Volver a la página
principal de la revista
 

La promesa de alojamiento

 

Dos años después del terremoto de 2010 en Haití, miles de familias han dejado los campamentos y han encontrado medios de subsistencia. Miles más viven en sus barrios originales. Pero casi medio millón de personas siguen alojadas en tiendas de campaña, viviendo en ascuas a raíz de la violencia, los desastres naturales y la amenaza de desalojo. Para ellos, ¿en qué han quedado las promesas y la esperanza?

“Lo úni co que deseo es vivir en un verdadero barrio”, asegura Fabienne Joseph, de 28 años. “Este entorno no es bueno para mi hijo”. Fabienne Joseph ha pasado los últimos dos años viviendo en una tienda de campaña junto a su esposo y su hijo pequeño después de que la casa que alquilaba quedara destruida por el terremoto. “Cuando no es la lluvia son las inundaciones o el riesgo de que nos roben nuestras cosas”, comenta.

En pocas semanas, con el apoyo de un subsidio de reasentamiento otorgado por la Federación Internacional, la familia se mudará a una propiedad en Delmas 32 cuyo alquiler se eleva a 750 dólares al año.

El ritmo de la reconstrucción

La población de los campamentos situados dentro y en los alrededores de Puerto Príncipe, la capital, ha descendido a poco más de medio millón, después de haber alcanzado un millón y medio de personas a principios de la emergencia. Este fuerte descenso se debe, en parte, a que se siguen aplicando a buen ritmo las soluciones de vivienda, lo que ha permitido que cientos de miles de personas hayan podido abandonar los campamentos.

En total, en Haití, según se informa, 125.000 familias han recibido un alojamiento mejorado y sólo la Federación Internacional ha beneficiado a más de 25.000 familias. La gran mayoría de estas soluciones de vivienda se han logrado en los últimos 12 meses.

A pesar de la frustración por la lentitud con que se ha estado reconstruyendo, hay muchos indicios de que se va por buen camino. Los equipos de construcción están ahora plenamente capacitados y el proceso de producción ya está en marcha, asegurándose así el transporte rápido de materiales en todo el país. Se ha llevado a cabo el laborioso proceso de localización y, siempre que fue posible, de obtención de la tierra, lo que significa que la construcción por fin ha alcanzado un ritmo adecuado.

Pero no es fácil. Garantizar el otorgamiento de terrenos convenientes ha planteado no pocos problemas, que son endémicos dadas las complejas leyes y costumbres relativas a la tenencia de la tierra vigentes en Haití. En este país se carece de casi todos los atributos esenciales de un sistema funcional de tenencia de la tierra pública. La crisis de la vivienda y la propiedad en Haití no la causó el terremoto, pero sí se puede decir que la agravó.

“El alojamiento provisional, si bien algunos lo han criticado porque no da una solución de largo plazo, ha sido un aspecto esencial de la estrategia en materia de vivienda, pues ha permitido sacar a la gente de las tiendas de campaña y de situaciones de vida inseguras”, explica Xavier Genot, coordinador de alojamiento para el Movimiento en Haití.

“Unas 100.000 familias han sido reasentadas en alojamientos provisionales, lo que significa que sus condiciones de vida han mejorado radicalmente”, añade. “Mientras que en el mismo período de tiempo, se ha podido reconstruir o reparar sólo unos pocos miles de viviendas permanentes”.

Pero, ¿cómo acelerar y mantener este ritmo? La mayoría de los desplazados se encuentran en Puerto Príncipe, donde el espacio es un bien escaso. Simplemente es imposible proseguir con los programas de alojamiento provisional de gran escala, que han ofrecido una tabla de salvación a miles de personas sin techo.

Para alquilar hay que reparar

También es importante recordar que antes del terremoto, cerca del 80% de la población actual de los campamentos vivía en una vivienda alquilada. Los propietarios, sin embargo, a menudo exigen que se les pague un año por adelantado, lo que es imposible para un residente de campamento que perdió todo en el terremoto y carece de un ingreso suficiente.

La Federación Internacional, por lo tanto, está proporcionando subvenciones para que la gente pueda pagar su alquiler, lo que se completa con un apoyo económico para reconstruir los medios de subsistencia. Gracias a estas ayudas miles de familias han podido dejar los campamentos. No obstante, muchas de las propiedades que podían alquilarse se vieron seriamente dañadas por el terremoto y es indispensable repararlas.

