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Fotografía: ©H.D. Finck/CICR

Del horror a la esperanza

Cuando se inició la guerra civil de Nigeria, a fines del decenio de 1960, yo tenía siete años y era un niño precoz; como mi padre, me volví adicto a los noticiarios radiofónicos. Cada mañana mientras se afeitaba, mi papá sintonizaba radio Biafra en el transistor. Se suponía que yo debía estar haciendo alguna tarea, como lavar platos, ocuparme de mi hermanito que gritaba todo el tiempo o barriendo el recinto. En lugar de eso, me instalaba siempre cerca de papá y su radio.

El boletín de Radio Biafra consistía principalmente en una propaganda febril transmitida en un lenguaje apasionado. A menudo se informaba sobre cómo los “valientes soldados de Biafra” habían “vencido a las fuerzas enemigas”.

Lamentablemente para mi padre, y para mí, Radio Biafra no disponía de un monopolio. La British Broadcasting Corporation, la Voz de América y, en ocasiones, Radio Nigeria informaban muy poco o nada de las valientes hazañas de los soldados de Biafra. En cambio, sí transmitían continuamente noticias sobre “las tropas federales” que desalojaban a los “soldados rebeldes”.


Okey Ndibe (derecha), niño refugiado durante la guerra de Biafra, hoy novelista y escritor sobre asuntos africanos, expresa su opinión sobre el principio de humanidad, como parte de la serie relativa a los siete Principios Fundamentales.
Fotografía: ©Okey Ndibe

Las guerras son una amenaza para la verdad y rebajan todo sentido compartido de la humanidad. Lo más cruel de la guerra no es la cantidad de muertos o de heridos. Hay algo mucho más doloroso: la certeza en la conciencia de un pueblo en guerra de que su identidad como ser humano está sitiada. Sospecho que mis padres y muchos otros biafreños habían llegado a creer que, a los ojos del “enemigo”, ellos habían dejado de ser humanos.

También es natural que los biafreños sitiados comenzaran a ver a los “enemigos” como menos que humanos. Los hombres que nos lanzaron huevos metálicos enormes y explosivos desde aviones rápidos que volaban bajo (o que bloquearon el acceso a los alimentos y los medicamentos) no podían ser humanos.

 

Nuevos problemas

Las partes beligerantes y los gobiernos intentan cada vez más conquistar “el corazón y la opinión” de la población local mediante la ayuda al desarrollo y la asistencia humanitaria. Al cooperar estrechamente con ellos, algunos actores humanitarios se convierten, en cierto sentido, en instrumentos de los políticos y los militares en vez de actores humanitarios neutrales e independientes. Paralelamente, las fuerzas militares en algunos casos comienzan a prestar una asistencia humanitaria directa. Cuando desaparece así la distinción entre socorro y política, se plantean nuevos problemas de seguridad ya que los beligerantes perciben cada vez más a los actores humanitarios como agentes de las fuerzas enemigas.

 

En 1994, gran parte del mundo se quedó boquiabierta ante la muerte de 800.000 rwandeses en pocos meses, en uno de los peores genocidios de los últimos tiempos. Al igual que en Nigeria, los medios de Rwanda contribuyeron a dar forma a la tragedia y aumentar su magnitud.

El juicio y la condena subsiguientes por un tribunal internacional de dos propietarios de Radio Télévision Libre des Milles Collines, así como de los dueños de otros medios de comunicación que incitaron al odio y a la violencia, son un veredicto sobre la capacidad de los medios para desfigurar al “otro”, sea por motivos étnicos, religiosos o de otra índole. Es necesario impugnar esta desfiguración, ya que a menudo precede al despliegue de violencia contra las víctimas marcadas, lo intensifica o lo fomenta.

La orgía de matanzas en Rwanda, que duró tres meses, produjo otro corolario infame: la idea de que la memoria, el acto de recordar, puede transformarse en el corte más profundo. Algunos exterminadores a menudo asesinaban a los miembros de toda una familia y dejaban con vida a uno solo. A la mujer o el hombre, la niña o el niño que se salvaba se le decía entonces que se le había salvado deliberadamente para que llevara la carga del recuerdo.

