Volver a la página
principal de la revista
 

Un peligro latente

“A diferencia de las balas que dejan de dispararse tras la firma de un acuerdo de paz, las minas terrestres y los restos explosivos de guerra quedan en el suelo cebados y en espera de estallar sin distinguir a quién hieren.” Con estas palabras, el autor y fotógrafo Mark Jenkins presenta una exposición de fotografías (tomadas en Bosnia y Herzegovina, Irak, Laos, Mozambique y Nicaragua) que muestran el costo humano que han hecho pagar estas armas perniciosas. La mayoría de los heridos por estas armas, observa el autor, eran civiles, de los cuales casi la mitad niños que se encontraban jugando, pastoreando o recogiendo leña. Desde la adopción, en 1997, de la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal y, en 2008, de la Convención sobre Municiones en Racimo, el número de víctimas en todo el mundo ha disminuido drásticamente. Pero todavía quedan muchas tierras por limpiar y todos los años muchas personas mueren o resultan gravemente heridas. A continuación se presentan solo algunas de las impactantes imágenes, en las cuales se ha sabido captar la angustia y la capacidad de resiliencia de los sobrevivientes, así como la pasión de aquellos que tratan de reducir el sufrimiento. Para ver la exposición completa: www.icrc.org.

Bonafacio Mazia, de 57 años, perdió la pierna izquierda en la explosión de una mina antipersonal en 1987 durante la guerra civil de Mozambique, que duró de 1977 a 1992. Mazia continúa sus actividades agrícolas pues ha desarrollado un extraordinario equilibrio. Todos los días demora 45 minutos en llegar cojeando a su huerta y su esposa se encarga de llevarle la azada.
Fotografía: ©Brent Stirton/Getty Images

En enero de 2006, cuando Sajad Faleh tenía cuatro años de edad, él y tres de sus hermanos encontraron una munición en racimo sin explotar y comenzaron a jugar con ella. La explosión posterior mató a los dos hermanos mayores de Sajad, laceró el estómago de su hermano menor y a él le amputó las dos piernas. Está a la espera de una evaluación en el Centro de Rehabilitación Física del CICR. Fotografía: ©Marco Di Lauro/Getty Images

Juan Ramón López, 55, was working as a freelance deminer on a coffee plantation near the border of Nicaragua and Honduras in 1998 when an anti-personnel mine blew off one leg. The next year he was clearing another area when a mine amputated his other leg. He now works as a gold miner, standing in the sluice on his stumps, running his hands through the gravelly water, his prosthetic legs and metal crutches left lying in the leaves.
Fotografía: ©Sebastian Liste/Getty Images

Juan Ramón López, de 55 años, trabajaba como desminador independiente en un cafetal, cerca de la frontera de Nicaragua y Honduras en 1998, cuando una mina antipersonal le voló una pierna. Al año siguiente, se encontraba desminando otra zona cuando una mina le amputó la otra pierna. Ahora trabaja como minero de oro; apoyado en sus muñones pasa las manos por el agua llena de grava; a un lado quedan sus piernas ortopédicas y las muletas de metal mientras hace su faena. Fotografía: ©Sebastian Liste/Getty Images

En noviembre de 2013, Mirza Smajlovic, de 12 años, Denis Merdzanovic, de
12 años, Alen Konakovic, de 14 años, y Jasmin Sidran, de 12 años (de izquierda a derecha) estaban jugando con su amigo Mirza Merdzanovic, de 10 años (primo de Denis), cuando encontraron una bolsa de armas en un arroyo. Mirza le agregó una granada de fusil y la tiró contra la pared. La explosión lo mató a él e hirió a estos cuatro muchachos. Fotografía: ©Veronique de Viguerie/Getty Images

Mek, de 9 años, sostiene el retrato de Somak Toe, de 12 años, que fue uno de los tres muchachos muertos por los artefactos sin explotar que llevaban a su casa en bicicleta. En Laos se arrojaron más de 270 millones de submuniciones en racimo durante la guerra entre Vietnam y Estados Unidos, que se prolongó de 1963 a 1972. Fotografía: ©Paula Bronstein/Getty Images

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

©2014 

Copyright

S