.

Un habitante de Goma mira el río de lava en el aeropuerto. La erupción del volcán destruyó gran parte de la ciudad y el aeropuerto.

 

Otras amenazas

A los expertos locales les inquietaba el tiempo que tardaba en enfriarse la lava en Goma, tal vez señal de nueva actividad volcánica. El Nyiragongo no es el único problema. Junto con las Naciones Unidas, el observatorio advirtió respecto al Nyamuragira. "No había ninguna actividad y al minuto siguiente la actividad era impresionante", explica Dario Tedesco.

Además de la erupción, desde enero hay constantemente temblores en Goma y Gisenyi, algunos de una intensidad de más de cinco en la escala de Richter.

Los temblores se han trasladado de la región del Nyiragongo, a la propia ciudad de Goma y el lago Kivu, creando otros peligros relacionados con la presencia de capas de metano y anhídrido carbónico en el lago.
El peligro reside en que los temblores desestabilicen los gases y que las emanaciones salgan a la superficie. "Tanto gas y tanta gente viviendo a las orillas del lago... podrían resultar todos envenenados", se inquieta Tedesco.

Sopesar los riesgos

Un vulcanólogo dijo que desaconsejaría la reconstrucción de Goma en su ubicación actual, debido al peligro de nuevas erupciones. Ahora bien, mientras la ciudad todavía ardía, la gente volvió en cuanto aminoró la velocidad de los ríos de lava. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), "las actividades de socorro, el refugio provisional y el reasentamiento resultaron difíciles debido a la tensión y la desconfianza atizadas por el conflicto entre la RDC y Rwanda. De ahí que la población desplazada decidiera retornar a su lugar de origen, a pesar de los temblores y el nuevo torrente de lava."

Hay otras explicaciones para este retorno rápido, entre ellas, la necesidad de proteger las casas y propiedades contra los saqueadores y la lava. Además, los habitantes de Goma se niegan a ser refugiados. Actitud que se justifica por la experiencia de los campamentos de refugiados en torno a Goma en el decenio de 1990.

Ahora bien, nada de esto explica por qué la gente permanece en una ciudad diariamente amenazada por las fuerzas de la naturaleza y por el hombre. Los delegados de la Federación quedaron sorprendidos al interrogar a los habitantes y constatar lo informados que estaban acerca de los riesgos de catástrofes naturales. La gente sabe del volcán, las fisuras y las emanaciones de gases. Siente los temblores y se inquieta por su seguridad material. Pero Goma ofrece oportunidades económicas en una región donde son raras. Puestos a elegir entre la seguridad física y la seguridad económica, los habitantes optan por la segunda y, sólo se irán, si se les ofrece una alternativa económica de peso. Por lo tanto, sigue siendo difícil saber cómo las autoridades les convencerían de lo contrario.

 

 

Preparados para lo peor

Los habitantes de Goma no deben arrullarse con una ilusión de seguridad, a pesar de las garantías dadas con respecto a la inocuidad de los gases y la relativa estabilidad de la situación general", advirtió la Oficina de las Naciones Unidas de Coordinación de Asuntos Humanitarios. Harán falta esfuerzos sostenidos para mitigar los efectos de futuros incidentes y tomar iniciativas a largo plazo para asegurar que la población conozca bien los distintos riesgos. Estas iniciativas deberán incluir: sensibilización a alertas tempranas de evacuación de la ciudad; acceso a información correcta cuando sea necesario; creación de sistemas para manejar multitudes y facilitar la evacuación rápida de personas que no pueden moverse, y la elaboración de un plan de intervención de emergencia común con las autoridades de Rwanda.

Habrá que respaldar el esfuerzo general de preparación, dirigido por las autoridades, pero con la participación de la población, las escuelas, las iglesias, las ONG, las instituciones especializadas de Naciones Unidas, y durante un plazo mucho más largo del que caracteriza los acuerdos de cooperación.

Ninguna de estas iniciativas resolverá el problema, sólo se limitan a disminuir las consecuencias. Sin embargo, son urgentes para evitar una catástrofe de grandes proporciones cuando ocurra el próximo desastre.

Roger Bracke
Jefe de Operaciones de la Federación en África y Oriente Medio

 


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