Volver a la página principal de la revista

Un lugar con calor humano

 

Un alegre centro en el noroeste de China acoge a las personas rechazadas a causa del VIH.

En una calle enlodada por el ir y venir de burros y carros, las grandes puertas verdes del centro de actividades de la Cruz Roja China invitan a los transeúntes a cobijarse del crudo frío y entibiarse junto a una estufa. Alegres guirnaldas de flores de plástico y carteles sobre el VIH tapizan todas las paredes y la información está en uigur o mandarín.

El centro se anima y bulle mientras un grupo de jóvenes voluntarios de esa etnia musulmana discuten e intercambian ideas para planificar las próximas visitas que harán al corazón de Xinjiang, provincia del noroeste de China.

A Gulnar se le llenaron los ojos de lágrimas al recordar el momento, hace cuatro años, en que supo que su hija y ella habían contraído el VIH de su marido. El suicidio, explica, parecía ser la única salida para ella.

Cubierta de vergüenza y disimulando la situación a su comunidad en Yining, una ciudad cerca de la frontera con Kazajstán, la familia quedó aún más aislada porque el esposo de Gulnar probablemente contrajo el virus al intercambiar una jeringa de heroína contaminada.

Mientras cuidaba a su marido en las etapas finales de la hepatitis, generada por el VIH, Gulnar se ocupaba también de su bebé seropositivo y se debatía con su propia salud. Desde su lecho de muerte, su marido le imploró que asistiera a un taller sobre el VIH dirigido por la Cruz Roja y, aunque extenuada y deprimida, llegó a duras penas hasta el centro de actividades.

Allí descubrió un lugar con calor humano. Para Gulnar fue como encontrar a una familia cuyos integrantes eran también en su mayor parte de la minoría étnica de los uigures, que viven en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang.

“Mi visión del mundo cambió”, comenta Gulnar refiriéndose al voluntariado. “Me siento respetada por los demás. Estoy en buena salud emocional y me ha servido mucho conocer a personas seropositivas y drogadictos”, asegura.

En 2007 fue empleada como responsable de enlace de la Cruz Roja China, y con su sueldo ha podido mantenerse ella y su hija, lo que sin duda ha multiplicado la eficacia del tratamiento antirretrovírico.

“Las personas que viven con el VIH vienen aquí para compartir, obtener información, relatar sus historias. No tenemos la oportunidad de hacerlo en nuestras propias comunidades”, explica Gulnar.

Durante los últimos cuatro años, más de 30 voluntarios han animado talleres sobre la prevención y los cuidados, creado conciencia acerca del problema y reducido la discriminación mediante visitas comunitarias y presentando obras teatrales que captan la atención de un público muy variado y numeroso.

En toda China se realizan esfuerzos para asistir a unas 700.000 personas que viven con el VIH (de un total mundial de 33 millones). Estas estadísticas y la pérdida de vidas humanas detrás de ellas han llevado a la Cruz Roja China, como parte de la Alianza Mundial contra el VIH y el SIDA de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, a asumir el compromiso de intensificar la lucha contra el VIH para 2010. Su objetivo es llegar a 27 millones de personas con mensajes sobre la prevención y la reducción del estigma y la discriminación, beneficiar a 866.000 personas mediante la educación entre pares y prestar servicios a 90.000 personas que viven con el VIH y sus familias.

En Xinjiang, más de las tres cuartas partes de las 18.206 personas detectadas como seropositivas se han inyectado drogas. La heroína afluye a Xinjiang desde el cercano Afganistán y a través de las rutas del “triángulo de oro” de Asia suroriental, pasando por la provincia de Yunnan donde, en 1989, se diagnosticó el primer caso de VIH en China. En un primer momento, prácticamente sólo los consumidores de drogas por vía intravenosa se infectaban con el VIH, pero el virus se ha ido propagando a sus familias.

La mayoría de los voluntarios se expresan en uigur, lengua hablada por 8 millones de personas. Un 80% de las infecciones por el VIH en Xinjiang se da entre los uigures, y la conservadora cultura musulmana quiere que los mensajes de salud tengan en cuenta las particularidades culturales y, cuando sea posible, sean transmitidos por uigures y entre pares: los hombres educan a los hombres y las mujeres a las mujeres.

Lleva tiempo cambiar la forma de pensar. Gulnar actúa todavía con discreción con respecto a su condición, confía sólo en su madre y elige con cuidado con quién habla.

Forjar la confianza y ganarse el respeto para el programa no ha sido fácil, dice Yasin Abdulla, responsable de programas de VIH en la Cruz Roja.

