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En la zona fronteriza de Chad

por Gauthier Lefèvre

Desde el año pasado, unos 110.000 civiles sudaneses, muchos de ellos mujeres y niños, han buscado refugio en Chad, huyendo de la violencia en Darfur, provincia occidental de Sudán. Las personas siguen afluyendo a diario a la zona fronteriza de Chad, donde hay escasez de agua, alimentos y alojamiento, la infraestructura básica es inexistente y el acceso difícil. La mayoría de los refugiados se han instalado en ciudades y poblados a lo largo de los 500 kilómetros de frontera entre Chad y Sudán y viven en condiciones muy precarias.

Fatme, una niña de seis años, llegó a Chad después de caminar durante cinco noches. Huyó de su hogar en Darfur el pasado mes de enero, junto con su madre, su tía y siete hermanos, todos menores de 14 años. Su padre, maestro de escuela y dos de sus tíos perdieron la vida en los combates que estallaron en su pueblo entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes del Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés. Unos 110.000 refugiados procedentes de Darfur se han instalado a lo largo de los 500 km de frontera entre Chad y Sudán. La mayoría de los refugiados repartidos en los pueblos y ciudades de toda esta zona limítrofe viven en condiciones sumamente precarias.

Los recién llegados dependen de las distribuciones de víveres y desocorros no alimentarios que realizan organismos de las Naciones Unidas y sobre todo de la generosidad de los habitantes chadianos, lo que es particularmente cierto en las zonas del norte en torno a los poblados de Tine y Bahay, donde las comunidades zaghawa de ambos lados de la frontera han mantenido estrechos lazos durante siglos, y la cosecha del año pasado produjo un pequeño excedente. Los casos de malnutrición han sido contados pero a comienzos de marzo se registró un fuerte aumento al agotarse las reservas alimentarias.

Poco a poco la situación ha ido evolucionando. Tras acampar un mes en pésimas condiciones separadas de los militares sudaneses por sólo unos centenares de metros y el lecho de un río seco, Fatme y su familia subieron a uno de los 20 camiones de la Cruz Roja del Chad donados por la Cruz Roja Noruega para facilitar las operaciones de socorro en el este del país.

En dos días, la Cruz Roja del Chad trasladó a Fatme y otros 260 refugiados a un campamento en Kounoungo, a 100 kilómentros al sur de Tine. Este traslado, organizado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) debido a la creciente utilización de las instalaciones de agua y saneamiento, fue el primero de los muchos que tuvieron lugar con la ayuda de los voluntarios de la Cruz Roja.


Una familia refugiada sudanesa llega a Chad escapando de los ataques cometidos por las milicias, 27 de enero de 2004.
©
Reuters / Antony Njuguna, Courtesy www. alertnet.org

Encontrar agua y alojamiento

La dificultad para encontrar agua en cantidad suficiente retrasó la apertura de los campamentos para albergar a la población refugiada y la distribución de ayuda humanitaria. A comienzos de marzo, menos de 10.000 personas habían sido asentadas en los tres campamentos que ya están funcionando en Farchana, Touloum y Kounoungo en el este de Chad.

En promedio, sólo una de tres perforaciones produce una fuente de agua utilizable. Para superar esta dificultad, el ACNUR se ha visto obligado a planear la instalación de ocho campamentos.

En la región meridional, el problema se ve agravado por la gran cantidad de ganado que los refugiados han llevado consigo. En el campamento de Farchana, previsto para alojar a unas 12.000 personas, se han asentado sólo 2.000 con el doble del número de reses. En el norte árido, es todavía más difícil encontrar agua, pero son pocos los refugiados que tienen ganado.

La respuesta humanitaria

La respuesta de la comunidad internacional ha sido contundente. Trece organizaciones no gubernamentales se han asociado al ACNUR para prestar asistencia a los refugiados y otras once han efectuado evaluaciones. "La Cruz Roja -en colaboración con el ACNUR- ha asumido un papel preponderante en la parte de la operación relacionada con el transporte", indica Roger Aubé, coordinador de programas en Yamena para la Federación Internacional.

