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¿Un momento decisivo en África?

La VI Conferencia Panafricana de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, celebrada en Argel en septiembre de 2004, significó un momento decisivo. El VIH/SIDA continúa cercenando la vida de numerosísimos africanos en plena flor de la edad. Pero hay motivos para mostrarse optimistas incluso respecto del lento avance de un tratamiento antirretrovírico.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) estimó el año pasado que más de 25 millones de personas viven con el virus en el África subsahariana, cerca del 80 por ciento del total de personas infectadas en el mundo. Según advirtieron las Naciones Unidas, un 10 por ciento de toda la población africana (90 millones de personas) podría ser seropositiva dentro de 20 años.

El VIH/SIDA ha diezmado los grupos más productivos de la sociedad y menoscabado sensiblemente la seguridad alimentaria debido a la caída de la producción agrícola. Esto sumado a las plagas de langosta, la sequía y una pésima gestión ha llevado a millones de familias africanas a depender de la ayuda alimentaria.

“Nuestra mayor preocupación como continente ha sido romper el lazo simbiótico entre el VIH/SIDA y la inseguridad alimentaria”, asegura Emma Kundishora, secretaria general de la Cruz Roja de Zimbabwe. “Se han hecho importantes progresos pero queda mucho por hacer”. Desde la Conferencia de Argel, señala la responsable, más Sociedades Nacionales han incorporado la seguridad alimentaria a otros programas, como los relacionados con el VIH/SIDA y la gestión de desastres.


Yshi Jashaker, voluntaria etíope,
muestra un puñado de medicamentos antirretrovirales que se dan a los
pacientes con VIH/SIDA.
©Gianluigi Guercia / AFP Photo

 

 

Tratamiento antirretrovírico

En un informe publicado en junio por ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud (OMS), se indica que el acceso al tratamiento antirretrovírico “sigue ampliándose a un ritmo acelerado” en los países en desarrollo, aunque persisten escollos. “En el África subsahariana”, añaden las organizaciones, “región donde el VIH ha causado más estragos, están recibiendo tratamiento unas 500.000 personas, más del triple que en junio de 2004”.

La Cruz Roja de Namibia distribuye paquetes con alimentos a las personas que se encuentran en tratamiento antirretrovírico en Caprivi, localidad situada geográficamente en el epicentro de la epidemia del SIDA en el sur de África. Según apunta Razia Essack-Kauaria, secretaria general de la Sociedad Nacional namibiana: “Muchas de las personas que atendemos han recobrado su salud y están trabajando de nuevo para sustentar a sus familias. Los niños que hoy podrían haber quedado huérfanos ahora tienen la suerte de disfrutar del cuidado de sus padres”.

La Conferencia de Argel convino en que habría que dirigir más esfuerzos hacia los objetivos esenciales de reducir la inseguridad alimentaria, el VIH/SIDA, las enfermedades y la muerte en los grupos vulnerables. Las Sociedades Nacionales africanas decidieron perseguir esos objetivos “con compromiso y vigor renovados”, explica Kundishora, miembro también del Equipo de Coordinación Panafricano (PACT). “Desde Argel, hemos observado una importante mejora en los servicios que prestan muchas Sociedades Nacionales africanas” añade la responsable. Entre la reunión de Argel y la celebrada en Uagadugú en 2000, casi todas las Sociedades Nacionales de África trazaron programas de VIH/SIDA de algún tipo.

El proyecto de seguridad alimentaria de la Cruz Roja de Swazilandia (véase recuadro) en Sigombeni, donde la Sociedad Nacional tiene un dispensario rural, ha adoptado un nuevo proceder para que las comunidades puedan beneficiarse de los programas integrados. Los proyectos de seguridad alimentaria establecidos en Swazilandia abarcan granjas avícolas de pequeña escala y huertas; se han puesto en marcha dos proyectos comunitarios de seguridad alimentaria y un dispensario que ofrece pruebas de detección del VIH y tratamiento antirretrovírico.

Las nuevas cifras dadas a conocer por el Ministerio de Salud este año mostraron que cerca de un tercio de los jóvenes swazilandeses de 15 años y más son seropositivos. Entre las mujeres encintas, el 42 por ciento están infectadas; ésta es, según se cree, la tasa de infección más alta del mundo.

