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El Cuerno de África
En el límite de la supervivencia

El espectro de la hambruna se cierne sobre África oriental. ¿Qué puede hacer el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para ayudar?


Un campesino recoge maíz seco en su granja en Kwale, ciudad de la Provincia Costera de Kenya.
©REUTERS / JOSEPH OKANGA, CORTESÍA DE www.alertnet.org

Salihu Sultan se dedica a su comunidad con la máxima abnegación que se puede esperar de un responsable de filial de la Cruz Roja. En vez de quedarse con su esposa y sus cuatro hijos en Addis Abeba, 600 kms al norte, se queda en su casita situada en una ajetreada calle de Negele, la cosmopolita ciudad comercial del extremo sur de Etiopía, castigado por la sequía.

Sultan, de 40 años, sus voluntarios y los miembros de la dirección están atentos (la falta de recursos no les permite hacer mucho más) a los grupos vulnerables que van en aumento en la ciudad y en sus alrededores. Uno de ellos es el pueblo tribal marehan, al que le robaron todo su ganado y que ha improvisado asentamientos en el límite de la ciudad. También están los refugiados etíopes que huyeron a Somalia durante el régimen del Dergue (1974-1987) y después regresaron para instalarse de nuevo en su país, así como los soldados convertidos en agricultores instalados en un viejo cuartel en las afueras de la ciudad y que perdieron sus cultivos en la sequía de 2008.

Pero sobre todo, Sultan está preocupado por las comunidades de pastores nómadas diseminadas por los miles de kilómetros cuadrados de tierras resecas que se extienden a ambos lados de los caminos que conducen hacia el sur, a la frontera con Kenya. Muchas de ellas están en la zona roja del mapa de la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS), en la que las familias enfrentan una gran escasez de alimentos básicos que las lleva a deshacerse de bienes productivos como ganado y a padecer “índices elevados de malnutrición aguda”, según FEWS.

“La sequía es muy grave en esta zona”, afirma Sultan, que está de pie sobre un dique del río Chulul, uno de los más importantes del lugar para abastecer de agua a las comunidades de pastores. “Si el Dawa se seca también, tendremos un gran desastre aquí.”

Un cuadro detallado de la crisis ambiental y humanitaria que afecta a esta parte de la región de Oromiya se conoció el año pasado después de que una investigación realizada en julio por funcionarios locales fuera puesta en conocimiento del equipo de evaluación de la Federación Internacional que visitó el Cuerno de África para preparar un nuevo llamamiento.

El informe está redactado con prudencia; ni la más mínima petición especial para el lugar. Si en algo se apartaron de la línea los expertos de Oromiya fue para poner de relieve la resiliencia por la que son famosos los pastores del Cuerno de África. En una parte dedicada a los mecanismos de subsistencia, los evaluadores (funcionarios locales, agrónomos, ingenieros hidráulicos y enfermeras) detallaron cómo los pastores comparten todo lo que tienen para asegurarse de que nadie quede totalmente desamparado, cazan animales salvajes, juntan frutas y raíces y emprenden actividades comerciales de pequeña escala.

Pero los entrevistados “comunicaron uniformemente” que las tres últimas temporadas de lluvias fueron “tan malas que el medio de producción ganadera ha mostrado un serio deterioro”. El pasto escaseaba por “el pastoreo excesivo debido a la prolongada sequía”; había una seria escasez de agua para consumo humano; las cosechas eran malas por “la falta de lluvia en los períodos críticos” y hasta la solución de emigrar a zonas vecinas –tradicional en los nómadas– estaba limitada porque las condiciones no eran mejores en otras partes.

Al borde de la hambruna

Pero para las comunidades que dependen casi por completo de sus animales fue peor el efecto en el ganado. “Debido a la prolongada sequía la vacas no parían” decía el informe y “se disponía de muy poca cantidad de leche”. El precio de un vaso de leche se había triplicado y costaba unos 30 centavos de dólarestadounidense. El ganado moría en “cantidades extraordinarias”.

Una visita de la Federación Internacional a la aldea de Melka Guba, a medio camino entre Negele y la frontera con Kenya, confirmó esto. “Hemos perdido más de 1.000 cabezas de ganado sóloeste año”, dijo el jefe Dhane Gelgelo, “y muchas más siguen muriéndose”. En su mejor momento, la comunidad poseía 6.000 cabezas; ahora el número ha descendido a unas 2.000.

