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Los Principios Fundamentales en acción

La neutralidad

En Afganistán, país de guerreros donde imperan leyes ancestrales, a las organizaciones humanitarias que llegan a los lugares más recónditos se las percibe a veces como intrusas y, en las regiones en guerra, también levantan sospechas. El acceso a las zonas de conflicto exige que se mantenga constantemente la confianza de la población. En este contexto, la neutralidad de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se ha vuelto un principio esencial.

Después de caminar una hora con su bebé en brazos, Aki llega por fin al dispensario de la Media Luna Roja Afgana situado en el tranquilo poblado de Danishman. Desde que el establecimiento abrió sus puertas esta mañana, los pacientes afluyen y el lugar se va llenando de a poco con una multitud ruidosa. Los niños corren por todas partes. Los pacientes, en su mayoría mujeres, hacen cola delante de la farmacia, donde Karima, la encargada, distribuye medicamentos gratuitos .

Las madres sentadas en el suelo con sus hijos, esperan su turno delante de las salas de consulta. En medio de este desorden, un hombre con una bata blanca dice en voz alta: “La vacuna contra la polio, es aquí”.

Aki se levanta y se dirige hasta Salang Shah. El viejo enfermero de barba canosa ejerce desde hace 20 años en esta remota región de la provincia de Kabul. La capital está apenas a 20 kilómetros y, sin embargo, la población de este lugar carece de todo. Muchos pueblos no tienen electricidad, sólo los caminos principales están asfaltados y el agua para beber aún se saca de los pozos. Afganistán sigue siendo uno de los países más pobres del mundo, con una mortalidad infantil de 130 por cada 1.000 nacimientos, según el Ministerio de Salud afgano. Esta tasa excepcionalmente alta pone en evidencia la falta de higiene y de infraestructura sanitaria.

La Media Luna Roja Afgana (junto con el CICR, la Federación Internacional y otros asociados) presta una asistencia de salud sumamente necesaria (como vacunas, consultas y primeros auxilios) en zonas del país adonde la mayoría de las otras organizaciones humanitarias no puede llegar. Una parte esencial de esta tarea se lleva a cabo gracias a la labor de los voluntarios de la Sociedad Nacional que se encuentran en todo el país, incluso en las zonas afectadas por los intensos combates, así como a su adhesión a los principios de neutralidad e imparcialidad.

“Estamos recordando constantemente al personal nuestro principio de neutralidad”, precisa Zelmalaï Abdullah, director del programa de lucha contra la poliomielitis de la Media Luna Roja Afgana. “Lo que nos importa aquí es atender a la gente; no nos interesan las filiaciones políticas o étnicas”. Uno de los puntos fuertes de la Media Luna Roja Afgana es que está muy bien arraigada entre la población local, observa. “Este dispensario y el terreno en el que está construido fueron donados por la comunidad”, explica el médico.

Salang Shah, enfermero encargado del programa de vacunación en el distrito, suele visitar a los lugareños. Para granjearse el respeto de la población, busca el apoyo de los jefes locales y los jefes de familia: “Primero vamos a ver al malek [el jefe] sin preocuparnos de sus orígenes étnicos. Incluso si la población es mestiza, hablamos con los jefes”. Las rivalidades existentes entre las diferentes etnias del país alimentan el conflicto. En Chakad Dera conviven los pastunes y los tayikos, dos grupos rivales que se enfrentaron violentamente en los años noventa. Pero Salang Shah logra llegar a todos los sectores de la población preocupándose de respetar las costumbres locales. En estos viajes lo acompaña Nazifa, una enfermera que atiende sólo a las mujeres. Sin ella, muchas pacientes no podrían beneficiarse de los servicios de salud esenciales de la Media Luna Roja.

