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Nuestro mundo

en guerra

 Una forma de ayudar a las víctimas de las atrocidades de la guerra es documentar las realidades que se viven en ella: muerte, desplazamiento, detención y pérdida. Hoy, más que nunca, el CICR reconoce la importancia de poder mostrar las imágenes de los efectos que produce la guerra desde la perspectiva de hombres, mujeres y niños afectados por ella, así como de quienes les prestan auxilio como trabajadores del CICR y de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. El CICR cree firmemente que las fotografías pueden aportar un cambio verdadero: informar, movilizar e influir en el curso de los eventos hoy y mañana.

Este año es una fecha importante para la Cruz Roja y la Media Luna Roja porque se conmemoran los 150 años de la batalla de Solferino, donde surgió la idea de este movimiento universal. Durante más de nueve horas se libró allí una feroz batalla; murieron 6.000 soldados y otros 35.000 resultaron heridos, fueron dados por desaparecidos o fueron hechos prisioneros. Testigos oculares horrorizados dieron cuenta de soldados heridos y muertos a tiros o a golpe de bayoneta. También este año se conmemoran los 150 años de la fotografía. El origen de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja coincidió con el de la fotografía. Los fotógrafos de guerra y los trabajadores humanitarios comparten el mismo propósito: poner término al sufrimiento inaceptable causado por la guerra.

También este año cumplen sesenta años los Convenios de Ginebra, la piedra angular del derecho internacional humanitario, por los que se confieren protección y asistencia a aquellos que no participan o que han dejado de participar en las hostilidades. Este derecho se desarrolló para poner límites al comportamiento en la guerra y acabar con la barbarie. Hoy, aceptados por todas las naciones, estos cuatro convenios son realmente universales.

A fin de conmemorar esos aniversarios, y los 90 años desde la fundación de la Federación Internacional, el Movimiento lanzó la campaña “Nuestro mundo. Tu acción.” para recordar a cada uno la responsabilidad que le incumbe de mitigar el sufrimiento humano. Por su parte, el CICR encargó a la agencia VII que enviara cinco fotógrafos de guerra galardonados a ocho países afectados por situaciones bélicas: Afganistán, Colombia, República Democrática del Congo, Filipinas, Georgia, Líbano, Liberia y Haití. El resultado de esas misiones es la exposición fotográfica Nuestro Mundo – En Guerra.

El CICR y los fotógrafos, James Nachtwey, Franco Pagetti, Antonin Kratochvil, Ron Haviv y Christopher Morris, se unieron en esta exposición para llamar la atención del mundo sobre historias personales de pérdida y sufrimiento en la guerra: mujeres que intentan superar el trauma de haber sido víctimas de violencia sexual, familias que enfrentan el desarraigo y el desplazamiento, personas victimizadas por la guerra. Las imágenes retratan también los esfuerzos inspiradores realizados por hombres y mujeres ordinarios para limitar el sufrimiento humano en algunos de los rincones más violentos del mundo.

La finalidad de la exposición es motivar a las personas para que actúen en favor de las víctimas de la guerra. Tal como lo explica James Nachtwey: “Poco importa lo que se sienta o vea –indignación, tristeza, incredulidad– al mirar una imagen del sufrimiento humano, creo que la reacción esencial es la compasión. La compasión humaniza los problemas, nos ayuda a identificarnos con los demás y nos exige corregir lo que es inaceptable”.

Charlotte Lindsey Curtet
Directora adjunta de Comunicaciones del CICR.

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Un partido por la vida

El fútbol entre personas amputadas es una importantísima fuente de esperanza y consuelo para uno de los grupos más marginados en Liberia: los hombres jóvenes amputados. Son, en su mayoría, víctimas de la guerra. Que algunos de ellos hayan participado en esa guerra no hace más que agravar la estigmatización que afecta al grupo.