El ganado sobreviviente estaba en pésimas condiciones e intentaba alimentarse con hierbas de mala calidad que hacían lucir engañosamente verde la tierra en algunos lugares. “Los registros indican que hay actualmente 620 familias que perdieron su ganado”, añade Gelgelo, de 34 años, y explica que los pobladores habitualmente hacían largos viajes para internarse en el monte para que los animales pudieran pastar y ramonear pero han dejado de hacerlo porque es inútil: la sequía no ha dejado nada.

“Después de todo esto suponemos que va a empezar a morir la gente”, dice. Y agrega que en el monte, lejos de la carretera, han oído que algunos pastores ya estaban muriendo.

La malnutrición no se notaba mucho en Melka Guba; no hay ningún centro de alimentación; no hay escenas de niños deshidratados y moribundos que históricamente produjeron operaciones masivas de socorro alimentario en África. Pero la condición de los animales parecía una advertencia de los dioses: los matorrales que circundan la aldea están llenos de huesos que de noche roen las hienas.
 
Como la mayoría de los habitantes de Melka Guba, Konso Aga, de 45 años, come sólo dos veces al día. “Maíz asado de mañana para el desayuno o a veces kollo (cebada)”, dice la mujer a la Federación Internacional. “Maíz hervido para la cena. También como mud bura o ogomde”, que son bayas silvestres que crecen en las inmediaciones y ayudan a los pastores a soportar los tiempos de escasez. Pero nada de carne, ni de frutas o vegetales adecuados, ni tampoco productos lácteos.

Cuando los pobladores señalan que ya no hay ningún tipo de alimento especial para los niños (que pasan directamente del pecho a los cereales), no es difícil saber por qué siempre son las primeras víctimas de las crisis de seguridad alimentaria como ésta. Y sus “comidas” son lavadas con un agua muy sucia y no potable.

“Esta gente se encamina a una muerte masiva por hambre si el mundo no hace algo” afirma Bekele Geleta, Secretario General de la Federación Internacional y etíope de nacimiento.

“Las sequías son mucho más frecuentes ahora”, añade, “y afectan a nuevas zonas y cada vez a más personas.”

En Negele, los miembros de la filial de la Cruz Roja Etíope y los funcionarios locales concuerdan en que los efectos de la sequía se han intensificado desde que la evaluación de julio recomendó una asistencia alimentaria urgente para más de 140.000 personas de los dos únicos woredas (barrios) que inspeccionaron: Liben y Goro-Dola.

En el informe se hablaba de una mayoría de personas “que pasa de un estado de nutrición normal a la malnutrición” como consecuencia de un “trastorno ambiental y comercial”. De un total de casi 30.000 niños menores de cinco años, el 85 % necesitaba alimentación de emergencia; la mitad de las casi 6.500 madres que amamantaban y mujeres embarazadas necesitaban “alimentación suplementaria de emergencia”.

El aumento del precio de los alimentos

No es una novedad la sequía en el Cuerno de África, donde la situación se ve agravada por los conflictos que en algunos casos han durado decenas de años, especialmente en Somalia. “Estamos asistiendo a un grave deterioro de la situación humanitaria en Somalia” dice Pascal Mauchle, jefe de la delegación del CICR para ese país con sede en Nairobi. “Cientos de miles de personas han huido de los combates y de la sequía.” El año pasado el CICR casi triplicó la cuantía de su ayuda alimentaria a Somalia en comparación con 2007 (véase recuadro).

Por medio de la Media Luna Roja Somalí, que sigue siendo la única organización con algo parecido al acceso humanitario general, el llamamiento que la Federación Internacional emitió el 11 de diciembre tiene por objeto ampliar las redes de salud, nutrición y agua y saneamiento existentes en Somalilandia y Puntlandia, en conformidad con los mandatos internacionales, como la mejor manera de incrementar el esfuerzo humanitario.

Pero según la evaluación multidisciplinaria de la Federación Internacional, publicada en diciembre, se recalca que al igual que el conflicto continuo, lo que en 2008 llevó a la región a una situación límite fue que, por primera vez, la sequía iba acompañada de “una serie importante de factores”, especialmente el alza excesiva de los precios sointernacionales de los alimentos. Esto es determinante en una región que depende, incluso en años buenos, de las importaciones.

