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©Olav A. Saltbones / Cruz Roja Roruega

La recuperación de Pakistán

Muchos de los sobrevivientes del devastador terremoto que sacudió el norte de Pakistán y de la India el 8 de octubre de 2005, han tenido que soportar la pérdida de sus seres queridos, el desmoronamiento total de su vida diaria y los rigores del invierno.

Un residente del campamento de la Media Luna Roja Turca, situado en la zona de Cachemira administrada por Pakistán, sufre de trastornos a causa de la muerte de sus padres. No puede dormir y durante el mes que siguió al desastre permaneció mudo.

En este campamento, los psicólogos de la Media Luna Roja Turca dirigen un programa psicosocial, que ofrece actividades a los niños traumatizados por la catástrofe que se cobró innumerables vidas y dejó a unos 3,5 millones de personas sin techo justo antes del invierno.

Los psicólogos piden a los niños que escriban una carta a sus seres queridos. El niño que había estado un mes sin hablar escribió a sus padres. «El día del terremoto fui a comprar chocolate, no sabía que Alá me iba a castigar por eso. Cuando llegué a la casa ustedes no estaban allí y la casa ya no estaba. Nunca más volveré a comer chocolate. Nunca más.»

Lentamente el niño fue saliendo de su silencio y gracias a la ayuda de la delegada psicosocial de la Media Luna Roja Turca.

Cuando la Media Luna Roja Turca tuvo que traspasar sus actividades de apoyo psicológico a los psicólogos de la Media Luna Roja de Pakistán, el muchachito vino a despedirse, como muchos otros residentes del campamento.

En las zonas afectadas por el seísmo más de 20 Sociedades Nacionales de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja, el CICR y la Federación Internacional están llevando a cabo codo a codo una operación gigantesca para atender a las necesidades básicas tanto físicas como psicológicas de la población. Hasta ahora más de 81.000 familias (unas 570.000 personas) han recibido una ayuda muy variada como carpas o utensilios de cocina. De este grupo, más de 50.000 familias han recibido un paquete completo que contiene una carpa, mantas, colchas, cocinillas, baterías de cocina, estuches de higiene, bidones plegables.

Se realizan programas psicosociales en cuatro campamentos. Para completar las demás actividades, la operación incluye la atención de salud, que ha beneficiado hasta el presente a 183.000 personas, así como suministro de agua potable y saneamiento.

Aunque la operación sigue en su fase de emergencia se ha comenzado a reorientar. A las familias se les está distribuyendo cada vez más material para refugios y para hacer reparaciones, según criterios claros, a fin de ayudarles a empezar a reconstruir sus propios refugios. Los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja están consultando también con las comunidades para determinar sus necesidades y su capacidad de ayudarse a sí mismas.

Paralelamente, el personal y los voluntarios tienen la intención de llegar a las personas en lugares remotos y montañosos como Allai, Shangla y Kohistán, utilizando camiones y helicópteros.

La próxima etapa de la operación será supervisar y volver a visitar a las familias para comprobar su situación y responder a alguna necesidad pendiente.

 



Arzu Ozsoy
Delegado de información de la Federación Internacional en Pakistán.

 

Cobijo para los sobrevivientes del terremoto

El CICR acaba de concluir la distribución de chapas onduladas para 10.912 familias afectadas por el reciente terremoto en la zona de Cachemira administrada por Pakistán. El material sirve para construir alojamientos temporales más apropiados que las simples carpas.

Desde que comenzó la operación, el CICR sabía que una de las mayores dificultades con que la población local iba a tropezar era sobrevivir durante el riguroso invierno. En diciembre de 2005, distribuyó chapas onduladas que resguardan mejor del frío.

El material normalizado que recibieron las familias consistió en 12 chapas onduladas y 10 metros de chapas planas para hacer los empalmes, según indicó Luc Soenen, coordinador de agua y hábitat del CICR en Pakistán. El CICR proporcionó también las herramientas necesarias para construir los alojamientos temporales y reparar las viviendas dañadas. Se pusieron a disposición carpinteros para ayudar a las familias cuyos jefes son ancianos o viudas.

Al 31 de enero, el CICR había distribuido chapas onduladas en 157 localidades de los valles de Neelum y Jhelum, ubicadas por encima del límite de las nieves perpetuas. Para llegar a esos lugares remotos, el CICR utilizó nueve helicópteros que hicieron 505 puentes aéreos desde la base logística de la Institución en Abbottabad. Diez expatriados e ingenieros locales del CICR ayudaron en las operaciones durante dos meses, cuyo costo se elevó a 1,3 millones de dólares estadounidenses.

Líderes y jefes comunitarios, miembros de la Media Luna Roja de Pakistán y soldados del ejército prestaron apoyo para llevar a cabo las distribuciones y ayudaron a identificar a las familias más vulnerables en las distintas localidades.

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