Hace unos años, vi un documental de televisión cuyo tema central era la difícil situación de las mujeres en la crisis perenne de la República Democrática del Congo. Las testigos contaron una tras otra las historias atroces de cómo fueron violadas por los soldados del gobierno o los rebeldes, y a menudo por ambos.

No cabía duda de que la experiencia salvaje las atormentaba. Tal vez había desfigurado su psique del mismo modo que el hambre había deformado el físico de millones de niños de Biafra, sus piernas descarnadas como palos, los estómagos distendidos, el cuello delgado y el pelo, en sus cabezas grandes y venosas, descolorido y frágil. Sus violadores habían tratado a estas mujeres como menos que humanos, y quizás también ellas habían concluido que estos hombres no eran más que unas bestias.


Humanidad

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, al que ha dado nacimiento la preocupación de prestar auxilio, sin discriminación, a todos los heridos en los campos de batalla, se esfuerza, bajo su aspecto internacional y nacional, en prevenir y aliviar el sufrimiento de los hombres en todas las circunstancias. Tiende a proteger la vida y la salud, así como a hacer respetar a la persona humana. Favorece la comprensión mutua, la amistad, la cooperación y una paz duradera entre todos los pueblos.


El enjuiciamiento de los delitos sexuales como crímenes de guerra o actos de genocidio en los tribunales constituidos para juzgar las atrocidades en Yugoslavia y Rwanda dio cierta esperanza de que los instigadores y perpetradores del genocidio tuvieran que rendir cuentas por lo que habían hecho. Estos juicios y los precedentes permitieron dar una forma diferente y sanadora a la memoria. Los principios jurídicos que rigen las normas civilizadas y de respeto de la vida y los tribunales internacionales que las hacen cumplir son un aspecto esencial de la memoria para reparar y restaurar.

He aquí la paradoja de la historia humana: por un lado, el arco se dirige hacia la ilustración, la libertad, la evolución de los principios humanitarios y la magia de la técnica. Por otro lado, el arco tiende hacia la opresión, la violencia, la xenofobia, la estigmatización del “otro” y los medios cada vez más eficientes y más inteligentes de matanza. En los últimos 20 años, por ejemplo, el mundo ha sido testigo de conflictos costosos en lugares como Sierra Leona, Bosnia, Líbano, Siria, Somalia y Sudán. Algunos han sido guerras sectarias, en las que se ha enfrentado una fe contra otra. Algunos han sido motivados por la patriotería étnica, el fanatismo ideológico o brutales pasiones nacionalistas. Otros han ocasionado la deshumanización de las minorías o la degradación mutua de los combatientes.

Incluso en tiempo de paz, nuestro sentido de humanidad común podría hacerse trizas. Hace unos meses, un joven armado hasta los dientes entró a una escuela primaria en Newtown, Connecticut (Estados Unidos) y mató a 20 niños, algunos maestros y al director. Este suceso tuvo lugar a 35 minutos de mi casa, también en Connecticut. Incluso para este sobreviviente de la guerra fue espantoso: me quedé sin habla.

Una fuerza vital

 La capacidad humana para ser inhumano, sumada a la fecundidad de la naturaleza para engendrar desastres, tiene una consecuencia: el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja siempre será una fuerza atareada y vital.

Cuando era niño, durante la guerra de Biafra, vi en los hechos ese ideal de la Cruz Roja de humanidad fundamental cuando acompañaba a mis padres a los centros de ayuda en busca de alimentos, medicamentos, ropa y otros artículos. A veces el número de menesterosos era tan grande que nos volvíamos con las manos vacías. En esas ocasiones, el dolor de mis padres era palpable. Eso significaba que ellos y sus cinco hijos iban a padecer días, incluso semanas, de hambre. Aun así, siempre había un sentimiento de esperanza eterna, que estaba ligada a la presencia de la Cruz Roja y de otras organizaciones de socorro.

