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Un asesino silencioso

 

El dengue estuvo a punto de ser erradicado en muchas partes del mundo y hoy ha hecho una reaparición mortal. Los expertos dicen que solo un esfuerzo vigoroso y sostenido pondrá fi n a esta enfermedad prevenible.

Con frecuencia el mejor antídoto contra las enfermedades infecciosas es la información. Alejandra Mendoza Rivera, que vive en León, cerca de la costa del Pacífico de Nicaragua, lo sabe muy bien, pues la información que le transmitieron los voluntarios de la Cruz Roja Nicaragüense sobre el dengue le permitió salvar la vida de sus dos hijos: Osmari, de 2 años, y Francisco, de 12.

“Mis dos hijos tuvieron una fiebre muy alta y los llevé al centro de salud; temí que pudieran tener dengue”, dijo. “Los exámenes que les hicieron confirmaron que era así.”

Gracias a la visita de la Cruz Roja, Mendoza Rivera se preocupa más de la limpieza de su casa. “Puse en práctica todo lo que aprendí; por ejemplo: mantener protegidos los recipientes de agua, tapar los barriles, ser cuidadosa y siempre limpia.”

El dengue es una infección viral transmitida por mosquitos, que causa síntomas similares a los de la gripe y, en ocasiones, evoluciona hasta convertirse en un cuadro potencialmente mortal llamado dengue grave. Cerca del 2,5% de las personas que contraen la enfermedad muere. Sin una atención médica preventiva apropiada, la tasa de mortalidad puede exceder el 20%.

El brote que se produjo en Nicaragua en 2013 ya se había cobrado la vida de 14 personas en junio; hubo 57 casos graves y 4.000 personas contrajeron el virus. Las autoridades confirmaron que se registró un aumento del 300% en los casos de dengue respecto al año anterior.

“Gracias a la ayuda que los voluntarios de la Cruz Roja nos prestan dos días por semana, hemos podido fumigar y eliminar la basura más a menudo y de esta manera eliminar el mosquito Aedes aegypti, responsable de la transmisión del dengue, durante su fase acuática”, dice Silvio Pirado, técnico especializado en enfermedades transmitidas por vectores y roedores en el Centro de Salud de Malpaisillo, en León.

El dengue y el dengue grave (llamado también dengue hemorrágico) afectan a la mayoría de los países tropicales y subtropicales de la región de Asia y el Pacífico, América, África y el Mediterráneo oriental. Durante los últimos 50 años, el dengue se ha extendido de nueve países a más de cien, por lo que es la enfermedad transmitida por vectores que se propaga con mayor rapidez.

Una enfermedad prevenible

Pero no debería ser así. “Durante los decenios de 1950 y 1960, la Organización Panamericana de la Salud adoptó una estrategia de salud pública para combatir el dengue, que redujo con éxito y, en algunos casos, erradicó la enfermedad en América”, explica Walter Cotte, subsecretario general de la Federación Internacional.

“Con el tiempo ese impulso fue decayendo. En la actualidad, países como Brasil, Colombia y México, donde los casos de dengue eran casi inexistentes, figuran entre los diez primeros más endémicos del mundo.”

Hoy, casi la mitad de la población mundial vive en países donde el dengue es endémico. El número de casos ha aumentado de 15.000 por año en el decenio de 1960 a aproximadamente 390 millones en la actualidad. Considerada como una enfermedad urbana y periurbana, el dengue se está volviendo un problema en las zonas rurales.

En Colombia, por ejemplo, el número de casos ha pasado de 5,2 por 100.000 en el decenio de 1990 a 18,1 casos por cada 100.000 en los últimos cinco años. Este aumento se debe al crecimiento demográfico, la urbanización no planificada, la falta de saneamiento ambiental, el aumento de los viajes de larga distancia y el control ineficaz de los mosquitos.

La inseguridad, el desplazamiento y la violencia también pueden influir. Casi el 80% de los 30.000 residentes de Guapi, en el departamento del Cauca, en Colombia, donde se dio un brote de dengue en 2013, no tiene acceso al agua potable. El municipio carece de todo sistema de eliminación de desechos o planta de tratamiento de aguas residuales, por lo que la mayor parte de los desechos se vierten directamente al río o en el mar.

Asimismo, en 2011, cuando en Paraguay se produjo el peor brote de dengue, con un total de 38.206 casos confirmados y 62 muertes, el mayor número de casos y muertes afectó tanto al departamento relativamente rural de Alto Paraná como a la zona metropolitana de la capital del país, una extensa zona urbana que abarca diez ciudades y en la que residen más de 2 millones de habitantes.

