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Situación crítica

 

Entrevista a Reto Stocker, jefe de delegación del CICR en Afganistán.

El aumento alarmante del número de víctimas de guerra trasladado al hospital regional Mirwais en Kandahar, que recibe apoyo del CICR, es sólo unaindicación de que la situación en Afganistán sigue agravándose.

La proliferación de los grupos armados, la reciente matanza de colaboradores humanitarios y la continuación del conflicto dificulta enormemente la tarea de prestar asistencia humanitaria. Para los civiles atrapados en el fuego cruzado la situación es aún más terrible. Todos los días hay madres que llevan demasiado tarde a sus hijos al hospital de Kandahar porque temen viajar o porque pierden mucho tiempo a causa de los controles en la carretera.

“Esto sólo la punta del iceberg. Los que sufren otro tipo de heridas o han contraído enfermedades como resultado indirecto del conflicto superan con creces el número de pacientes con heridas por armas”, dice el jefe de la delegación del CICR en Kabul, Reto Stocker. “El resultado es que los niños mueren de tétanos, sarampión y tuberculosis, enfermedades que son de fácil prevención mediante vacunas. Asimismo hay mujeres que mueren en el parto y hombres vigorosos que mueren a causa de simples infecciones”.

¿Cuál es el mayor desafío que afronta el CICR para realizar sus actividades humanitarias?
Estar cerca de las personas necesitadas es el aspecto más fundamental y más problemático de nuestra labor en Afganistán. Sólo podemos prestar servicios si tenemos presencia física allí donde la ayuda es más importante.

Antes de la intervención militar de 2001, se podía acceder fácilmente a la mayoría de los lugares de Afganistán. A principios de 2003, el país comenzó a presentar muchos más peligros para el personal humanitario, situación que culminó en el asesinato de un delegado del CICR. Ese acontecimiento marcó el fin del acceso humanitario tal como lo conocíamos, y señaló el comienzo de una insurgencia en todo el sentido de la palabra.

Al iniciar o reanudar un diálogo sustantivo con todas las partes beligerantes, sin tomar partido y sin discriminar entre las personas a quienes el CICR desea asistir, hemos logrado prestar ayuda a las personas afectadas por la guerra en muchos lugares —a menudo en asociación con la Media Luna Roja Afgana, que realiza actividades en casi todo el país— y ampliar nuestra presencia en las regiones del norte y el sur. Actualmente, la operación humanitaria en Afganistán es la de mayor envergadura en cuanto a los recursos comprometidos, entre todas las actividades del CICR en el mundo.

El CICR suele describirse como un intermediario neutral en los conflictos armados. ¿Puede el CICR también ayudar a otras organizaciones a prestar servicios importantes a las personas necesitadas en este peligroso entorno?
Sí, a veces ayudamos a otras organizaciones humanitarias que ofrecen un servicio esencial pero que tienen dificultades para prestarlo debido a las complejas características del entorno y a la inseguridad. Por ejemplo, desde hace un tiempo, estamos ayudando a realizar una importante campaña de vacunación, para lo cual persuadimos a las partes en el conflicto de que es necesaria y que deben permitir que se realice. El derecho internacional humanitario reconoce la necesidad de que haya un intermediario neutral e independiente al que todas las partes en un conflicto puedan acudir. Desempeñando precisamente ese papel, prestamos ayuda en las liberaciones de rehenes, evacuamos las víctimas del campo de batalla y restablecemos el contacto entre las personas detenidas por la parte contraria con sus familiares, para mencionar sólo algunas de nuestras actividades.

¿Es ahora más fácil o más difícil para las organizaciones humanitarias llegar hasta las personas que necesitan ayuda? En otras palabras, ¿obtener acceso resulta muy problemático?
La medida en que hemos podido llegar hasta las personas en Afganistán a fin de prestarles servicios humanitarios esenciales ha cambiado considerablemente a lo largo de los años, desde 2002. Inmediatamente después de la intervención militar de 2001, se invitó a muchas organizaciones humanitarias a integrar las actividades humanitarias en la estrategia militar y política general de estabilización y reconstrucción, modalidad que nosotros no seguimos. Esa práctica generó la percepción de que los objetivos de algunos organismos de ayuda no eran exclusivamente humanitarios. Como resultado de ello, se restringió su acceso a algunas partes del país.