La neutralidad en acción

No lejos de Danishman, un todoterreno avanza por un camino lleno de baches, cruza un río y sube hasta una aldea de casas de barro: es la primera parada del día para la unidad móvil de urgencia de la Media Luna Roja Afgana. El equipo, que reside en Kabul, visita a los aldeanos más aislados y pobres de la provincia. Rahum Dal, enfermero, vacía el contenido de una cápsula en la boca de una niña acompañada por su madre.

“Soy tayico, pero no tengo problemas porque estamos haciendo nuestro trabajo”, explica. En este pueblo pastún, los habitantes dan la bienvenida al equipo con entusiasmo. El malek afirma que ahora desea que la Media Luna Roja Afgana se quede aquí de forma permanente.

La Media Luna Roja Afgana se ha integrado al paisaje local gracias en gran medida a la motivación y capacitación de su personal, así como a sus aproximadamente 40.000 voluntarios, que intervienen por ejemplo en los desastres naturales que afectan con frecuencia al país. Sin embargo, muchas personas deben ver primero a la Sociedad Nacional actuando para entender que su labor consiste únicamente en prestar ayuda a la gente. Mohazamat, una estudiante de 18 años, recuerda su primera misión como voluntaria.

“El año pasado tuve que intervenir de urgencia en Ghazni después del terremoto. Una persona había tenido un accidente con su vehículo y sangraba abundantemente. Le hice un vendaje. Al principio la gente no entendía lo que estábamos haciendo ni quiénes éramos. Pero finalmente, nos agradecieron porque como no había un hospital cercano, sin nosotros no habrían podido recibir ayuda”.

En un entorno de conflicto permanente el personal y los voluntarios de la Sociedad Nacional deben llevar adelante su labor humanitaria combinando intervenciones de emergencia y actividades de salud pública de largo plazo.

Durante una ofensiva realizada por las fuerzas militares internacionales en la provincia de Helmand en 2010, el equipo móvil de urgencia de Kandahar trabajó en el distrito agrícola de Marja, prestando asistencia a los desplazados y las personas afectadas por los combates. El equipo organizó también sesiones de educación en materia de malnutrición e higiene.

En algunas zonas de combate, los voluntarios son los únicos que pueden atender a los enfermos y desempeñan un papel preponderante en las iniciativas de salud a largo plazo como la vacunación contra la polio y el sarampión, reconoce Arshad Quddus, responsable del programa de vacunación de la Organización Mundial de la Salud en Afganistán.

“En las zonas de alto riesgo de Helmand y Kandahar, se da el mayor número de casos de poliomielitis. A mediados de los años 2000, la enfermedad se propagó debido al recrudecimiento de los combates en la región. La violencia nos impedía tener acceso a la población del sur. Felizmente los voluntarios de la Media Luna Roja que están capacitados y pertenecen a las comunidades locales han podido realizar las campañas de vacunación”.

En marzo, el Ministerio de Salud pidió oficialmente a la Media Luna Roja que se encargara de las campañas de erradicación de la polio en el sur, donde el gobierno y otros equipos internacionales no pueden ir a raíz de los combates. La mayor parte de la labor de salud sobre el terreno se realiza en cooperación con el CICR, que ayuda a organizar altos el fuego entre las partes beligerantes durante las campañas de vacunación u otras iniciativas de salud.

Un espacio humanitario complejo

Es esencial que se reconozca la neutralidad de la Media Luna Roja sobre todo en un país donde gran parte de la labor de salud y desarrollo la llevan a cabo diversas entidades y organizaciones no gubernamentales que los combatientes asimilan al Gobierno afgano y a las fuerzas internacionales. En muchas zonas del país, por ejemplo, las Naciones Unidas tienen muchas dificultades para implementar sus iniciativas de salud porque se considera que no es una organización neutral ya que autoriza y apoya la intervención extranjera y la construcción del nuevo Estado afgano.

Sin embargo, no está asegurado el respeto del cometido único de la Media Luna Roja Afgana. Cada misión es arriesgada y resulta difícil trabajar libremente en muchas zonas del país. Dado que los dirigentes de la Media Luna Roja Afgana son nombrados por el Gobierno afgano, la neutralidad de la Media Luna Roja afgana no se acepta tan fácilmente.