El terreno de cultivo urbano

En los núcleos urbanos nuevos situados en las afueras de las ciudades, la gente vive hacinada, no hay servicios de gestión de desechos sólidos y los sistemas de abastecimiento de agua y alcantarillado son inadecuados. A todo esto, se sabe que el mosquito transmisor del dengue puede reproducirse en cualquier lugar, desde charcos en las obras, barriles de agua potable, desagües con agua estancada hasta floreros en las casas.

Estas son algunas de las razones por las cuales las Sociedades Nacionales, la Federación Internacional y otras organizaciones que participan en la lucha contra el dengue dicen que es hora de efectuar un cambio radical en el enfoque y en lugar de abordar el problema mediante campañas de erradicación aisladas y episódicas, sería conveniente desplegar esfuerzos exhaustivos, concertados y de largo plazo con objeto de eliminar las condiciones que favorecen la enfermedad.

Muchos de los esfuerzos realizados por la Cruz Roja y la Media Luna Roja, por ejemplo, se financian gracias al Fondo de Reserva para el Socorro en Casos de Desastre (Fondo de Reserva), que pone rápidamente a disposición dinero para las situaciones de emergencia, como son los brotes. Estos aportes de dinero han contribuido en muchos países a reducir los daños de la epidemia y, a largo plazo, han permitido a las Sociedades Nacionales asociarse con otras organizaciones locales y nacionales, instalar depósitos de suministros y material, y mejorar la capacidad y los conocimientos para las intervenciones en curso. Sin embargo, no son suficientes para evitar una próxima serie de brotes. Lo que se precisa, según los funcionarios de salud, es una inversión a largo plazo en programas integrados e iniciativas a nivel comunitario que lleven a un cambio de comportamiento duradero.

Las Sociedades Nacionales ya están haciendo gran parte de este trabajo y ahora deben ampliarlo. La Cruz Roja Paraguaya, por ejemplo, se coordina con los municipios y los centros de salud para eliminar los criaderos de mosquitos y promover el saneamiento y la detección de casos. También ha respaldado acciones preventivas organizadas por el Ministerio de Salud y varios municipios a través de la intervención comunitaria y la educación. Además, la Sociedad Nacional llevó a cabo una campaña de sensibilización sobre el dengue utilizando los diferentes medios masivos.

Una inversión que vale la pena

Asimismo, en El Salvador, la prevención del dengue forma parte de un programa de salud en curso financiado por la Cruz Roja Noruega que se centra en la salud preventiva y ambiental a nivel comunitario. En colaboración con los centros de salud familiar locales y otras organizaciones, la Sociedad Nacional participa en campañas de limpieza, purificación de agua, fumigación y seminarios de salud preventiva. Estas tareas van asociadas con servicios de salud dental, debates sobre salud sexual y reproductiva y evaluaciones de nutrición, entre otras actividades.

La prevención también suele ser parte de la respuesta de emergencia. En julio de 2014, por ejemplo, cuando las autoridades salvadoreñas declararon la alerta amarilla para otra enfermedad transmitida por mosquito chikungunya, la Federación Internacional asignó 184.000 dólares de su Fondo de Reserva para ayudar a la Sociedad Nacional a detener el brote y prevenir futuras epidemias de chikungunya y dengue.

En las zonas donde se han desplegado esfuerzos de prevención, se ha demostrado que la inversión en tiempo y dinero vale la pena. En 2001, por ejemplo, en las Maldivas hubo un récord de 2.909 casos de dengue. A través de su red de voluntarios, la Media Luna Roja de Maldivas creó conciencia en las escuelas, realizó actividades de limpieza de la comunidad y distribuyó material de información, educación y comunicación. Para 2013, los casos de dengue habían disminuido en un 155% en ocho de los diez atolones donde actúa la Sociedad Nacional.

Gennike Mayers y Enrique Guevara
Responsables de comunicación para la Federación Internacional en América.


Tatiana Marín, de la Cruz Roja Paraguaya, enseña a los alumnos de una escuela en Costa Rica la manera de prevenir dos enfermedades transmitidas por mosquitos (dengue y chikungunya), en el marco de las actividades realizadas por la Cruz Roja Costarricense en agosto de 2014.
Fotografía: ©Vladimir Castro/ Federación Internacional

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que se precisa, según los funcionarios de salud, es una inversión a largo plazo en programas integrados
e iniciativas
a nivel comunitario
que lleven a un cambio de comportamiento duradero.

 

 



 

 

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