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“Puedo hacer de todo”

La cronología

150 años de acción humanitaria

 


Fotografía: ©Archivos del CICR

1975: el CICR inicia sus primeras acciones en América Latina durante la era de dictaduras y conflictos. En el decenio siguiente, el CICR iba a trabajar con las Sociedades Nacionales para brindar atención de salud a las comunidades remotas, hacer gestiones con regularidad ante las autoridades en relación con más de 2.000 desaparecidos en Argentina y visitar a miles de presos políticos en Bolivia y Chile, y asumir un papel más preponderante como intermediario neutral entre las fuerzas gubernamentales y los grupos armados. Entre tanto, las Sociedades Nacionales de la región, fundadas algunas de ellas pocos decenios después de la creación del Movimiento (la del Perú en 1879 y la de Argentina en 1881, por ejemplo), desarrollan sus competencias y desempeñan un papel decisivo en la respuesta a las necesidades de las comunidades afectadas por un desastre o un conflicto.

Tendencias
Según Beyond Conflict, una obra que relata la historia de la Federación Internacional, las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en su debate interno, comienzan a impugnar lo que ven como un modelo anticuado de la asistencia humanitaria basado en las actitudes europeas de paternalismo en lugar de colaborar con las poblaciones afectadas.

Desastres frecuentes
Según Beyond Conflict, en el decenio de 1970, se registraron desastres frecuentes y la entonces Liga (hoy Federación Internacional) efectuó más de 200 llamamientos, más de los que había hecho en el período de1945 a 1969. En 1970 hubo 16 llamamientos internacionales.


Fotografía: ©Marko Kokic/ICRC

1975: estalla la guerra civil en Líbano. La guerra, que dura hasta 1990, tiene devastadoras consecuencias humanitarias y económicas. Unas 200.000 personas mueren y un millón son heridas.

Salto en el tiempo
En 2012, un informe conjunto de la Cruz Roja Libanesa, el CICR y la Cruz Roja Británica concluye que la Cruz Roja Libanesa ha logrado, con el tiempo, labrarse una reputación de imparcialidad y neutralidad, a pesar de las profundas fracturas de la sociedad libanesa. “Ha ocurrido que algunos actores se han mostrado reacios a aceptar a una persona, en general por motivos de religión, pero también a veces debido a las características de un voluntario”, según el informe. “Sin embargo, después de tantos años en los que estos voluntarios han demostrado su respeto por los Principios Fundamentales, no cabe duda de que han contribuido a asentar la reputación de neutralidad e imparcialidad de la Cruz Roja Libanesa”.

1977: los gobiernos adoptan los Protocolos I y II adicionales a los Convenios de Ginebra, cuyas disposiciones permiten proteger a los civiles de los ataques indiscriminados y extienden a los conflictos armados no internacionales la protección que confiere el derecho internacional humanitario.

1979: el CICR crea su programa de rehabilitación física, un compromiso para rehabilitar a los heridos de guerra, cuyo número se incrementó a lo largo de todo el decenio de 1980. En 1983, el Fondo Especial para los Discapacitados amplía su labor a los entornos posbélicos y no bélicos.

Diciembre de1979: la Unión Soviética invade Afganistán.

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Para muchas mujeres que fueron heridas o se quedaron viudas a raíz de una guerra, las lesiones físicas son solo una faceta de las múltiples consecuencias que afectan a la supervivencia de familias enteras. En el caso de Wahida (foto de la derecha, vestida de negro), la explosión ocasionada por un atentado suicida la dejó parcialmente ciega, sin brazos y sin marido, lo que significa que no puede mantener a su familia. “No me alcanza, pero trato de enfrentar las muchas dificultades’’, dice con respecto al dinero y la ropa que recibe del centro ortopédico del CICR. 2Sin los 3.000 afganis [60 dólares], mis hijos no podrían ir a la escuela, no tendríamos para comer ni vestirnos”.