“Nunca antes los mercados internacionales habían tenido efectos tan desastrosos en la seguridad alimentaria de los más vulnerables del Cuerno de África”, señala Roger Bracke, jefe del equipo de evaluación.

Desde el punto de vista de los donantes humanitarios –posiblemente aburridos de poner dinero en una región a menudo descrita como un caso perdido– esto no es sólo “más de lo mismo”, subraya.

La crisis humanitaria más urgente

Los investigadores etíopes comprobaron que la inflación de los precios de los alimentos en la parte de Oromiya que estudiaban era peor de lo que pensaban. En un período de dos años hasta la mitad de 2008, el trigo y el maíz aumentaron un 250 % y 344% respectivamente. El precio del teff (cereal básico de Etiopía), un indicador humanitario clave, aumentó el 245%. Pero lo más elocuente es que en el mismo período, mientras la condición del ganado se deterioraba y más familias vendían sus animales, el precio de un novillo aumentó sólo el 9%. Las comunidades nómadas forzadas a vender sus bienes para sobrevivir se encaminaban irremediablemente hacia la catástrofe.

En Etiopía, el número de personas que según el gobierno y la comunidad humanitaria necesitan ayuda alimentaria de emergencia aumentó sin cesar el año pasado, de más de 2 millones cuando la Federación Internacional publicó su primer llamamiento por 1,8 millón de dólares estadounidenses en mayo, a 4,6 millones en junio, a casi 6,5 millones en octubre, principalmente en las regiones meridionales del país. Esta cifra no incluye otros 5,7 millones del programa de la red productiva de seguridad del gobierno.

En enero de 2009 esta cifra se redujo nuevamente a 4,9 millones, y 1,2 millón más de madres y niños menores de cinco años necesitarán alimentación suplementaria.

Sin embargo, los funcionarios etíopes que presentan la “evaluación entre organismos” para 2009 a los donantes y diplomáticos subrayaron que la cifra puede volver a aumentar si la temporada de lluvias de marzo es mala o no se produce.

En Djibouti, Etiopía, Kenya y Somalia (en proporción el país más afectado), que son los países incluidos en el llamamiento de la Federación Internacional, unos 17 millones de personas estuvieron en peligro en 2008 según Naciones Unidas, por lo que se sigue considerando al Cuerno de África la región de crisis humanitaria cuantitativamente más urgente del mundo.

Otra parte de Etiopía que causó preocupación fue la región norteña de Afar, donde en julio pasado la periodista de la BBC Karen Allen filmó a personas comiendo ración de animales. En Afar, la red de seguridad del gobierno puede cubrir, por el momento, gran parte de las necesidades humanitarias. Pero la región comparte un microclimay una frontera con Djibouti, donde los pastores han tenido que abandonar sus zonas tradicionales de pastoreo debido a la sequía y un número creciente de ellos se dirige a la capital.

“Muchos pastores de Djibouti se han convertido en refugiados ambientales en su propio país”, asegura Tarun Sarwal, delegado de cuestiones de recuperación de la Cruz Roja Británica del equipo de evaluación. “Somos todas personas con experiencia”, añade, “pero hemos visto lo peor de la peor pobreza en muchas partes del mundo y nos empeñamos en que esta gente pueda sobrevivir.”

Robert Fraser, especialista en agua y saneamiento, que vivió allí hace 20 años, dice que ahora la ciudad de Djibouti está “completamente rodeada de asentamientos informales habitados por personas que han huido del campo empujadas por la desesperación. Las personas que encontramos en el campo están literalmente aferradas a lo que ha de verse como un modo de vida en extinción debido a la pérdida de fuentes de agua y de pasto.”

En Sankhal, por ejemplo, un paisaje lunar de colinas rocosas y quemadas situado a 110 km al oeste de la ciudad de Djibouti en la frontera con Etiopía, unas 2.000 familias de pastores desplazadas por la sequía de zonas aún más remotas están tratando de hacerse un nuevo hogar. Los que una vez fueron pastores nómadas tienen hambre, sed y a menudo están enfermos.

“No ha llovido en todo el año”, dice el jefe Mahamoud Robleh, de 60 años, señalando con su bastón el sol abrasador. Un pozo en vías de agotarse es una de las pocas fuentes de agua de los pobladores y, también en este caso, evidentemente no potable. Las consecuencias para los más pequeños pueden ser letales en el corto plazo.