“Si hay una lección que hemos aprendido colectivamente en el ámbito de la vivienda en Haití es la necesidad de flexibilidad en nuestros enfoques”, afirma Genot.

“El contexto de Haití es único y rápidamente aprendimos que teníamos que adaptar nuestra respuesta a las dificultades y oportunidades específicas de esta operación” asegura Genot. “La Federación Internacional tuvo que desarrollar diversas opciones de alojamiento que abarcaban los refugios de emergencia, la ayuda para el alquiler, el alojamiento provisional, el apoyo para trasladarse a las provincias, las reparaciones de viviendas, incluso las permanentes”. Con todo, siguen haciendo falta otras soluciones en este ámbito.

“El suministro de alojamiento mejorado para los desplazados por el terremoto sigue siendo la máxima prioridad humanitaria y se han realizado enormes progresos”, dice Eduard Tschan, jefe de la delegación de la Federación Internacional en Haití.

“Pero es necesario acelerar el ritmo de las reparaciones y de la reconstrucción”, continuó. “De lo contrario, no se podrá proseguir con los grandes programas de descongestión de los campamentos, entre ellos el de la Federación Internacional”.

¿Más estabilidad?

En los últimos 12 meses se han producido grandes cambios en Haití. La población de los campamentos se ha reducido en casi dos tercios, un nuevo gobierno ha asumido el poder y, en general, se ha reportado un menor número de casos de cólera.

Si bien la adversidad no es precisamente lo que falta en Haití, comienzan a manifestarse signos de progreso. Según las últimas estimaciones del Grupo Temático de Recuperación Inicial, se ha limpiado casi la mitad de los 10 millones de metros cúbicos de escombros generados por el terremoto. Han disminuido a ojos vistas los montones de escombros que bloqueaban las carreteras y cubrían el paisaje.

Nuevas empresas y tiendas pequeñas van llenando las calles de Puerto Príncipe y en algunos de los campamentos más importantes unas pocas tiendas de campaña vacías son el único recuerdo de los cientos de miles de personas que una vez vivieron allí.

La política de reconstrucción también tiene un papel que jugar en la recuperación de Haití. Si bien en mayo de 2011 un nuevo presidente asumió el mando de este país, la inestabilidad política continuó frenando el ritmo de los esfuerzos de recuperación. El nombramiento de un primer ministro motivó una fuerte tensión política y los retrasos consiguientes, lo que significó que tampoco se cubrieran muchos otros puestos importantes.

Ahora, con el nombramiento del presidente y del primer ministro, es evidente el avance hacia un gobierno más fuerte y más estable. Por ejemplo, se ha establecido recientemente una nueva oficina de gobierno encargada de la construcción de viviendas y edificios públicos, junto con un plan oficial nacional para apoyar la descongestión de los campamentos. El “proyecto 16 / 6” tiene por objeto apoyar el cierre de seis campamentos en Puerto Príncipe y la renovación de 16 barrios.

La Federación Internacional apoya esta iniciativa trabajando en el campamento de Mais Gate, donde se albergaron cerca de 2.000 familias. Más de 1.500 de ellas ya se han ido, principalmente gracias a las ayudas otorgadas para el alquiler.

Pero ¿qué hay del futuro? ¿Puede Haití esperar ser un país sin campamentos en los próximos meses o incluso años? La existencia de cientos de miles de haitianos vulnerables sin techo no puede considerarse sólo una consecuencia del terremoto de 2010.

Hace mucho tiempo que Haití enfrenta un grave problema habitacional. Ya antes del terremoto un número considerable de personas carecían de una vivienda adecuada en Puerto Príncipe, dada la gran cantidad de gente que afluyó a la capital en busca de trabajo.

“La verdad es que es muy probable que decenas de miles de personas permanezcan en los campamentos y algunos de los campamentos más grandes se conviertan en asentamientos permanentes, barrios marginales, incluso barrios de tugurios”, dice Tschan.  La Federación Internacional también hace un llamamiento al gobierno para que contribuya más activamente en la tarea de reunir a los actores encargados de la recuperación en Haití y los invite a participar en un marco de reconstrucción. Esto es aún más fundamental ahora que la Comisión Provisional para la Recuperación de Haití ha terminado su labor y la renovación aún está en discusión.