Wahida Fotografía: ©Nick Danziger

Para las mujeres jóvenes y las niñas, una herida de guerra puede repercutir en todo: la educación, las perspectivas de matrimonio, la capacidad para trabajar o para contribuir a sus hogares. “Yo tenía 17 años y me sentía deprimida”, cuenta Farzana, que perdió una pierna cuando tenía 3 años. “Me quedaba en casa”. Cuando se enteró de la formación que daba el CICR en corte y confección, se inscribió y el CICR le otorgó un micropréstamo, por valor de 15.000 afganis (300 dólares). “Compré una máquina de coser por 10.000 afganis, una mesa y ropa. Reembolsé el préstamo en 18 meses y solicité luego un segundo préstamo.” Hoy, Farzana capacita a otras mujeres que se inician en el oficio de costureras y es dueña de la tienda donde trabaja. “No pago alquiler y mantengo a toda mi familia”.

El camino de la recuperación suele ser largo, doloroso y difícil. Los gestos suaves pero seguros de Karima y Rahima, fisioterapeutas en la unidad de mujeres del centro ortopédico del CICR, ayudan a muchas pacientes a dar pasos importantes hacia la normalidad. Karima tiene una razón especial para comprender a las demás. Tenía 12 años cuando cuatro balas le perforaron la rodilla, lo que requirió la amputación inmediata y una prótesis.


Niloufar (izquierdo) Fotografía: ©Nick Danziger

Pero no se trata solo de autonomía física y económica, sino de ayudar a la gente a recuperar su capacidad para seguir adelante con su vida, aunque sea con limitaciones. “Me quedé sorprendida cuando llegué al centro y vi a tantas personas discapacitadas que viven normalmente”, dice Niloufar, de 19 años (página anterior, izquierda), que se quedó paralítica a causa de una herida de bala. “Hasta entonces, estaba deprimida”, recuerda. “Ahora soy otra persona, no la Niloufar de antes. Puedo hacer de todo. Soy fuerte.”



La pirámide de la salud

En 1979, en la frontera entre Tailandia y Camboya, más de 1 millón de refugiados se instalaron en los campamentos, y fue entonces cuando el médico Pierre Perrin propuso lo que él llamó “La pirámide de la salud”, una idea que contribuyó a cambiar la forma en que el CICR responde a las emergencias.

En la parte superior de la pirámide se encuentran las intervenciones médicas “curativas” generalmente realizadas en un hospital de campaña cuando las personas ya están enfermas o heridas. En el medio están las medidas de salud pública como la vacunación o la distribución de los medicamentos, mientras que en la base de la pirámide hay dos elementos fundamentales: la nutrición y el saneamiento.

Perrin, que solía adornar sus informes de misión con dibujos humorísticos y gráficos detallados hechos a mano, escribió que la situación del saneamiento en los campamentos era precaria y que las intervenciones médicas por sí mismas no iban a salvar vidas. Además de cuidar a los enfermos es imprescindible ocuparse del saneamiento en el campamento, aseguró Perrin en uno de los muchos informes que escribió en esa época.

La pirámide de la salud formó parte del cambio de mentalidad gracias al cual la respuesta de emergencia en el decenio de 1980 se fue orientando hacia un enfoque de salud pública más amplio. También sentó las bases para la creación, hace 30 años este mes de junio, de un pequeño equipo que se convertiría en la unidad Agua y Hábitat, que ahora forma parte de las operaciones del CICR. Impresionado por el trabajo de los ingenieros hidráulicos que trabajaron a lo largo de la frontera entre Tailandia y Camboya, procedentes sobre todo de las Sociedades Nacionales australiana y neozelandesa, el jefe de operaciones médicas del CICR de aquella época contrataría, por vez primera, a un ingeniero sanitario y un nutricionista para que se integraran a las futuras intervenciones médicas. Para más información: www.redcross.int

 

 

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