“Ayer se murieron dos niños de diarrea”, dice Robleh. “Muchas personas están enfermas en sus chozas.” Y agrega que la mayoría de las mujeres y los niños están desnutridos.

Wadis secos

Al preguntarle sobre la situación de las pastoras, Muna Abdullahi, de 28 años, secretaria general de la filial de la Media Luna Roja de Djibouti, contesta que enfrentan muchas dificultades. “Desde que amanece hasta que oscurece buscan alimentos y agua para mantener a sus familias. En vez de las frutas silvestres que acostumbraban a recoger, los pocos árboles vivos ahora dan sólo leña. Muchas personas necesitan un techo, mantas, mosquiteros y alimentos.”

Según Abdullahi, la Media Luna Roja cree que los pastores podrían, con algo de ayuda, encontrar otros medios de vida como el tejido para las mujeres y el “agropastoreo” para los hombres (horticultura en pequeña escala combinada con la cría de algún animal, posiblemente cabras, que puedan sointernacionales portar mejor las condiciones de aridez).

“Quisiéramos hacer mucho más para ayudar a la gente con agua y saneamiento”, dice Abdi Khaireh Bouh, secretario general de la Media Luna Roja de Djibouti. “El agua es lo principal.”

Moussa Djama, su suplente, lo expresa sin rodeos: “Todos nuestros wadis están secos. La gente depende de pozos que a menudo son poco profundos y muy contaminados. Perforar pozos más hondos es muy caro.”

La hambruna no es una opción

¿Cómo puede entonces el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ayudar mancomunadamente a desterrar del Cuerno de África el espectro de la hambruna?

Con su nuevo llamamiento por casi 100 millones de dólares estadounidenses, la Federación Internacional espera –si lo permiten los donantes internacionales– asistir a 2,2 millones de beneficiarios en Djibouti, Etiopía, Kenya y Somalia durante cinco años. A fines de febrero se iba a organizar una cadena de distribución de alimentos en la región etíope de Oromiya, con centro en Negele, para hacer llegar alimentos conseguidos en Etiopía a 20 puntos situados hasta 100 km de distancia . Se calcula que este año 5 millones de personas necesitarán ayuda alimentaria, fuera del programa de red de seguridad del gobierno. Pero el número podría aumentar si la temporada de lluvias de marzo es mala o no se produce.

“La hambruna no es una opción”, afirma categóricamente Roger Bracke. “No se puede seguir dejando a la gente de esta región sufrir en silencio. No podemos quedarnos de brazos cruzados y aceptar lo inaceptable.”

Según Pascal Mauchle, delegado del CICR, “El carácter crónico de la crisis ha agotado por completo la capacidad de la gente para soportarla.”

Sin embargo, en cierta medida el llamamiento de la Federación Internacional tiene preferencia y, por lo tanto, exige una respuesta. Cuando en los noticieros vespertinos de la televisión aparecen fotos de personas muriendo de hambre es demasiado tarde: una operación de socorro alimentario (incluso una en la que se consigan los alimentos localmente, como será esta) exige muchas semanas de organización. Transportar alimentos por aire, salvo tal vez algunos especiales para bebés, no suele ser una buena solución según los especialistas en logística que están trabajando en la operación del Cuerno de África.

Según Bekele Geleta, un convencido de lo acertado del principio “alerta temprana y acción temprana”, también sería un error pintar un cuadro totalmente negativo especialmente de Etiopía, donde los números son mayores, para tratar de desbloquear los fondos de los donantes. “Hace poco fui a mi país por primera vez en 17 años”, señaló a Cruz Roja, Media Luna Roja, “y se había avanzado muchísimo con la construcción de infraestructura, escuelas, dispensarios, medios de comunicación y la electrificación.”

Por esta razón, Geleta opina que “no se ha dado al gobierno de Etiopía el reconocimiento que merece. Pero el país está sufriendo graves efectos del cambio climático y como todos los países, sus capacidades son finitas. Sin duda está avanzando, pero la reestructuración económica y la creación de riqueza pueden producir trastornos y desempleo hasta que la riqueza pueda ser reinvertida con éxito. “Ahora la diáspora etíope debe movilizarse para ayudar a impedir este desastre. Necesitamos aún menos política y aún más desarrollo.”

