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El balance de la XXVIII
Conferencia Internacional

por Didier Revol

Reunidos en Ginebra del 2 al 6 de diciembre, unos 1.722 delegados aprobaron el Programa de Acción Humanitaria. Si se cumplen los compromisos, debería darse un mayor respeto por la dignidad humana.

Pese al inestable entorno político y al contexto poco alentador en el que tuvo lugar la Conferencia -los ataques del 11 de septiembre de 2001, las guerras en Afganistán e Irak y la continuación del conflicto palestino-israelí - predominó a lo largo de todo este magno evento un clima de consenso.

El número de participantes y la representación de muchos Estados al más alto nivel pusieron de manifiesto el profundo interés que suscitan el derecho internacional humanitario (DIH) y la labor del Movimiento. "Ésta fue la primera Conferencia del siglo XXI y se celebró en un momento en que el mundo enfrenta graves amenazas para la paz, la seguridad y la salud. Nunca antes había habido tan extraordinaria concurrencia", declaró el presidente de la Conferencia Jaime Fernández. En ningún momento los delegados mostraron algún signo de división y aprobaron todas las resoluciones por consenso.


Jakob Kellenberger, presidente del CICR, y Juan Manuel Suárez del Toro Rivero, presidente de la Federación Internacional, discuten entre las sesiones.
©Christopher Black /
Federación Internacional

 

Protección jurídica para todos

Una de las prioridades de la XXVIII Conferencia fue reafirmar la pertinencia del DIH en los conflictos contemporáneos, particularmente en el contexto de la "guerra contra el terrorismo" cuando equivale a un conflicto armado. La Conferencia condenó unánimemente los actos de terrorismo. Recordó las protecciones pertinentes que el DIH confiere a las personas privadas de libertad, sean éstas civiles o combatientes. Destacó que ninguna persona debería ser considerada o tratada fuera de los límites del derecho y llevada así a un vacío jurídico. Puso de relieve que se puede promover y salvaguardar mejor la dignidad de cada ser humano mediante una aplicación complementaria del derecho internacional humanitario, el derecho de los derechos humanos y el derecho de los refugiados, según proceda. Se expusieron varias formas de garantizar un mejor respeto del DIH, como el recurso a la Comisión Internacional de Encuesta -órgano instituido por el Protocolo adicional I a los Convenios de Ginebra pero desconocido para muchos Estados y aún sin utilizar por ninguno-, el fortalecimiento de la función protectora del CICR y la movilización de la sociedad civil.

Según los dirigentes del CICR y de la Federación Internacional, la XXVIII Conferencia Internacional permitió consolidar, e incluso hacer avanzar, las principales cuestiones objeto de discusión, a saber: las personas desaparecidas y la asistencia a sus familias, el costo humano de la disponibilidad, el empleo y el uso indebido de las armas en los conflictos armados, la reducción del riesgo y de los efectos de los desastres naturales, el mejoramiento de la preparación y la respuesta en casos de desastre, y la reducción del riesgo y de los efectos del VIH/SIDA en relación con las personas vulnerables.


Centro Internacional de Conferencias de Ginebra, sesión plenaria de la XXVIII Conferencia Internacional.
©Thierry Gassmann / CICR

En cuanto a los dos primeros temas, el CICR expresó su satisfacción general por los textos aprobados. Tal como puntualiza Yves-Jean Duméril, asesor de la División de Política y Cooperación en el Movimiento del CICR, "se había preparado el terreno gracias a las prolongadas consultas y negociaciones que tuvieron lugar antes de la Conferencia". Así por ejemplo, los delegados confirmaron la validez de todas las recomendaciones de la Conferencia Internacional sobre las personas desaparecidas, celebrada en febrero de 2003. Ello debería desembocar en la aplicación de medidas operacionales para impedir la desaparición de personas, elucidar la suerte que han corrido las personas desaparecidas y apoyar a sus familiares.