Faltan soluciones de alojamiento

Aunque son alentadores los progresos realizados en el realojamiento de las personas desplazadas en los últimos 12 meses, cabe admitir que actualmente no hay suficientes soluciones de vivienda para satisfacer las necesidades. En la actualidad, las organizaciones humanitarias que trabajan en Haití han planeado construir alrededor de 40.000 alojamientos más, pero más de 127.000 familias permanecen en campamentos y muchas más se encuentran fuera de ellos.

La Federación Internacional ha elevado sus objetivos en materia de vivienda para beneficiar a un total de 37.000 familias, dando prioridad a las ayudas de alquiler y la reparación de casas. Esto incluirá ayudar a la gente a regresar a sus barrios. En los programas de recuperación de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, los habitantes y los funcionarios de gobierno participan en la renovación de sus barrios y la integración de los servicios básicos, tales como vivienda, saneamiento, agua, medios de subsistencia, salud, educación y soluciones de reducción de riesgos.

En Delmas 30, donde viven decenas de familias, este trabajo va por buen camino.

Durante los últimos seis meses, los equipos de la Federación Internacional han estado colaborando con los habitantes para satisfacer algunas de las necesidades inmediatas, estableciendo un programa impulsado por la comunidad para la renovación a largo plazo del barrio. La prioridad inmediata ha sido mejorar el alojamiento. Hasta el momento, 162 alojamientos temporales han sido construidos, acondicionados en el barrio y adaptados a cualquier espacio disponible.

Superando los problemas

Marlene Lottee, de 42 años, y sus tres hijos acaban de regresar a Delmas y se mudaron a uno de los alojamientos temporales. “Hay un montón de problemas aquí en el barrio que tenemos que resolver”, dice Lottee. “Pero lo principal es que necesitamos letrinas, agua y electricidad”.

Los proyectos de renovación previstos incluyen mejorar el alcantarillado y limpiar el barranco. Las autoridades locales están colaborando estrechamente en el proyecto y se prevé que las obras, en las que trabajarán constructores, albañiles y obreros locales, comiencen a principios de 2012.

También se ha previsto un apoyo a los medios de subsistencia a través de donaciones en efectivo y formación profesional. Lottee vende alimentos delante de su casa. “El negocio es pequeño, pero doy de comer a mis hijos con lo que gano”, explica.

“Mis dos hijos mayores siempre han ido a la escuela pero este año no tengo dinero para enviarlos. Las dificultades que enfrentamos son las dificultades de la vida aquí. La vida es dura”.

Becky Webb Delegada de comunicación de la Federación Internacional en Puerto Príncipe.


Redens Fritz Pierre, miembro
del comité del campamento Mais
Gate 8 de Puerto Príncipe, observa
lo que va quedando de éste, ya
que la Federación Internacional ha
ayudado a los residentes a ubicarse
en mejores alojamientos.
Fotografía: ©Ben Depp/Federación
Internacional

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“El suministro
de alojamiento
mejorado para
los desplazados
por el terremoto
sigue siendo la
máxima prioridad
humanitaria y
se han realizado
enormes progresos,
pero es necesario
acelerar el ritmo de
las reparaciones y de
la reconstrucción”.

Eduard Tschan,
jefe de la
delegación
de la Federación
Internacional en Haití

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En el campamento La Piste,
en Puerto Príncipe, la Federación
Internacional apoyó a un
equipo de constructores, todos
sordos, para la construcción de
alojamientos en 2010.
Fotografía: ©Ben Depp/Federación
Internacional

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“El negocio es
pequeño, pero doyde comer a mis hijos
con lo que gano”.

Marlene Lottee,
de 42 años,
madre de tres hijos que vive
en el barrio Delmas 30.


 

 

 

 

 

 

 

 



Fabienne Joseph, de 28 años,
con su hijo en una casa alquilada,
que puede pagar gracias a
un subsidio de la Federación
Internacional. Fotografía: ©Becky Webb/Federación Internacional

 

 

 

 

 

 

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

2012 

Copyright