Hoy en día, la Cruz Roja de Nigeria sigue prestando asistencia a los que sufren, ya sea brindando primeros auxilios en los pueblos acosados por la violencia tribal o socorriendo a las víctimas de desastres o accidentes automovilísticos. Y los actos cobardes de disparar contra niños en una escuela en Connecticut o en un campamento en Noruega, sigue generando una respuesta profundamente humana, noble y bella. Es lo que implica este principio: una verdadera forma de crear belleza en medio de una guerra. Y es un primer paso que se debe dar con respecto a todas las víctimas de la guerra, la violencia o las calamidades naturales: restablecer su dignidad humana.

Okey Ndibe es escritor y profesor de literatura en el Trinity College de Hartford, Connecticut, Estados Unidos.

Los voluntarios de la Cruz Roja de Myanmar acudieron de todo el país para prestar asistencia neutral e imparcial en las comunidades afectadas por la violencia con equipos que trabajaron en los dispensarios, construyeron retretes y pozos y distribuyeron agua potable, alimentos, mantas y estuches de aseo personal. Respaldaron sus esfuerzos la Federación Internacional, el CICR y varias Sociedades Nacionales.
Fotografía: ©ndreas von Weissenberg/Federación Internacional

 

El Movimiento en Myanmar

Myat Sanda Khine, de 19 años, se acababa de inscribir en la Universidad de Sittwe cuando la violencia entre comunidades se apoderó de su ciudad natal, dejando decenas de muertos, miles de heridos y aldeas enteras arrasadas por el fuego. La violencia entre las comunidades musulmana y de Rakhine, dejó más de 100.000 desplazados en el estado de Rakhine. Para leer más sobre la historia de Sanda, los recientes avances en el acceso humanitario en Myanmar y cómo el Movimiento presta asistencia imparcial a todos: www.redcross.int

“Me incorporé a la Cruz Roja como voluntaria justo después de la crisis aquí. La gente lo perdió todo. Sabía que quería ayudar y lo mismo hicieron mis amigos; ahora somos todos voluntarios”.
Myat Sanda Khine habla sobre cómo ella y otras personas se movilizaron después de que la violencia entre comunidades convulsionara su ciudad natal.

Fotografía: ©ndreas von Weissenberg/Federación Internacional

 

 

 

 

 

Y usted ¿qué opina?

¿Qué signifi ca para usted el principio de humanidad? ¿Cuáles son las principales amenazas que se ciernen hoy sobre este principio? Redacte un texto de 400 palabras que podrá ser seleccionado y publicado como parte de nuestra serie sobre los Principios Fundamentales.
Enviar a: rcrc@ifrc.org

 

La cronología

150 años de acción humanitaria

Guerra en Europa:
la caída del Muro de Berlín, el desmantelamiento de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría dan lugar a nuevos conflictos. Después de 45 años de paz en Europa, estalla la guerra en los Balcanes, mientras el Movimiento se esfuerza por asistir a las víctimas de la guerra y el colapso económico en los países del bloque del Este.

Fotografía: ©Reuters/Chris Helgren, avec l’autorisation de www.altertnet.org

1991 la segunda Guerra del Golfo:
las Naciones Unidas autorizan a una coalición de 34 naciones, encabezada por los Estados Unidos, para que entren en guerra contra Irak que había anexionado a Kuwait.

1991: se desata la guerra civil en Somalia después de la caída de su gobierno militar. Mientras los grupos armados compiten por el control, la población padece hambre y se ve obligada a desplazarse. En 1992, Estados Unidos encabeza una coalición de fuerzas de mantenimiento de la paz para restablecer el orden y brindar ayuda humanitaria, una de las primeras veces en que una intervención militar internacional está tan estrechamente relacionada con fines humanitarios.

Noviembre de 1991: creación de la Federación Internacional. La Liga de Sociedades de la Cruz Roja en Budapest (Hungría) decide denominarse Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

1993: las Naciones Unidas constituyen el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) encargado de enjuiciar los crímenes de guerra que se cometieron durante los conflictos en los Balcanes.

Julio de 1994 genocidio en Rwanda: durante aproximadamente cien días, mueren asesinadas entre 500.000 y un millón de personas, pertenecientes principalmente a la etnia tutsi, lo que representa casi el 20% de la población del país.

Noviembre de 1994: el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
establece el Tribunal Internacional para el enjuiciamiento de los presuntos responsables de actos de genocidio y otras violaciones del derecho internacional humanitario y los derechos humanos en Rwanda y los países vecinos.