“Cuando se les pregunta cómo se sintieron después de la amputación, casi todos responden que deseaban morir,” dice Paul A. Tolbert, director técnico del equipo nacional de fútbol de amputados. “La vida no tenía más sentido para ellos. El fútbol de amputados renueva su esperanza. Pensemos, por ejemplo, en el hombre a quien nombraron “jugador más valioso” en el reciente campeonato africano de fútbol de amputados. Era un excelente jugador, pero perdió la esperanza cuando le amputaron una pierna. Cuando fui a reclutarlo, le dije: ‘Tú puedes hacerlo. Todavía tienes una oportunidad.’ Ha recuperado la esperanza, y no sólo eso: ahora sabe que lo que no pudo hacer antes -ganar una guerra cuando tenía las dos piernas- ahora puede hacerlo con una sola.”
©CHRISTOPHER MORRIS / CICR / VII

 

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Durmiendo sobre cartones

En la isla de Mindanao, en Filipinas, un niño juega frente a la vivienda provisional de su familia, en un centro de evacuación situado en la línea del frente entre las fuerzas gubernamentales y los combatientes de la oposición armada. Algunas familias pudieron refugiarse en escuelas y edificios públicos, pero otras viven en condiciones más precarias; a veces, en lugar de camas, duermen sobre trozos de cartón.
©JAMES NACHTWE Y / CICR / VII

 

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Una pérdida tras otras

Hace casi dos años, cuando estallaron las hostilidades entre el ejército libanés y las milicias musulmanas en el campamento de Nahr el-Bared, Hasniyye Yehia Tawiyyeh, que residía en el campamento, se vio obligada a huir. Hoy, vive en el vecino campamento de Beddawi. Poco después de la huida, su esposo tuvo que ser hospitalizado. Una semana después, murió en brazos de Hasniyye, mientras ésta lo ayudaba a subir las escaleras para llegar al séptimo piso, donde se encuentra su pequeño apartamento. Su hijo la visitó en 2007. Un viernes, fue a participar en las oraciones y no volvió. Más tarde, Hasniyye supo que era uno de los dos jóvenes que, ese viernes, habían muerto durante una protesta pacífica contra las hostilidades. Dice Hasniyye: “He atravesado muchos momentos difíciles. Pero si pusiera todas esas penurias en una mano, y la muerte de mi hijo en la otra, ésta pesaría mucho más que todos los otros sufrimientos que he soportado.”
©FRANCO PAGETTI / CICR / VII


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Esperando noticias

Ozias tiene once años. Aquí, en un refugio transitorio, se preguntaba si sus padres estaban con vida. Gracias a los esfuerzos del CICR, al poco tiempo pudo reunirse con sus familiares. Las familias que se ven obligadas a huir del hogar a menudo quedan separadas. En la República Democrática del Congo, el número de niños huérfanos o no acompañados aumenta con cada nuevo conflicto. Un colaborador de la Cruz Roja explica: “En esta guerra, las mujeres son violadas, los niños quedan separados de sus familiares, y los padres mueren. Los niños quedan sin hogar y viven como vagabundos”.
©RON HAVIV / CICR / VII


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Un paso a la vez

En las instalaciones de entrenamiento para la marcha del centro ortopédico del CICR en Kabul, Alberto Cairo, jefe del programa de ortopedia del CICR en Afganistán, trabaja con la víctima de una mina, un doble amputado que acaba de recibir sus dos prótesis. La persona amputada tiene que aprender a caminar de nuevo. Es sumamente importante ayudar al paciente a pararse y caminar correctamente desde el principio del entrenamiento. El paciente que aprende a hacerlo bien desde el comienzo, caminará bien el resto de su vida. Los malos hábitos que se adquieren temprano son muy difíciles de cambiar.
©JAMES NACHTWEY / CICR / VII



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Tras las rejas

Esta cárcel de mujeres, El Buen Pastor, se encuentra en Bogotá. Un sector del establecimiento es ocupado por 75 mujeres con sus bebés e hijos pequeños. Las mujeres se encuentran detenidas por su presunta vinculación con grupos rebeldes y por delitos que habrían cometido como miembros de esos grupos. El CICR visita a estas detenidas en cumplimiento de su cometido, que consiste en garantizar el respeto de la vida y la dignidad de los prisioneros de guerra y otros detenidos, y prevenir la tortura, los malos tratos y los abusos. Tales actos constituyen violaciones de los derechos básicos y de los principios fundamentales de humanidad, generan odio y dan lugar a cíclicas manifestaciones de violencia.
©FRANCO PAGETTI / CICR / VII

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