“Al principio era difícil llamar a las puertas y hablar sobre el VIH y las drogas. Los voluntarios eran expulsados y rechazados, se les arrojaba agua sucia, la gente los insultaba. Debido a la discriminación, muchos abandonaron. “Ahora están empezando a ser aceptados y se reconoce a la Cruz Roja. La comunidad ya no rechaza y la comunidad responde con buenas propuestas”, explica.

La confianza es indispensable para realizar estos programas, y para ello se requiere un enorme esfuerzo, según Dymphna Kenny, asesora en cuestiones de VIH de la Cruz Roja Australiana. “Para fomentar la confianza hay que ser capaz de sentir empatía, mantener la confidencialidad, en particular acerca del consumo de drogas o el VIH, tratar realmente de comprender a las personas, y no basarse en estereotipos o suposiciones, y ser serio para entablar relaciones estrechas y verdaderas entre las personas”, explica.

“Estas interacciones van transformando de a poco la vida”, observa Abdulla.

“Los voluntarios han cambiado y afirmado su voz en la comunidad. Piensan, ‘ahora soy un voluntario, no basura’. Hacen algo bueno para su comunidad.”

En la capital, Urumqi, y en ciudades como Kashgar, cerca de la frontera kazaja, la Cruz Roja está teniendo acceso a los grupos minoritarios marginados.

“Si puedes sintonizar con alguien, es fácil comunicarse”, dice Abdulla. “Debes sopesar cada palabra que dices, si no puedes hacer mucho daño. Estas personas tienen problemas en su vida —son desempleados, hay pobreza, son seropositivos. Necesitan realmente nuestra ayuda. Los alentamos a hacer los talleres y a menudo se convierten en voluntarios.

“La aceptación es fundamental. Debes conectarte con ellos, no sólo en la capacitación sino también en la conversación. A menudo a estas personas vulnerables les cuesta expresarse porque carecen de confianza y les preocupa la confidencialidad. Cuando puedes respetarlos plenamente, como lo harías con un amigo o un familiar, entonces puedes trabajar para resolver los problemas”, asegura Abdulla.

Kelly Chandler
Coordinador de comunicaciones internacionales de la Cruz Roja Australiana.

 


¿Sirve un pulverizador desinfectante para protegerse del VIH cuando alguien tiene una sobredosis de heroína? Los voluntarios entretienen e informan.
©WANG MIN BING / CRUZ ROJA AUSTRALIANA

 

 

 

 

Informe Mundial sobre Desastres 2008

Este año, el informe se centra en el VIH y el SIDA, y se afirma que para ciertos países y grupos las consecuencias son las de un desastre. El informe examina los efectos del VIH en los programas de ayuda humanitaria, los refugiados y las personas afectadas por la guerra y los desastres naturales. La magnitud del problema y las tareas que nos aguardan nos llevan a elaborar programas más eficientes y eficaces en función de los costos. Consulte el informe en email wdr@ifrc.org.

 

 

 

 

 

Los intocables en China

Vivir con el VIH es uno de los secretos mejor guardados en China. La epidemia del VIH sigue propagándose por todo el territorio llevando aparejada la epidemia del aislamiento, que se nutre del estigma y la discriminación. Los malentendidos acerca de la enfermedad y la manera en que se propaga generan prejuicios tales que para un número incalculable de personas ser seropositivo equivale a ser un intocable.

Suzhou tiene 5 millones de migrantes entre sus 11 millones de habitantes. Las autoridades estiman que 3 millones de hombres migrantes trabajan en las obras de construcción. Vienen de todo el país, en su mayoría de las regiones pobres, adonde envían remesas de dinero.

Algunos estudios muestran que, lejos de casa durante largos períodos de tiempo, los hombres migrantes suelen tener relaciones sexuales con trabajadoras del sexo pero a menudo no protegidas. La probabilidad de que éstos sean de los principales causantes de la epidemia en China ha llevado a la Cruz Roja China a focalizar en ellos su programa de prevención y asistencia.

Liu, que tiene VIH, dice: “Hablamos de nuestra condición sólo cuando es absolutamente necesario. Mi familia no supo nada hasta que no pude levantarme de la cama por la mañana y me obligaron a explicar lo que pasaba. Es el momento más difícil para todos nosotros.”

Varios grupos comunitarios dirigidos por personas seropositivas y para personas seropositivas, con el apoyo de la Cruz Roja China, mantienen contactos con las personas afectadas por el VIH y las invitan a sus encuentros. También imparten educación entre pares, y formación en aspectos como la observancia del tratamiento. Un grupo de apoyo, establecido desde hace más tiempo, tiene incluso un sitio web muy visitado, en el que se puede conversar, y está preparando una revista que se publicará en el sitio. Un abogado voluntario ofrece apoyo jurídico a las personas seropositivas. John Sparrow, consultor en comunicación de la Cruz Roja Neerlandesa.

 

 


Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

©2008 

Copyright