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Salven amazónica…
y a su gente también

por Ewald Scharfenberg

Dos comunidades indígenas del sur de Venezuela redescubren los poderes de la organización vecinal. Forman parte del Programa Amazónico emprendido por la Federación Internacional en 1997.

Miguel rondó´n, voluntario de la Cruz Roja Venezolana, nunca pensó que se convertiría en líder vecinal formado como socorrista, instructor y operador de un sistema de potabilización del agua. Miguel vive en Babilla de Pintao, una comunidad situada a pocos kilómetros al sur de Puerto Ayacucho, la capital del estado venezolano de Amazonas. Allí se congregan cerca de 200 parientes que, al igual que Miguel, son parte del pueblo piaroa o de'áruwa, una etnia de 10.000 a 15.000 individuos que residen a lo largo del río Orinoco y sus afluentes, entre el sur de Venezuela y el este de Colombia.

A lo largo de las generaciones, los pueblos de la selva amazónica de América del Sur se han visto forzados a desplazarse por los vaivenes económicos, los conflictos armados y los imperativos culturales. Tal movilidad en poco ha ayudado a hacer más llevadera la vida de esas personas pero ha servido en cambio para hacer menos notoria su situación ante el resto de la población, predominantemente urbana, de sus respectivos países. Y es que el 85 por ciento de la población de la vasta cuenca del río Amazonas -un área de 20 millones de kilómetros cuadrados y siete millones de habitantes- vive por debajo del umbral de pobreza.

La pobreza trae consigo la falta de viviendas, agua corriente o salubridad y un sinnúmero de problemas sanitarios. En la comunidad de Miguel, la situación sanitaria iba de mal en peor. "Mis cuatro niños se la pasaban enfermos, con diarrea y vómitos", afirma Miguel recordando lo que ocurría cuatro años atrás, "casi todos los días había un caso de paludismo y no sabíamos qué hacer".


©Ramon Lapage /
Federación Internacional

 

Un método innovador

"Hasta 1997, lo que entendíamos por desarrollo comunitario tenía que ver con el asistencialismo", admite Virginia Laíno, "pero en la Amazonia nos dimos cuenta de que para mejorar los índices de salud había que mejorar a mediano plazo las condiciones de vida de la gente". El nuevo enfoque dio lugar al Programa Amazónico, una iniciativa que empezó a desarrollarse en 1997 en seis países sudamericanos a través de 29 filiales de la Cruz Roja.

Aunque sólo una pequeña porción de 180.000 kilómetros cuadrados de selva amazónica está en territorio venezolano, fue en ese país donde se lograron algunos de los más significativos resultados del programa. La particularidad local fue el trabajo con un grupo étnico aborigen, los piaroas, cuya tradición de trabajo mancomunado auguraba las condiciones más favorables para un programa que requeriría participación y más participación.

"Iniciamos nuestro trabajo en 1999 con un objetivo muy claro", relata Mirtha Cordero, presidenta de la filial de Amazonas de la Cruz Roja Venezolana. "Debíamos mejorar las condiciones de vida de los pobladores de ambas comunidades y, sobre todo, disminuir las enfermedades transmisibles por el agua, pero sin imponernos sino promoviendo la organización de la comunidad". Sin embargo, los primeros contactos con los pobladores se saldaron con un escaso entusiasmo, cuando no se trataba de la más abierta hostilidad. La reticencia de los piaroas tenía que ver con las anteriores visitas de políticos en campaña que hacían promesas que jamás cumplirían. Según Cordero, "sólo en 2001, cuando los piaroas vieron que empezamos a llevar los materiales para construir las obras, terminamos por granjearnos su confianza".

Florece la vida comunitaria

Hoy Miguel y sus vecinos saben que "la Cruz Roja sí cumple". Como aval para esa certeza queda el conjunto de obras ejecutadas en Babilla de Pintao y Caño Tigre a lo largo de casi tres años, con financiamiento provisto por la Federación y por la Cruz Roja Española, a través de la Cruz Roja Venezolana, como por ejemplo: suministro de agua potable, construcción de lavaderos, duchas y letrinas, dotación de materiales y tecnologías de construcción de viviendas por los propios usuarios e instalación de un moderno equipo de telecomunicaciones. Como resultado de esos esfuerzos y del intenso ciclo de charlas impartidas sobre diversos temas de higiene y salud, los casos de enfermedades transmitidas por el agua han desaparecido prácticamente de la comunidad, un logro que pronto habrá de ser ratificado por las estadísticas de los organismos oficiales.

