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Hacia un mundo libre de minas

 

Víctima de una mina antipersonal en la provincia de Kandal, Camboya. © MARCUS HALEVI / ICRCEentre ellos jefes de Estado, ministros de Gobierno, galardonados con el Premio Nobel y sobrevivientes de las minas, así como representantes de las Naciones Unidas, de organizaciones no gubernamentales y del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, se reunieron en Nairobi, Kenia, con objeto de evaluar los progresos realizados y las tareas que quedan por hacer para poner fin a la era de las minas terrestres. La Primera Conferencia de Examen de la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal —conocida como la Cumbre de Nairobi para un Mundo Libre de Minas—, se celebró siete años después de que la Convención fuera firmada por primera vez en Ottawa, Canadá, el 3 de diciembre de 1997. La Convención de Ottawa, como se la llamó, es el primer tratado por el cual los Estados convienen en prohibir completamente un arma de uso generalizado, sobre la base del derecho internacional humanitario. ¿Qué se ha conseguido desde entonces y se cumplirán las promesas formuladas en la Convención?

Desde que se aprobó la Convención de Ottawa, la producción, las ventas y el uso de las minas antipersonal a nivel mundial se han reducido de manera espectacular, incluso en los países que no forman parte del tratado. Las tres cuartas partes de los Estados del mundo (144 países) han dicho sí a la Convención, aceptando no usar más minas antipersonal y comprometiéndose a destruir todas las minas antipersonal almacenadas y sembradas, asistir a las víctimas de estas armas y sensibilizar a la población civil acerca de los peligros que ellas entrañan. Hasta el presente los Estados partes en la Convención han destruido más de 37 millones de minas antipersonal. La limpieza de las zonas minadas se está efectuando en la mayoría de los 50 Estados partes en la Convención afectados por el problema de las minas y tres de ellos (Costa Rica, Djibouti y Honduras) han declarado que ya no quedan minas en su territorio, bastante antes de que venzan los respectivos plazos conforme a la Convención. Pero lo más importante es que el CICR ha observado que donde se están respetando y aplicando las normas y los requisitos convencionales, el número de nuevas víctimas de las minas ha descendido considerablemente, en algunos casos hasta dos tercios o más.

La Cumbre de Nairobi concluyó que sin embargo, queda todavía muchísimo por hacer para alcanzar los objetivos humanitarios de la Convención, particularmente con miras a respetar los plazos de remoción de minas fijados en el tratado, de los cuales el primero vence en 2009. A este respecto, los Estados adoptaron un exhaustivo plan de acción que contiene 70 compromisos concretos que habrán de cumplirse en los próximos cinco años para acelerar la destrucción de las existencias de minas, efectuar la remoción de minas dentro de los plazos establecidos en el tratado y velar por que se brinde asistencia a largo plazo a los sobrevivientes de las minas.

En su declaración ante la Cumbre, el presidente del CICR, Jakob Kellenberger, dijo que la Convención de Ottawa es uno de los “grandes logros que la comunidad internacional ha alcanzado estos últimos años en el ámbito humanitario” y subrayó, asimismo, la necesidad de hacer mucho más para cumplir las promesas hechas mediante la Convención, en particular la de incrementar la ayuda a los sobrevivientes de las minas.

Texto y fotografías de Nick Danziger, periodista independiente,
con la colaboración de Kathleen Lawand, CICR, Ginebra.

© NICK DANZIGER

Najmuddin
Director del centro ortopédico del CICR en Kabul, Afganistán

Tenía 18 años. Pedí prestado un camión para transportar arena desde el río hasta mi casa. Tomé el camino hasta la orilla del río y lo único que me acuerdo después es que me desperté en el hospital. Sentía que algo extraño me pasaba pero no lo supe hasta que un seísmo sacudió el hospital y cuando quise escapar no pude. Había perdido las dos piernas.

“La gente en Afganistán no margina a los amputados pero a veces piensan que deberían estar en algún rincón haciendo algo. A diferencia de los hombres discapacitados, las mujeres impedidas no pueden casarse. Este es uno de nuestros mayores problemas. Se ha discutido mucho [la Cumbre], pero es bien difícil decir lo que sucede en la práctica. En Afganistán, a nuestra discapacidad se suma la falta de ingresos, pero es también el caso de los que no son impedidos”.

© NICK DANZIGER

Dr. Ahmed Hassan
Presidente de la Media Luna Roja Somalí, miembro de la Junta de Gobierno de la Federación Internacional.

“La Federación Internacional desea participar en uno de los principales ámbitos del tratado, el de la asistencia a las víctimas, para ayudar a las Sociedades Nacionales en la rehabilitación y la reintegración de los discapacitados a causa de las minas. Las Sociedades Nacionales pueden aportar muchísimo, tenemos una red increíble que llega hasta la comunidad misma. Gracias a los millones de voluntarios podemos contribuir en la asistencia de salud, la sensibilización al problema de las minas y la fisioterapia”.

© THIERRY GASSMANN / CICR

Jakob Kellenberger
Presidente del CICR

“Tenemos que considerar —creo— el plan de acción para proseguir lo que hemos estado haciendo en los últimos años, seguir insistiendo en la ratificación del tratado y lograr que lo firmen los principales actores que aún no forman parte de él.“Mientras no se haya completado la limpieza de las zonas minadas, será esencial proseguir la educación sobre el peligro de las minas, no sólo nosotros sino capacitar a las Sociedades Nacionales, es una acción muy importante porque lo que me preocupa es que, dada las actuales tasas de remoción, muchos Estados afectados por las minas tendrán dificultades en cumplir los plazos correspondientes. Algunos proyectos han tenido que suspenderse por falta de fondos. Debemos mantener el impulso, recordar y cumplir las promesas formuladas por los líderes políticos hace cinco años en Ottawa para conseguir y mantener la financiación”.

© NICK DANZIGER

Pum Chantinie
Primera vicesecretaria general de la Cruz Roja de Camboya

“En Camboya, muchas personas siguen muriendo, quedando mutiladas y perdiendo la vista a causa de las minas antipersonal. A pesar de ello, es difícil recaudar fondos para la educación sobre el peligro de las minas y la asistencia a las víctimas de estas armas. La Cruz Roja de Camboya se empeña en mantener su proyecto de educación sobre el peligro de las minas. Si no logramos encontrar apoyo, seguirá habiendo accidentes, muertos y heridos y la gente terminará por olvidar el problema”.

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