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Emergencia sanitaria en Myanmar

Myanmar es un país de 50 millones de habitantes, donde cunden enfermedades como la diarrea, el paludismo y el sarampión y se teme que el VIH/SIDA se propague rápidamente. La Federación Internacional y la Cruz Roja de Myanmar han aunado sus fuerzas para combatir las enfermedades endémicas y la propagación del VIH/SIDA.

En Shan, estado oriental de Myanmar, situado en el triángulo de oro entre China, Laos y Tailandia, la gente empezó a enfermarse. Nadie habló sobre el asunto; tampoco se avisó que los niños tenían diarrea de manera constante ni que los adultos habían presentado estados febriles periódicos, escalofríos y temblores, típicos síntomas del paludismo.

En muchos pueblos rurales, señala Yvonne Ginifer, delegada de salud de la Federación Internacional, la gente ni siquiera se imaginaba que su comportamiento podía influir en la salud.

“Los habitantes de un pueblo no tenían ni idea del concepto de salud. Ni siquiera sabían cuando estaban enfermos ni que podían hacer algo con respecto a su salud. Simplemente “se dejaban llevar por la corriente””.

Pero el silencio va quedando atrás. Es difícil saber cuántas personas han contraído el VIH en Myanmar. El gobierno indica que son unas 177.000 pero el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) estima que el número podría ser de hasta un millón de personas y advierte que Myanmar se encuentra al borde de la más grave epidemia en Asia. Muchos casos no se registran y las muertes se atribuyen a menudo a la tuberculosis, la diarrea o el paludismo. A diferencia de otros países asiáticos, las tasas de infección en Myanmar siguen subiendo.

En noviembre de 2004, la Cruz Roja de Myanmar organizó un curso de dos semanas para impartir formación en primeros auxilios basados en la comunidad a instructores en Magwe, localidad situada a más de 480 kilómetros al noroeste de Yangún. La Federación Internacional prestó apoyo técnico y financiero. © THORKELL THORKELSSON / CRUZ ROJA ISLANDESA
 

Llegar a las comunidades rurales

En los dos últimos años, la Federación Internacional y la Cruz Roja de Myanmar se han esforzado por reducir la incidencia de las afecciones endémicas y la propagación del VIH en el estado oriental de Shan, región donde hay un gran trasiego de personas. La frontera con China se encuentra apenas a 85 kilómetros de distancia y la frontera con Tailandia a 160 kilómetros. Existen pruebas anecdóticas de que hay un importante tráfico de mujeres desde esta aislada área para el comercio sexual. La Cruz Roja Australiana y la Agencia Australiana para el Desarrollo Internacional financian un proyecto piloto de salud basado en la comunidad que durará tres años y cuyo valor es de 380.000 dólares estadounidenses.

Tras proporcionar al inicio información básica de salud, el personal y los voluntarios de la Cruz Roja se han ido granjeando poco a poco la confianza de las personas que sobreviven en las zonas rurales distantes y que no tienen prácticamente acceso a la educación. Gradualmente han podido mencionar el tema tabú del VIH, así como los mitos y falsos conceptos que rodean la enfermedad.

“Cuando empecé el VIH no era un tema de conversación, pero ahora sí”, explica Ginifer. “Se carece de recursos y de información. La gente no sabe cómo protegerse del VIH; no es algo que se discuta abiertamente aquí, menos aún en estos pequeños pueblos cerca de la frontera”.

Ajustarse a la realidad

El equipo de la Cruz Roja afronta muchos obstáculos prácticos. En algunos pueblos, los habitantes pasan jornadas enteras en sus campos en ciertas épocas del año, siendo difícil llegar hasta ellos. En la estación de lluvias, los caminos se vuelven un lodazal y los ríos infranqueables.

Existen también dificultades culturales. Cada pueblo es único, con su propia mezcla de lenguas y grupos étnicos como los wa, kachin, shan, akha y lahu.Para dirigirse a esos públicos, la Cruz Roja cuenta con los voluntarios de los diferentes grupos étnicos. Además, es necesario elaborar material didáctico, traducirlo a las distintas lenguas vernáculas y ponerlo a prueba para verificar que sea apropiado a las culturas. Estos voluntarios trabajan en su propio pueblo o en localidades vecinas.

A menudo los pueblos poseen su propio sistema político. Por ejemplo, en Wan In, pueblo budista donde los habitantes son de origen shan, cada semana hay un nuevo jefe. Es un cargo que va rotando entre los integrantes de un grupo de hombres ancianos. Así pues, cada vez que llegaba un delegado de la Cruz Roja, éste tenía que hablar con alguien diferente y ganarse su confianza.

Con todo, ha habido mejoras, como el número de casos de disentería o diarrea. Las tiendas locales indican que han vendido más espirales contra los mosquitos y menos cantidades de píldoras para el tratamiento del paludismo.

Lo que sucedió —relata un anciano— es que las mejoras en dos pueblos visitados por la Cruz Roja despertaron la curiosidad de los habitantes de Wan Iny, éstos querían lo mismo: salud y limpieza.

