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En favour de la humanidad

 

Después de dos años a la cabeza del CICR, Peter Maurer reflexiona sobre el futuro de la ayuda humanitaria y su papel como máximo embajador humanitario del CICR.

Los dos primeros años de mandato de Peter Maurer como presidente del CICR han sido intensos. Para conocer el funcionamiento de la Institución y los retos humanitarios que encara, el ex embajador de Suiza ante las Naciones Unidas navegó en canoa por el río Piñuña Negro en Colombia, visitó orfanatos en la República Democrática del Congo y vio el lugar en el que los voluntarios de la Media Luna Roja Árabe Siria preparan las ambulancias para misiones a través de las líneas enemigas, entre muchas otras visitas. Ha viajado a casi todas las capitales de la diplomacia mundial, donde se ha reunido con líderes como el presidente de Estados Unidos Barack Obama y el presidente chino Xi Jinping. En las zonas donde está presente el CICR, ha trabajado con interlocutores clave como el presidente sirio Bashar al-Assad y otros que influyen en el curso de los conflictos actuales. Cruz Roja Media Luna Roja se reunió recientemente con Peter Maurer para hablar sobre lo que ha aprendido hasta ahora, y conocer su opinión sobre lo que nos depara el futuro.

¿Cuáles son sus impresiones después de dos años en el CICR?
Maurer: He quedado muy impresionado por la dedicación del personal del CICR y por todos los voluntarios y los empleados de las Sociedades Nacionales. Es muy motivador pertenecer a un Movimiento que cuenta con tantas personas comprometidas.

Desde luego, también me ha tocado presenciar situaciones desconcertantes que, como diplomático, nunca antes había visto: ver a los heridos en hospitales provisionales en Siria; ver el efecto de los cierres en Gaza; ver a miles de niños en Goma (República Democrática del Congo) que habían perdido el rastro de sus padres. Hay una mezcla constante de experiencias desconcertantes y alentadoras cuando uno siente lo mucho que la gente aprecia la labor del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

¿Qué consecuencias humanitarias tienen estos viajes?
Atender a las necesidades humanitarias de la población y mantener el apoyo a la acción del CICR es una tarea crucial para la Institución y, por lo tanto, para el presidente. Así pues, las visitas y las conversaciones con los encargados de tomar decisiones políticas y diplomáticas es una función clave del presidente. Se trata de negociar y ampliar el acceso a la población necesitada y, por ende, extender el ámbito de las actividades operacionales del CICR. Se trata de intentar influir en las principales partes interesadas para que respeten el derecho internacional humanitario (DIH) y afianzar la Institución dentro de los países que tradicionalmente no han participado en la labor humanitaria internacional.

Al mismo tiempo, entablar el diálogo con los dirigentes políticos permite al CICR ser mucho más preciso en la forma en que ofrece una respuesta humanitaria. Las restricciones de acceso son las restricciones de la política sobre la acción humanitaria. Así pues, la interacción del presidente del CICR, con la legitimidad del mandato internacional específico de la Institución, puede tener un impacto positivo para incorporar cuestiones humanitarias en el orden del día político.

¿Qué hace cuando le toca enfrentar posturas inflexibles?
La diplomacia humanitaria es un proceso largo. No se puede esperar que las cosas se acomoden de una sola vez. Tuve una muy buena conversación con el presidente Assad hace más de un año, por ejemplo. Pero algunos de los objetivos sobre los que hablamos aún no se han materializado, como el pleno acceso a los centros de detención. Eso no quiere decir que no se voyan a materializar, que se trate de un fracaso de la diplomacia humanitaria. Significa que las cosas han sido más complicadas y, por lo tanto, es necesario intentarlo de nuevo. La diplomacia humanitaria es siempre un ejercicio de largo aliento.

Este año celebramos el centenario del primer Convenio de Ginebra. ¿Cuáles son los principales retos, amenazas y oportunidades para el derecho internacional humanitario de cara al futuro?
Esta pregunta tiene muchos ángulos. Por eso es fundamental garantizar que la interpretación y el desarrollo del derecho internacional humanitario evolucionen al ritmo de los conflictos. ¿De qué manera las armas tecnológicamente avanzadas como los drones y las armas automatizadas se relacionan con el marco jurídico del DIH? Tenemos que ver si el marco actual es suficiente o si necesita interpretación o desarrollo.