Sin embargo, recientemente, muchas organizaciones humanitarias han procurado tomar distancia del ámbito político y militar, para trabajar en base a lineamientos puramente humanitarios y a la vez adoptar un enfoque neutral e imparcial. De este modo, reconocen que la única forma de que las organizaciones humanitarias puedan operar a ambos lados de las líneas del frente es tener motivaciones exclusivamente humanitarias y no tomar partido por nadie. Esta modalidad ha llevado a que, en los últimos tres a cuatro años, ha aumentado la aceptación de algunas organizaciones, gracias a lo cual su acceso ha mejorado.

Este año varios profesionales médicos de una organización internacional humanitaria resultaron muertos en el norte del país. ¿Han pensado ustedes en usar guardias armados o adoptar alguna medida de ese tipo para proteger a su personal?
En primer lugar, en Afganistán no existe la seguridad absoluta, ni para nosotros en el CICR ni para ninguna otra persona. Volviendo a su pregunta, la respuesta es no. No tenemos guardias armados que protejan las oficinas o las residencias de los 1.600 miembros de nuestro personal y no usamos vehículos a prueba de balas. Creemos que nuestra seguridad reside principalmente en la confianza y la aceptación de que goza el CICR en Afganistán. A nuestro juicio, la opción de construir muros más altos alrededor de nuestras oficinas o contratar guardias armados sería contraproducente y, más que acercarnos, nos alejaría de las personas a las que hemos venido a ayudar.

¿Cuáles son las perspectivas para los meses y años venideros? ¿Podrán el CICR y las otras organizaciones humanitarias seguir llegando hasta las personas que necesitan su ayuda, en este país tan grande y con un territorio tan accidentado?
Hay dos factores principales que probablemente influyan en los acontecimientos futuros. Por una parte, la medida en que la gente común y las partes beligerantes acepten que las organizaciones humanitarias son auténticamente neutrales e imparciales y que realizan sus tareas por razones puramente humanitarias, sin duda tendrá gran importancia. Por la otra, los grupos armados y otras partes en el conflicto parecen estar proliferando. Según nuestra experiencia, alcanzar a las personas en un lugar determinado es más fácil cuando hay sólo dos o tres partes distintas con las cuales negociar el acceso, que cuando hay un grupo armado diferente en cada región, en cada distrito o incluso en cada aldea.

Como es habitual, la gente común paga el precio. Un mayor número de grupos armados significa, por lo general, más violencia y sufrimiento y, por consiguiente, una mayor necesidad de la ayuda que proporcionan organizaciones como la nuestra. El mayor número de grupos armados también significa que aumentan considerablemente las dificultades de acceso para las organizaciones como el CICR, que procuran llegar hasta las víctimas, por lo cual más personas quedan fuera del alcance de la ayuda, y así sucesivamente. Es un círculo vicioso. Lamentablemente, tememos que las cosas se estén encaminando en esa dirección.


©Marko Kokic/CICR



 

 

 

 

 

 

“Los que sufren otro tipo de heridas o han contraído enfermedades como resultado indirecto del conflicto superan con creces el número de pacientes con heridas por armas”

 

 

 

 

 

 

 

 


En el hospital Mirwais de Kandahar, el CICR y el personal médico local atienden a un creciente número de heridos de guerra, así como a aquellos que padecen indirectamente los
efectos del conflicto.
©Jan Powell/CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

Aumento de las víctimas

Ha aumentado a un nivel sin precedentes el número de víctimas de guerra trasladado para tratamiento médico al hospital regional Mirwais de Kandahar. El hospital, que recibe el apoyo del CICR, registró cerca de 1.000 nuevos pacientes con heridas relacionadas con las armas en agosto y septiembre de 2010, en comparación con un poco más de 500 durante el mismo período en 2009.

Nuevo centro ortopédico
El CICR abrió un séptimo centro ortopédico en el país, en Lashkar Gah, provincia de Helmand, para atender al repentino incremento del número de amputaciones relacionadas con las armas en el sur de Afganistán.

Formación en primeros auxilios
Desde marzo, la Media Luna Roja Afgana ha formado a más de 500 voluntarios en primeros auxilios como parte de su programa de primeros auxilios basados en la comunidad. Hay más de 23.000 voluntarios capacitados en la materia en todo el país. A menudo, son las únicas personas debidamente capacitadas para dispensar servicios básicos de salud en sus zonas.


©Jan Powell/CICR

 

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