Alex Wynter
Periodista y redactor independiente radicado en Londres.

 

 

 

 

 

 

 


Voluntarios de la Cruz Roja distribuyen víveres en Etiopía.
©Jose Cendon / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

 

 

 

 

 

 

 

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©ALEX WYNTER / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

Salihu Sultan

Salihu Sultan, 40 años, responsable de la filial de la Cruz Roja Etíope en Negele, está preocupado por el hambre en las comunidades de pastores nómadas diseminadas por miles de kilómetros cuadrados de tierras resecas cerca de la frontera con Kenya. “La sequía es muy grave en esta zona. Si el río Dawa se seca también, tendremos un gran desastre aquí.”

 

 

 

 

 

 

 


En un centro de nutrición en el pueblo de Boditi, en la región de Wolayita en Etiopía, un niño desnutrido agarra la mano de su madre.
©Jose Cendon / FEDERACIÓN INTERNACIONAL

 

 

 

 

 

 

 


Trabajando a control remoto

Entrevista a Mathias Frese, encargado de los programas de seguridad económica del CICR para Somalia

¿Cómo describiría la situación humanitaria en Somalia hoy?
Muchas personas viven en condiciones espantosas y los únicos mecanismos de supervivencia son la recolección de leña y luego la mendicidad.

Si se tiene en cuenta el desplazamiento que se ha producido y los desastres naturales, hay cientos de miles de familias que necesitan apoyo actualmente. Los desplazados suelen buscar refugio con sus parientes o su clan. En el sistema tradicional somalí, la familia de acogida tiene que apoyar a la familia desplazada pero podrá imaginar la carga que eso significa para la familia de acogida.

Por lo que respecta a la comunidad nómada de Somalia, el número de cabezas de ganado ha disminuido enormemente debido a la falta de pasto, tierras de pastoreo y agua.

¿Puede responder oportuna y eficientemente a pesar de loinestable de la seguridad en el terreno?
Muchos colaboradores humanitarios han sido secuestrados o asesinados en actos cobardes, así que estamos trabajando desde Kenya. Lo ideal es que el delegado expatriado del CICR vaya al terreno con los colegas somalíes y con gente de la Media Luna Roja Somalí, pero la mayor parte del tiempo tenemos que depender de la información que recogemos de informes, llamadas telefónicas o conversaciones.

Durante los cinco últimos meses de 2008 distribuimos ayuda alimentaria a cerca de medio millón de personas. En la mayoría de las regiones en las que está trabajando el CICR tenemos una excelente cooperación con la Sociedad Nacional a todo nivel y particularmente para nuestras grandes intervenciones de socorro. Sus expertos y voluntarios nos asisten en la evaluación, desempeñan un papel fundamental en la distribución, llegan a las comunidades. Son el sólido pilar de la labor del CICR en Somalia.

¿Está seguro de que la ayuda no es desviada o vendida en el mercado local?
Mantenemos un diálogo permanente con los jefes o ancianos de la comunidad. Si hubiera una apropiación indebida de la ayuda lo sabríamos de inmediato por diversos canales. Somos transparentes; la población sabe lo que estamos haciendo, qué estamos distribuyendo y a quiénes. Además, la gente sabe que cuando el CICR evalúa una situación de desplazamiento o de grupos vulnerables, no vamos a darles la espalda sino que volvemos con asistencia esencial.

Entrevista de Pedram Yazdi, delegado de comunicación del CICR para Somalia.

 

 

 

 

 

 



Una niña lleva a su hermano mientras espera la distribución de alimentos en el pueblo de Buge, en la región de Wolayita en Etiopía.
©REUTERS / Jose Cendon / FEDERACIÓN INTERNACIONAL, CORTESÍA DE www.alertnet.org

 

 

 

 

 

 

 

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MahamoudRobleh

Mahamoud Robleh, de 60 años, jefe de la aldea de Sankhal, Djibouti, dice que la mayoría de las mujeres y los niños están desnutridos. “Dos niños murieron ayer de diarrea. Muchas personas están enfermas en sus chozas.”

 

 

 

 

 

 

 


Los alimentos y las semillas de la Cruz Roja Etíope mantienen el hambre a raya para Anteshe Ganta y sus tres niños.
©JOSE CENDON / FEDERACIÓN INTERNACIONAL


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