Pero las cosas han ido cambiando con el tiempo y la Media Luna Roja Afgana goza de un mayor respeto entre todos los bandos gracias a la labor imparcial que realiza sobre el terreno. Viene al caso citar la evacuación de los cadáveres de combatientes caídos, pertenecientes tanto a las filas de los talibanes como a las de las fuerzas gubernamentales, para ser llevados de vuelta a sus poblados o entregados a sus familias a fin de darles una sepultura. Además, en colaboración con el CICR, facilitan el intercambio de más de 10.000 mensajes por año entre los detenidos y sus familiares.

A pesar de que muchos conocen esas acciones en Afganistán, nunca se da nada por sentado. La comunicación se complica cuando son eliminados los dirigentes de las fuerzas de oposición y la Media Luna Roja Afgana debe entablar nuevos vínculos, fomentar el respeto y explicar su cometido a las nuevas generaciones de combatientes.

Paralelamente han proliferado los grupos armados, muchos de los cuales no conocen el papel de la Media Luna Roja Afgana. “Hace un año, para obtener autorización para realizar nuestras actividades en una región teníamos que hablar con una o dos personas; hoy tenemos que contactar a 30 ó 40”, explica Walid Akbar, director de comunicación de la Media Luna Roja Afgana.

Labor peligrosa

Neutral o no, el trabajo en medio del conflicto comporta riesgos extremos. A veces ocurre que los servicios de inteligencia arrestan e interrogan a nuestros voluntarios”, señala Akbar. También los voluntarios pueden resultar muertos. En 2010, once voluntarios perdieron la vida (la mayoría de ellos a causa de los combates).

Una de las tragedias más recientes fue la muerte, en mayo de 2011, de Mohammad Rafiq Azizi, de 22 años, que resultó muerto en un ataque suicida con bomba en la ciudad occidental de Herat cuando se dirigía al club juvenil donde enseñaba inglés a otros voluntarios de la Media Luna Roja.

Esta atmósfera de peligro constante explica el hecho de que los empleados de la Media Luna Roja Afgana reciban cursos intensivos sobre el principio de neutralidad, asegura Fatima Gailani, presidenta de la Sociedad Nacional (véase la entrevista). Pero también ha sucedido que el personal y los voluntarios no observen los Principios Fundamentales. “En los últimos seis años, dos de nuestros empleados no respetaron nuestras normas y fueron expulsados”.

Este tipo de neutralidad no sólo es esencial cuando se trabaja entre combatientes de oposición y fuerzas de coalición, sino también cuando se presta servicios a la población de una vasta región compuesta por diversas etnias y tribus, a las que pueden pertenecer también los voluntarios.

“Lo más importante para nosotros es saber cómo ayudar a la gente”, asegura Mohazamat, y añade que entre los voluntarios se respeta cabalmente el principio de neutralidad. “No hacemos distinciones en la Media Luna Roja”.
A pesar del peligro y la complejidad de la labor, no decae el entusiasmo de esta joven voluntaria. “Para mí la neutralidad tiene un gran significado”, dice. “Quiere decir ayudar a todas las personas. Mi deseo más profundo en Afganistán es ayudar a la gente”.

Vincent Pulin
Periodista independiente en Kabul, Afganistán.