1994: la Federación Internacional obtiene el estatuto de observador en las Naciones Unidas.

1996 : el TPIY dicta su primera sentencia contra un soldado del ejército serbio-bosnio, que participó en ejecuciones masivas tras la toma del enclave de Srebrenica por el ejército serbio-bosnio en julio de 1995.

Salto en el tiempo
Desde 1996, el TPIY ha procesado a 161 personas. Según los juristas del CICR, tribunales como los creados para la ex Yugoslavia auguran un paso importante en la aplicación del derecho internacional humanitario.

1997: La invasión de Zaire por Rwanda en busca de las milicias hutus incentiva a los rebeldes congoleños que luego toman Kinshasa e instalan a Laurent Kabila como presidente. El país es denominado la República Democrática del Congo. Se desata la guerra civil y cada bando es respaldado por distintos países vecinos.

1997: para mejorar la coordinación y la cooperación, el Movimiento firma el Acuerdo de Sevilla, en el que se especifica la función que han de asumir la Federación Internacional, el CICR y las Sociedades Nacionales en distintos tipos de operaciones (abajo).

Fotografía: ©CICR

1997: tras años de esfuerzos desplegados por el CICR, los asociados del Movimiento y otras organizaciones, se aprueba el Tratado de Ottawa (sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal).

Septiembre de 2001: En una serie coordinada de ataques, un grupo que se autodenomina Al Qaeda secuestra cuatro aviones y los hace estrellarse contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, en Washington D.C. Otro avión se estrella en Pensilvania. En respuesta, el Gobierno de Estados Unidos anuncia una “guerra mundial contra el terrorismo”.

Octubre de 2001 guerra en Afganistán:
Estados Unidos, el Reino Unido y Francia se unen al grupo afgano Alianza del Norte para derrocar al régimen talibán que, según se cree, acogió a los campamentos de entrenamiento de Al Qaeda que perpetró los ataques del 11 de septiembre.

Enero de 2002: llegan los primeros detenidos al centro de detención establecido por Estados Unidos en la Base Naval de la Bahía de Guantánamo (Cuba).

Febrero de 2003: se desencadena la guerra en Darfur cuando dos grupos armados buscan la independencia de Sudán, lo que causa muchas víctimas civiles, desplazamiento e inseguridad alimentaria crónica.

Marzo de 2003: se inicia la guerra en Irak para derrocar al régimen de Saddam Hussein, que, según Estados Unidos, ha fabricado armas de destrucción masiva.

Toma de conciencia
Al inicio del decenio de 2000, el CICR comienza a prestar más atención a las víctimas de violencia sexual durante los conflictos armados.

Diciembre de 2004:
un terremoto frente a la costa occidental de Sumatra (Indonesia) provoca un tsunami que mata a más de 230.000 personas en 13 países. La respuesta humanitaria fue inmediata y masiva. La escala y la diversidad de los grupos y organizaciones que llegan para ayudar también dieron lugar a muchos problemas de coordinación y denuncias de derroche.



Fotografía: ©Federación Internacional

Agosto de 2005: el huracán Katrina azota la costa del Golfo de Estados Unidos, cobrándose la vida de 1.800 personas y causando daños por valor de más de 80 mil millones de dólares.

Junio de 2007: el presidente del CICR, Jakob Kellenberger, en un acto poco frecuente, denuncia públicamente las violaciones del derecho internacional humanitario contra civiles y detenidos cometidas por el Gobierno de Myanmar.

Salto en el tiempo
el nuevo presidente del CICR, Peter Maurer, es el primer presidente del CICR que visita Myanmar. Dijo que la visita, junto con los compromisos del gobierno de permitir un mayor acceso a los detenidos y las comunidades afectadas por los combates, representa “un nuevo capítulo en nuestra relación con el Gobierno de Myanmar y en nuestras actividades humanitarias en el país”.

Mayo de 2008: se aprueba la Convención sobre Municiones en Racimo, que prohíbe el empleo, el almacenamiento y la transferencia de estas municiones, que dispersan pequeñas bombitas sobre una amplia zona hiriendo a menudo a civiles muchos años después de lanzadas.

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