Cada una de esas obras y actividades se llevó a cabo tras la determinación y la jerarquización que la comunidad hizo de sus propias necesidades. Lo subraya el propio Miguel al decir que la reactivación de la vida comunitaria quizás sea el principal legado de la experiencia. "Ahora trabajamos juntos", se felicita este líder vecinal.

Estos esfuerzos comunes se han concretado también en otros sectores. Se acaba de construir un preescolar con fondos del gobierno y se compró un camión para transportar mercancías hasta la distante zona.

 

 

Respeto a la cultura aborigen

Una premisa fundamental del Programa Amazónico es el estricto respeto a las manifestaciones culturales de las comunidades. Un ejemplo patente y acaso jocoso : cuando se empezó la construcción de los lavaderos según las normas de la Cruz Roja, las mujeres locales pidieron que se bajara la altura de sus paredes. Al ser por lo general de corta estatura, las madres de familia de la comunidad querían estar seguras de poder observar a sus hijos mientras ha-cían sus labores. También por respeto a las costumbres locales, se dispuso la colocación de las letrinas a una distancia mayor de la convencional.

Probablemente la más conmovedora y elocuente muestra de ese respeto mutuo la ofreció el shaman o curandero de ambas comunidades con motivo de la entrega de las instalaciones sanitarias ya concluidas por la Cruz Roja; el curandero ofició el rito del hüärime, una ceremonia sagrada reservada para celebrar las grandes cosechas y otras ocasiones especiales. "Mi abuelo siempre hablaba del hüärime y de su significado", se sorprende Mari Guevara, "pero ninguno de los que vivimos aquí lo había visto con sus propios ojos".

Aunque la gente de Babilla de Pintao y Caño Tigre sabe que el Programa llegó a su fase final, no se entrega al desaliento. Todavía queda mucho por hacer y la exitosa experiencia les da ánimos para completarlo en el futuro inmediato. Mientras eso ocurre, Miguel Rondón ratifica que "en la Cruz Roja siempre van a contar con nosotros para ayudarlos a llevar este programa a otras comunidades".


Ewald Scharfenberg
Periodista venezolano, de la organización Periodistas sin Fronteras.

 

Enseñanzas extraídas

"El éxito del programa se logró esencialmente gracias a la participación de la comunidad y a que el entusiasmo no decayó".

Miguel Yamín, vicepresidente de la filial de Amazonas

"El trabajo realizado con las mujeres fue muy importante porque conocen al dedillo su entorno".

Mirtha Cordero, presidenta de la filial de Amazonas

"Hay mucha gente que piensa que un indio es un indio y que nunca aprenderá, pero el programa demostró que con un poco de ayuda y aliento se pueden organizar y comprometerse con el trabajo que tienen a mano".

Raulith Rodríguez, jefe de las brigadas sanitarias

La perseverancia y la planificación nos permitieron ganar la confianza de los piaroas".

Milagro Quinto, jefa de voluntarios

"Me sorprende el hecho de que un puñado de personas participen sin ninguna clase de remuneración; esto demuestra que lo realmente importante es que la gente crea en lo que hacey se comprometa con sus acciones"

Yovanny González, jefe de la Unidad de Socorro

"El mayor incentivo fue ver cómo pudimos ayudar a mejorar las condiciones de vida de personas como nosotros"

Carlos Alfonzo, coordinador local del Programa Amazónico


 

Un vistazo al Programa Amazónico

• Participación de seis Sociedades Nacionales -Colombia, Ecuador, Bolivia, Brasil, Perú y Venezuela.
• Asistencia a 25.000 personas.
• Formación de 200 directores y voluntarios.
• Participación de 31 comunidades en la elaboración de planes locales de desarrollo.
• Realización de más de 60 proyectos de los planes locales de desarrollo.
• Mejoramiento de la gestión de los desechos sólidos.
• Suministro de medicamentos a centros de salud y dispensarios.
• Educación básica sobre nutrición.
• Recuperación de las riberas fluviales como barreras naturales.
• Realización de proyectos generadores de ingresos.
• Educación inter pares para proyectos de paz.
• Organización de reuniones regionales anuales de planificación y seguimiento.


Una mujer tendiendo la ropa después de lavarla en uno de los 54 lavaderos construidos por la Cruz Roja.
©Ramon Lapage /
Federación Internacional



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