La cuestión de las armas también tuvo una acogida favorable, en parte gracias a la aprobación, la semana anterior, de un protocolo de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales relativo a los residuos explosivos de guerra. En el Programa de Acción Humanitaria, se alienta firmemente a los Estados a que ratifiquen el protocolo y prosigan sus esfuerzos por erradicar la plaga de las minas antipersonal. Además, el CICR siguió adelante con su iniciativa sobre biotecnología, armas y humanidad, previamente reafirmada y respaldada por el Consejo de Delegados, elaborando objetivos específicos. Sin ser muy restrictivos, estos objetivos tienen la ventaja de inducir a los Estados a asumir la responsabilidad de que la biotecnología no sea usada con fines hostiles. "En general, hicimos notables avances en la cuestión de las armas", afirmó Robin Coupland, jefe de la Unidad Minas-Armas del CICR. "Hace diez años, los Estados declararon que no correspondía al CICR estudiar los efectos de las armas en la población. Pero al centrarnos en los aspectos de la salud pública, hemos evitado la controversia tanto en esta Conferencia como en los foros de negociación".

 

Las personas vulnerables en el primer plano

Otro logro de la Conferencia es el reconocimiento de las políticas orientadas a reducir el riesgo de desastres. Hace apenas unos años, los gobiernos y donantes se interesaban muy poco por este tema pero hoy resulta obvio que la aprobación de simples medidas permite reducir la magnitud de los desastres, así como las terribles consecuencias que ha de soportar la población. Según el Programa de Acción Humanitaria, los Estados deberían garantizar, entre otras medidas, una gestión más acertada de los recursos naturales, establecer sistemas de alerta temprana, aprobar códigos de edificación, elaborar programas de educación pública y vigilar los efectos del cambio climático. "Está claro que los desastres son un problema de desarrollo", señala Eva von Oelreich, jefa de la unidad de preparación para desastres y operaciones en casos de desastre de la Federación Internacional, "y muy a menudo sumen a las personas más vulnerables en un estado de pobreza permanente. Solemos olvidar que las víctimas son capaces de sobrellevar la situación por sí solas y que reduciendo la vulnerabilidad las ayudamos a superar los efectos de los desastres. Me complace observar el creciente interés que presta la mayoría de las Sociedades Nacionales y los Estados a la cuestión de la reducción del riesgo".

La lucha contra el SIDA y la discriminación de que son objeto las personas infectadas por el virus fueron también puntos centrales del orden del día. Bernard Gardiner, jefe de la Unidad SIDA de la Federación Internacional, opina que, con excepción de algunas concesiones, las acciones propuestas en el Programa son muy amplias y que hoy las personas que viven con el VIH/SIDA tienen la posibilidad de expresarse. Aquellos que viven al margen de nuestras sociedades -migrantes y consumidores de drogas- son los más vulnerables y los que más sufren de ostracismo. Nuestra meta es hacer que los Estados comprendan que tales condiciones de vida favorecen la propagación del virus. "Creo que logramos que el mensaje se entienda porque confinamos la discusión al sector de la salud pública". El Programa también insiste en la necesidad de una mayor cooperación en la lucha contra el SIDA, incluso en los conflictos armados. El objetivo de la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud "3 x 5" -esto es prestar tratamiento a 3 millones de persona de aquí a 2005- sólo se cumplirá en estas condiciones", prosigue Gardiner. "Debemos asegurarnos de que no sean sólo las élites las que se beneficien de esta campaña. Nuestros asociados reconocen la posición única de los voluntarios del Movimiento para asistir a los más vulnerables".

La XXVIII Conferencia Internacional concluyó con una nota positiva: los participantes suscribieron 370 promesas, la mayoría de las cuales son en apoyo de los objetivos de la Declaración y del Programa de Acción Humanitaria. La firma colectiva de 60 promesas hechas por Estados y Sociedades Nacionales demuestra la voluntad de aunar todos los esfuerzos para lograr un mayor respeto por la dignidad humana. A través de su sede y sus delegaciones respectivas, el CICR y la Federación Internacional se proponen ayudar a las Sociedades Nacionales y los Estados a llevar a la práctica sus promesas. Les toca ahora a los componentes del Movimiento dar muestras de unidad y solidaridad.


Didier Revol
Autor independiente radicado en Ginebra.


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