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Editorial de una colaboradora invitada

El problema nos incumbe a todos

La violencia de género puede producirse en cualquier momento y en cualquier lugar pero su prevalencia aumenta durante las situaciones de emergencia por la ausencia de orden público, la falta de servicios de apoyo y el desbarajuste de las redes comunitarias. Esta situación deja a mujeres — y hombres— en un estado de suma vulnerabilidad. Desde el comienzo de cualquier emergencia, las organizaciones humanitarias que trabajan en las zonas de conflicto o que intervienen en caso de desastre natural deben abordar la violencia de género como primera cosa.

Los que sobreviven a la violencia de género necesitan un apoyo inmediato como atención médica, asistencia de la policía, asesoramiento y apoyo legal. Por lo general, pocos de estos servicios existen antes de una emergencia y después quedan menos aún.

Por consiguiente, las organizaciones humanitarias pueden y deben hacer más, tanto antes como después, para garantizar que se presten servicios adecuados a fin de apoyar a los sobrevivientes de conformidad con la buena práctica internacional. Los sobrevivientes también deben conocer estos servicios y obtener acceso a ellos. Las campañas de información y el apoyo en materia de transporte son un buen comienzo.

La prevención también es esencial. Se trata de un esfuerzo a más largo plazo que podría incluir campañas en los medios de comunicación y la difusión de mensajes positivos sobre la no violencia y la integración de la igualdad de género en los programas educativos. En las situaciones de emergencia, las patrullas de seguridad pueden mejorar las condiciones, particularmente para las personas que viven en los campamentos. Para que sea sostenible la labor de prevención debe ajustarse al contexto local.

Las organizaciones humanitarias tienen la responsabilidad moral de abordar estos problemas. En situaciones de emergencia, las mujeres pueden tener comportamientos arriesgados como prostituirse para sobrevivir y mantener a sus hijos, incrementando así el riesgo de la violencia de género. Sin alternativas económicas, las mujeres también son vulnerables a la explotación y al abuso sexuales. Las organizaciones de socorro y de desarrollo que participan en la recuperación a largo plazo deben hacer más en lo relativo a la capacitación, la formulación de políticas de tolerancia cero y la aplicación de códigos de conducta estrictos para prevenir este tipo de abusos. La difusión de mensajes claros (por ejemplo, “la asistencia humanitaria es gratis”) y las iniciativas que den autonomía económica pueden reducir los riesgos y aumentar las oportunidades.

Estos esfuerzos deben ser locales, pertinentes y sostenibles para que las mujeres no tengan que viajar lejos para ir a trabajar, realizar ocupaciones más riesgosas o trabajar en zonas inseguras. Desde el comienzo dela emergencia, podemos apoyarlas capacitándolas profesionalmente y ofreciéndoles oportunidades generadoras de ingresos.

Asimismo, debemos hacer más para velar por que las mujeres desplazadas en campamentos tengan acceso a espacios seguros e instalaciones separadas que dispongan de alumbrado y puedan cerrarse con llave. Asimismo, no debemos olvidarnos de preguntar a las mujeres lo que necesitan. Cuando hablé con ellas en Haití, lo primero que me pidieron es tener acceso a oportunidades económicas. Podemos hacer más para apoyar y proteger a las mujeres que trabajan en el sector informal, incluso darles la posibilidad de guardar en un lugar seguro el dinero que ganan. Podríamos haber hecho mucho más en Haití para dar posibilidades de autonomía económica desde un comienzo.

Pero las mujeres no son sólo víctimas, sino también sobrevivientes que contribuyen a que el país se recupere más rápidamente de los efectos de las emergencias. Las mujeres pueden representar un vínculo entre las comunidades contendientes y potenciar la resiliencia de la comunidad. Los hombres son también un elemento clave de la solución. No todos son agresores y es indispensable que actúen como colaboradores y sensibilizadores.

El Movimiento ocupa un lugar privilegiado para combatir la violencia de género en forma más enérgica. El alcance mundial del Movimiento nos permite dar mayor realce a esta cuestión, no sólo como un problema que atañe a las mujeres sino como un asunto que afecta a todos en las situaciones de emergencia.

Las organizaciones humanitarias reconocen cada vez más la gravedad de este problema. Ahora es preciso que concreten su compromiso dedicando a ello recursos y conocimientos, que interesen al personal superior y a profesionales con experiencia y los capaciten para actuar y producir cambios en el terreno donde más se necesite.

Lina Abirafeh
Lina Abirafeh, PhD, se ha ocupado de cuestiones relacionadas con la violencia de género en Afganistán, Sierra Leona, Papua Nueva Guinea y otros países. Es autora de Gender and International Aid in Afghanistan: The Politics and Effects of Intervention y trabajó recientemente como coordinadora del subgrupo temático sobre violencia de género del Fondo de las Naciones Unidas para la Población/UNICEF en Haití.

 

 

 

 

 

 

 

El alcance mundial
del Movimiento
nos permite dar
mayor realce a
la violencia de
género, no sólo
como un problema
que atañe a las
mujeres únicamente,
sino como un
asunto que afecta
a todos en las
situaciones de
emergencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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