En un curso comunitario de primeros auxilios se han enseñado ya los conceptos básicos a 23 personas de Wan In, de 135 habitantes con que cuenta la localidad. Fue una lucha lograr que las mujeres asistieran al curso, porque los hombres en este pueblo siempre pasan primero. ¿Cuál fue el tema más importante del curso? A tres muchachas que lo siguieron les da mucha vergüenza contestar.

Pa Sein, una mujer de 40 años, responde: “lo más importante que aprendí fue cómo curar heridas como los cortes que nos hacemos en los arrozales. La educación sanitaria es un nuevo tema para nosotros, así que todo nos interesa”.

Pa Sein tiene tres niños, de 15 a 25 años, y un nieto. “Ahora sé ocuparme de las mujeres que dan a luz. Antes dábamos a luz solas si era un nacimiento normal o íbamos al hospital si había complicaciones”.

El vecino pueblo de Hu Nar, que cuenta con 216 habitantes de religión cristiana pertenecientes al grupo étnico kachin, ha trabajado con la Cruz Roja durante 20 meses.

El jefe de Hu Nar apoya la colaboración con la Cruz Roja, que abarca charlas mensuales sobre salud, capacitación y asistencia técnica en el ámbito del agua y el saneamiento.

Residentes de Hona, uno de los 20 poblados participantes en el proyecto sanitario de la Cruz Roja de Myanmar, instalan nuevas tuberías para el abastecimiento de agua potable. © THORKELL THORKELSSON / CRUZ ROJA ISLANDESA


 

Cambiar el comportamiento

Subsisten algunos remedios tradicionales. La gente bebe una infusión de hierba para curar la diarrea y frotan el cuello con una moneda para eliminar el dolor o hacer bajar la fiebre. Mo She nos muestra unas marcas rojas verticales en el cuello donde se pellizcó la piel para curar una tos que prácticamente ha desaparecido.

Cuando la gente se da cuenta de los beneficios que implica conocer la atención básica de salud, vuelven a pedir ayuda con temas más delicados. Una vez un habitante contó tímidamente a un delegado de la Cruz Roja que había en el pueblo una persona infectada con el VIH. Pero la persona murió poco tiempo después y la Cruz Roja se encargó del hijo de cinco años que había dejado el hombre; el niño también era seropositivo; lo llevaron a una clínica para prestarle tratamiento y va mejorando de a poco.

Después de este hecho, los ancianos del pueblo, que en un principio habían declarado que era demasiado pesado cuidar a una persona con VIH que de todas maneras se iba a morir, pidieron a la Cruz Roja que impartiera cursos de formación en la atención a las personas con el VIH/SIDA.

Al mismo tiempo que se centraba en la educación sanitaria básica en los pueblos remotos, la Cruz Roja dio prioridad a los habitantes de la capital del estado, Keng Tun, que por su comportamiento podían correr riesgos: los jóvenes, los obreros de la construcción y los taxistas. Los voluntarios y el personal de la Cruz Roja forman a otros educadores, mantienen charlas, realizan campañas y distribuyen material y preservativos. Tras una evaluación de la Cruz Roja, se evidenció que el 71 por ciento de los taxistas habían tratado con un educador y tenían información básica sobre el VIH, o sea que el sistema está funcionando.

Un modelo para otras regiones

La Cruz Roja espera que los beneficios del programa piloto trasciendan del estado oriental de Shan, comenta la jefa de la delegación de la Federación Internacional, Joanna MacLean. La fi lial de Keng Tung puede servir de modelo para las demás fi liales en el resto de Myanmar.

“Es una forma de fi jar las prioridades y optar por un enfoque basado en la comunidad. Otra diferencia es que este modelo utiliza conceptos de aprendizaje de los adultos y promueve su participación”.

“Hasta ahora el proyecto piloto de Keng Tung ha sido muy promisorio. El personal y los voluntarios van adquiriendo experiencia y las comunidades participan con entusiasmo. Las comunidades rurales ya empiezan a modificar su comportamiento y podemos constatar cambios en su salud. En nuestra opinión este proyecto es sumamente útil no sólo para las comunidades locales y las filiales de la Cruz Roja, sino también para desarrollar la Cruz Roja de Myanmar en general”, concluye MacLean.

 

Rosemarie North
Ex delegada regional de información de la Federación Internacional en Bangkok.

Actividades en Myanmar CICR

Establecido en Myanmar desde 1986, el CICR despliega principalmente las tareas siguientes:
• visitas a los detenidos;
• restablecimiento del contacto entre los detenidos y sus familiares;
• cooperación con la Cruz Roja de Myanmar.

Actividades en Myanmar de laFederación Internacional

Presente en Myanmar desde 1992, la Federación Internacional realiza las actividades siguientes :
• apoyar los programas comunitarios de salud y preparación para desastres de la Cruz Roja de Myanmar;
• contribuir al fortalecimiento de la capacidad en la sede de la Sociedad National y a nivel de filial;
• coordinar operaciones internacionales de socorro;
• establecer relaciones y solicitar fondos a los donantes.


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