Salang Shah (derecha), enfermero en el dispensario de la Media Luna Roja Afgana en el pueblo de Danishman, habla con una joven madre, Aki, que desea que vacunen a su hijo contra la polio. Uno de los 37 establecimientos similares dispersos por todo el país, el dispensario es un recurso vital para prestar atención de salud básica en una zona donde se necesita con urgencia.
Fotografía: ©Vincent Pulin



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La neutralidad tiene un gran significado para mí. Quiere decir ayudar a todas las personas. Mi deseo más profundo en Afganistán es ayudar a la gente”.
Mohazamat,
voluntaria de 18 años de la Media Luna Roja Afgana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Un médico de la Media Luna Roja Afgana miembro de una de las unidades móviles de urgencia de la Sociedad Nacional explica al marido de una paciente afectada por el cólera la mejor manera de cuidarla.
Fotografía: Ali Hakimi/Federación Internacional

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«La neutralidad exige una vigilancia permanente y no es un principio fácil de entender... Pero en Afganistán lo aplicamos todos los días.
Fatima Gailani, presidenta de la Media Luna Roja Afgana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y usted ¿qué opina?

¿Cuáles son las mayores dificultades que debe usted enfrentar al aplicar la neutralidad? Envíe su 
respuesta a: rcrc@ifrc.org 
o participe en el debate en
facebook.com/redcrossredcrescent

 

 

Entrevista a

Fatima Gailani

Presidenta de la Media Luna Roja Afgana

La neutralidad es uno de los Principios Fundamentales del Movimiento, ¿qué quiere decir ser neutral en Afganistán? 
En una situación de conflicto, si no somos neutrales, socavamos nuestro propósito y nadie nos respeta.

¿Es difícil transmitir su cometido a las autoridades del país? Hace diez años, cuando estalló la guerra actual, nos costó mucho lograr que reconocieran nuestra labor. Muy pocas personas entendían nuestra neutralidad. Pero hoy las autoridades saben que lo que hacemos se dirige a todas las personas, estén o no a favor del gobierno.

A menudo tenemos que recordar nuestro cometido a los funcionarios de los ministerios y los gobernadores provinciales cuando asumen sus funciones. Les explico que somos auxiliares del gobierno y que debemos actuar de manera neutral y, por lo tanto, preocuparnos de todos. En el 90% de los casos la cosa funciona bien. Tenemos más problemas al nivel inferior, en el que los gobernadores de distrito hacen intervenir sus vínculos tribales para impedirnos trabajar.

¿Y cómo reaccionan los grupos antigubernamentales? Desafortunadamente, son cada vez más jóvenes y por lo tanto, tiene cada vez menos conciencia. Las generaciones anteriores nos conocían y nos planteaban menos problemas. Sin embargo, la nueva generación puede ver, por ejemplo, que evacuamos los cadáveres de los insurgentes que han resultado muertos en combate. Saben que nos haremos cargo de los restos y los entregaremos a sus familias.

¿Qué ocurriría si no se considerara neutral a la Media Luna Roja Afgana? ¿Correría peligro el personal de esa Sociedad Nacional? Por supuesto. En 2010, veinte de nuestros voluntarios resultaron heridos y once muertos. No fueron el blanco de los ataques, sino que se vieron atrapados en el fuego cruzado. Para evacuar un cadáver o prestar primeros auxilios, hay que estar en las zonas de conflicto y ahí hay una gran probabilidad de ser alcanzado por una bala.

La neutralidad explica en parte que la Media Luna Roja pueda acceder a las zonas de conflicto. ¿Hay todavía zonas a las que se prohíbe el acceso? Si no vamos a ciertas zonas, no es porque no podamos entrar sino porque creemos que la vida de los voluntarios correría peligro. Por eso decimos que tenemos una cobertura del territorio del 95%. El heroísmo tiene sus límites y no queremos tomar riesgos innecesarios.

Recientemente la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) quería donar fondos a la Media Luna Roja pero usted se negó. ¿Por qué? Los únicos emblemas que utilizamos son el de la Media Luna Roja y de la Cruz Roja. Preferimos recibir dinero mediante el CICR o la Federación Internacional. Si hubiésemos aceptado el ofrecimiento de la USAID, quizá nos habría ayudado en el corto plazo, pero en el largo plazo nos habría perjudicado. La neutralidad exige una vigilancia permanente y no es un principio fácil de entender... Pero en Afganistán lo aplicamos todos los días. Para nosotros es muy claro.

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