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Rigor del clima y mal gobierno
Solveig Olafsdottir

Mlandela Mukorera, de 5 años, busca granos perdidos entre los maizales del mercado informal de Mbare, Harare. En Zimbawbe es muy difícil procurarse los alimentos básicos porque la producción agrícola ha disminuido drásticamente debido a la sequía y los disturbios políticos.

En África meridional hay más de 10.000.000 damnificados por la sequía que necesitan ayuda alimentaria sin demora. Por falta de lluvias, la cosecha fue la peor que se recuerde, los precios de los alimentos se dispararon y la situación se ve agravada por las políticas mediocres y la dislocación de la familia ampliada a causa del sida.

La pequeña, arrodillada, se concentra en cascar una fruta seca. Así es como pasan el tiempo ella y sus hermanos en el distrito de Zaka, Provincia de Masvingo en el centro de Zimbabwe. En lugar de ir a la escuela (no hay dinero para la matrícula) van a recoger fruta, la comen y luego duermen. No hay mucho más de comer, de vez en cuando unas gachas de maíz, alimento de base de todos en el país, pero en un hogar de 26 personas solamente reciben una cucharada al día.

Chanda Gwinuira, el jefe de familia, murió en junio pasado, presuntamente de malaria, pero con toda probabilidad de una enfermedad asociada con el VIH/SIDA, considerando que el distrito de Zaka está gravemente afectado por la pandemia. Era polígamo, tenía cinco esposas y 23 hijos. El mayor tiene 18 años y el menor 18 meses.

"Dos de las esposas también fallecieron y estamos criando a sus hijos", dice Mukoti Makuwa, que fue la primera esposa y ahora es la cabeza de familia. "Siempre ha sido difícil para una familia tan numerosa encontrar medios de subsistencia, pero este año es el peor. Plantamos maíz y mijo en dos acres, pero las plantas no crecieron lo suficiente y en enero se secaron".

Gestación del desastre

Una misión de evaluación común del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas reveló que la inanición aquejará a unos 13.000.000 de personas en toda la región, si la ayuda no llega a tiempo. Zimbabwe es el más afectado pues se calcula que unos 6.000.000 de personas (la mitad de la población) necesitan ayuda alimentaria. En el caso de Malawi son 3.200.000; en Zambia, 2.300.000; en Lesotho y Mozambique, 500.000 y en Swazilandia 230.000.

Hasta hora la mayoría de la gente pudo sobrellevar la crisis, pero en septiembre lo poco que resta de la mala cosecha se habrá agotado. Hace unos meses, los más pobres y vulnerables tuvieron que recoger frutos y bayas silvestres para poder sobrevivir.

La crisis alimentaria en la región de África meridional es una emergencia compleja, producto de una serie de factores que se refuerzan y se exacerban mutuamente. "Los seis países más afectados han sufrido dos años sucesivos de ciclones e inundaciones, lo que ha agotado los mecanismos de resistencia de la población", dice Holger Leipe, Delegado de preparación en previsión de desastres e intervención en caso de desastre, de la Federación, destacado en Harare.

También hay que tener en cuenta la inestabilidad política, la ineficacia de los gobiernos y la guerra, factores que han contribuido a la crisis. A pesar de la sequía, Botswana y Sudáfrica no se vieron afectados y en este último país hubo un excedente de grano.

En otros tiempos, granero de África meridional, la producción de Zimbabwe este año fue 57 por ciento inferior a la mala cosecha del año pasado y durante los dos años de la política gubernamental de reforma agraria hubo una disminución drástica de la producción alimentaria que acabó con el sector de agricultura comercial. En Malawi, el precio de la harina de maíz aumentó 400 por ciento tras la decisión del gobierno de vender las reservas de cereales del país. Las familias pobres no podían permitirse comprar maíz en el mercadomientras esperaban la próxima cosecha, por lo que tuvieron que alimentarse de maíz verde, lo que provocó una ulterior disminución de las cosechas. En Zambia y los otros tres países pasó prácticamente lo mismo.

 

Factor VIH/SIDA

En lo que respecta al VIH/SIDA, el África subsahariana registra el índice más alto del mundo y casi 25 por ciento de la población ha contraído el virus. La pandemia también ha tenido una incidencia considerable en la inseguridad alimentaria y ha sido el factor principal de la agudización de la pobreza de la región pues ha afectado sobre todo a las personas de edades comprendidas entre los 15 y los 49 años. La producción agrícola ha disminuido porque cuando quienes ganan el sustento caen enfermos, los demás adultos de la familia tienen que cuidar de ellos en casa y no pueden salir a trabajar. Además, muchas familias tienen que tomar a su cargo a los niños que quedaron huérfanos.

"Esta situación, crea un círculo vicioso, porque cuando aumenta la vulnerabilidad de la población, también aumenta la propagación del VIH. La desnutrición debilita aún más el sistema inmunitario y las personas seropositivas son más vulnerables a la tuberculosis, la malaria y las enfermedades cuyo vector es el agua", explica Elizabeth Chinyangarara, encargada del programa provincial de la Cruz Roja de Zimbabwe en Masvingo. "Entonces, los niños desertan las aulas y quedan al margen de los programas de prevención".

Para peor, el hambre y la deses-peración llevan a la gente a hacer cualquier cosa, las mujeres y los niños se venden por comida, la prostitución aumenta y las tasas de contaminación se disparan.

Acción de la Cruz Roja

La Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Malawi, Zambia y Zimbabwe prestan asistencia a familias y huérfanos afectados por el VIH/SIDA, y reconocen la necesidad acuciante de los más vulnerables frente a la inseguridad alimentaria en la región. Se han tomado iniciativas para combatir enfermedades que son compañeras de la malnutrición, entre otras, la malaria, la diarrea y el VIH/SIDA. También se han ampliado los programas de suministro de agua potable y saneamiento, bastión tradicional de la Cruz Roja en toda la región.

Además, las Sociedades de la Cruz Roja de los países más afectados distribuyen ayuda alimentaria de emergencia. La Cruz Roja de Zambia, en asociación con el PMA, distribuye alimentos en 10 distritos, y la Cruz Roja de Malawi hace lo propio también en asociación con el PMA y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. La Cruz Roja de Zimbabwe aumentó considerablemente la ayuda alimentaria en el marco de su programa VIH/SIDA, basado en la asistencia a domicilio, y su meta es proporcionar alimentos a unas 100.000 personas seropositivas o afectadas por el virus.

El futuro parece sombrío para la familia Gwinuira. Los niños sufren de desnutrición y disentería y las mujeres no están bien. El dispensario más cercano queda a más de 7,5 kilómetros y el punto de distribución de agua a 2,5, además no tienen instalaciones sanitarias.

"No sabemos cómo sobrevivir hasta la cosecha del año que viene", dice Mukoti Makuwa. De hecho, ni siquiera saben dónde conseguir semillas para empezar a pensar en prepararse para la próxima siembra. Además, han sacrificado la última cabra para el funeral de su esposo.

La historia de esta familia de Zimbabwe ilustra la triste suerte de decenas de miles de familias de toda la región de África meridional. Se trata de una crisis de enormes dimensiones. Gente muere. Si todavía no de inanición, entonces de enfermedades relacionadas con el hambre. Millones más corren peligro. La comunidad internacional tiene que intervenir, en primer lugar, enviando ayuda de emergencia y, en segundo lugar, apoyando los esfuerzos para solucionar los problemas sociales, políticos y económicos que han agravado esta tragedia.

Solveig Olafsdottir
Delegada Regional de Información de la Federación en Harare.



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