Está también el debate sobre la definición del campo de batalla moderno. ¿El campo de batalla sigue estando circunscrito geográficamente? ¿O simplemente se mueve con los actores armados? ¿Hay un campo de batalla global en la “guerra contra el terrorismo” o el campo de batalla está limitado todavía a ciertos lugares precisos donde se están llevando a cabo las operaciones militares?

Los patrones de la violencia también van cambiando. Cada vez más vemos situaciones en las que los grupos armados no estructurados están equipados y se comportan como si fueran actores armados en el sentido tradicional: redes criminales que tienen capacidades militares similares a los ejércitos o grupos armados estructurados.

Cuando los conflictos armados y la aplicación de la ley están entrelazados, debatimos sobre el marco jurídico aplicable —¿el DIH o los derechos humanos?— y cómo asegurar que los ejércitos y los grupos armados entiendan su responsabilidad con respecto a ambos. No obstante, tenemos que recordar que el objetivo principal de ambos ordenamientos jurídicos es proteger a las personas. Una posible falta de claridad en cuanto a la lectura jurídica no debe llevar en ningún caso a una falta de protección. Y nunca debemos hallarnos en una situación en la que no actuemos para mitigar las consecuencias de la violencia solo por el hecho de que los tipos de violencia corresponden a tal o cual marco jurídico.

¿Qué hay de la tecnología?
Con la nueva tecnología, ¿qué forma cobrará la acción humanitaria en los años venideros? Creo que todavía no se ha dado el gran salto tecnológico en lo que respecta a la acción humanitaria. Muchas de las instituciones y organizaciones humanitarias utilizan por el momento tecnologías modernas como los sistemas de gestión de la información o para acelerar las entregas. Estamos mejor informados y recibimos la información con mayor rapidez, lo que nos permite diseñar las operaciones de forma más precisa.

En los próximos años, lo más probable es que los sistemas de información transformen la manera en que prestamos ayuda y esto afectará a la función de los intermediarios, como las Sociedades Nacionales, el CICR y la Federación Internacional. Las víctimas de los conflictos y las catástrofes naturales estarán cada vez más conectadas y tendrán una mayor participación en la organización del socorro y la propia entrega de los suministros.

¿Tiene desventajas esta tendencia?
Una de las cuestiones esenciales será saber cómo esta evolución influye en la acción humanitaria neutral, imparcial e independiente. Algunas poblaciones pueden conectarse con el mundo y satisfacer sus necesidades mediante la solidaridad con poblaciones de otras partes del mundo. Pero puede haber otras localidades menos conectadas y donde la equidad se convierte en un problema. Además, en los desastres naturales, que captan la imaginación de mucha gente, puede haber un ambiente más propicio para que este tipo de conectividad tenga éxito. Sin embargo, en los conflictos prolongados, la ayuda puede dejar de llegar después de un par de semanas si no hay intermediarios presentes.

¿Cómo será la acción humanitaria en los próximos 20, 30 o incluso 50 años?
No estoy seguro de que la naturaleza del humanitarismo nos permita hacer proyectos para dentro de 30 y 50 años. Pienso en el futuro, no como una realidad estática o estable para la cual se puede uno preparar, sino como un entorno que requiere ajustes constantes en las formas y los medios con los que respondemos. Se requerirá agilidad, innovación y flexibilidad. Por lo tanto, estoy más interesado en cómo podemos ser más rápidos en la respuesta, más precisos en la forma en que prestamos ayuda y más flexibles para responder a las situaciones muy determinadas por el contexto.


El presidente del CICR Peter Maurer durante una visita a Colombia en 2013. Fotografía: ©CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Pienso en el futuro, no como una realidad estática o estable para la cual se puede uno preparar, sino como un entorno que requiere ajustes constantes en las formas y los medios con los que respondemos.”

 

 

 

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