En Argel, las Sociedades Nacionales africanas reconocieron nuevamente que es necesario fortalecer la capacidad de resistencia de las comunidades para mitigar la vulnerabilidad.

Leche, árboles frutales y colmenas

“No queremos que las personas se vuelvan unos beneficiarios pasivos, nuestra intención es lograr su autonomía”, asegura la Dra. Asha Mohammed, secretaria general adjunta de la Cruz Roja de Kenya y presidenta de PACT. “Estamos enseñando a los campesinos a aumentar la seguridad alimentaria. Y a través de la misma iniciativa se han respaldado los proyectos generadores de ingresos. La Cruz Roja de Kenya provee de cabras para la leche, plántulas de árboles frutales y colmenas”.

La Conferencia de Argel congregó a asociados de la sociedad civil, el sector privado, las Naciones Unidas y otras organizaciones humanitarias, así como a Sociedades Nacionales de los otros continentes. Ha sido considerada un momento decisivo.

En opinión de la Dra. Mohammed: “Hemos creado sinergias con organizaciones de las Naciones Unidas, como el Programa Mundial de Alimentos, la OMS y el UNICEF “. Está convencida de que el sector privado también se “ha despertado” y percatado de que tiene un papel que desempeñar, pues, en último término, “los negocios dependen de las mismas comunidades con las que trabajamos”.

Nestlé, DHL y Unilever son algunas de las grandes empresas que están apoyando activamente a las Sociedades Nacionales en África. Por ejemplo, Nestlé brinda apoyo a los programas de educación internares y en el lugar de trabajo en materia de VIH/SIDA de la Cruz Roja de Kenya y ésta, a su vez, ayuda a Nestlé a ejecutar el programa de lucha contra el VIH/SIDA para el personal de la empresa.

Como siempre la amplia red de voluntarios locales es la fuerza singular de las Sociedades Nacionales africanas. Los voluntarios, miembros de las comunidades a las que sirven, se identifican cada vez más con los proyectos comunitarios. Para el Movimiento, sólo con audacia se puede avanzar.

Tal como escribió el presidente de la Federación Internacional, Juan Manuel Suárez del Toro en junio de 2003: “Lo que está ocurriendo no tiene precedentes y actuar como si nada pasara no detendrá la catástrofe. El mundo humanitario está ante una nueva situación, una situación inexplorada, en las que las recetas del pasado no nos servirán. Nadie sabe lo que nos aguarda”.



Dumisani Mhlongo, de 10 años, trabajando en la huerta de hortalizas que es hoy la única fuente de ingresos de la familia. En tiempos de sequía, la Cruz Roja Sudafricana provee a las familias como la suya de insumos agrícolas, como semillas y fertilizantes.

©Federación Internacional

Tapiwa Gomo
Responsable regional de información en la delegación regional en Harare.

 

 

“El VIH no es el fin”

Jane Dlamini insiste en que el apoyo que recibe del centro de salud de la Cruz Roja de Swazilandia en Sigombeni la ha ayudado a mantenerse viva desde que supo que era seropositiva. Jane se ha convertido en el símbolo de la esperanza desde la prueba fatídica. Es miembro también de un grupo de apoyo local que asesora a otros pacientes en una comunidad donde la estigmatización sigue siendo muy marcada.

“Iba y venía del hospital, pero después de que me asesoraran en el dispensario de la Cruz Roja, me percaté de que tener el virus del VIH no es el fin, sino por el contrario el comienzo de una nueva etapa.

“Actualmente sigo el tratamiento antirretrovírico. Recibí unas semillas para mi huerto de cien metros cuadrados. También trabajamos en las huertas comunitarias que sirven para alimentar tanto a los pacientes que se benefician de asistencia en el hogar como a los huérfanos.

“Para mí lo más importante es poder dar de comer a mis hijos, darles amor y asegurar que vayan a la escuela hasta que puedan cuidarse solos.

“Por medio de este proyecto de la Cruz Roja tenemos la posibilidad de asistir a los huérfanos y ayudar a los encargados de cuidarlos, especialmente los ancianos, poniendo alimentos a disposición de los niños.

“Los niños cuyos padres forman parte del proyecto tienen también dónde acudir cuando fallecen sus progenitores”.

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