La Cruz Roja del Chad ha desplegado actividades desde el principio de la emergencia y va aumentando paulatinamente su capacidad en la región. Sus voluntarios han desempeñado un papel fundamental en el acompañamiento de los refugiados desde la zona fronteriza hasta los campamentos del ACNUR.

Mahamat Djabo Abouna lidera el equipo de veinte voluntarios de la Cruz Roja del Chad basado en Adre, que está participando en la labor de reasentamiento en el campamento de Farchana. "Los refugiados han atravesado una dura prueba y nuestro papel es reconfortarlos, asistirlos y explicarles cómo se les ayudará".

En los campamentos, los voluntarios proporcionan víveres, agua y asesoramiento a los refugiados que deben pasar por el largo proceso de examen médico y registro.


La Cruz Roja de Chad se asocia con las Naciones Unidas para afrontar la crisis de refugiados sudaneses.
©Gauthier Lefevre/
Federación Internacional

La respuesta del Movimiento

Tras el llamamiento efectuado por la Federación Internacional en diciembre de 2003, el Movimiento respondió presente. Veinte camiones aterrizaron en febrero en Yamena, la capital. A fines de ese mes, la Cruz Roja del Chad transportó en 14 camiones 45 toneladas de equipo de perforación para la organización Norwegian Church Aid.

Otras Sociedades Nacionales se movilizaron también rápidamente ante la emergencia. La Cruz Roja Española, que ha estado realizando programas en Darfur desde hace algún tiempo, y la Cruz Roja Francesa, que acaba de completar un proyecto de agua y saneamiento en varias escuelas de Yamena, han enviado equipos de evaluación.

Esta asistencia ha consolidado la asociación de la Cruz Roja del Chad con el ACNUR y otras organizaciones humanitarias que trabajan en la zona. Tras una fructífera colaboración en el sur del país, el año pasado, que permitió asistir a 60.000 refugiados provenientes de la República Centroafricana, la Cruz Roja y los organismos de las Naciones Unidas se han unido nuevamente para afrontar la crisis de refugiados sudaneses.

El próximo obstáculo será la llegada de la estación de las lluvias en junio. En efecto, si bien la situación de los refugiados no es catastrófica y la labor de todas las personas implicadas en la operación comienza a dar sus frutos sobre el terreno, el inicio de las lluvias cambiará las condiciones. El acceso a la zona afectada ya es difícil y será imposible durante tres meses, de junio a agosto, cuando los ríos crezcan con las lluvias torrenciales y los caminos desaparezcan por completo durante toda la temporada.

"Llevamos una carrera contra reloj para poder instalar todos los campamentos, juntar a toda la población refugiada en emplazamientos accesibles y constituir previamente las reservas de suministros antes de junio", explica Yvan Sturm, que dirige las operaciones del ACNUR en Abeche, Chad.

No todos los refugiados estarán instalados en un campamento a la llegada de la estación de las lluvias. Algunos han optado por no desplazarse y prefieren quedarse en la frontera aun en condiciones precarias. El estilo de vida nómada de muchos de los grupos refugiados no cuadra con la vida en un campamento, ni siquiera temporalmente. Algunos tienen a familiares cercanos y amigos que les proporcionan albergue. Otros siguen esperando regresar a su país lo antes posible y se quedarán cerca de la frontera.

El ACNUR prevé instalar a 45.000 refugiados en los campamentos. Entre tanto, no se escatiman esfuerzos para prestar asistencia humanitaria en la frontera, a pesar del difícil acceso durante la estación lluviosa, que es cuando los camiones de la Cruz Roja de Chad serán particularmente útiles.


Gauthier Lefèvre
Periodista independiente radicado en París.



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