Volver a la página
principal de la revista
 

 

Las enseñanzas de
la lucha contra el ébola

En la ciudad de Kenema, la tercera área urbana más grande de Sierra Leona y una de las más afectadas por el virus del ébola que se ha propagado por África Occidental, los equipos de cuidadores locales e internacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja arriesgan su vida diariamente para que se brinde a todo el que ingresa en el centro de tratamiento de urgencia de la Federación Internacional la mejor posibilidad de sobrevivir. El centro abrió el pasado mes de septiembre a petición del Gobierno de Sierra Leona funcionará, según lo previsto, durante 12 meses.

Entre tanto, desde marzo, miles de colaboradores y voluntarios de la Cruz Roja debidamente capacitados trabajan incansablemente en Guinea, Liberia y Sierra Leona para informar y movilizar a las comunidades, atender a los enfermos e inhumar a los muertos de manera segura y digna, todo lo cual es esencial para mantener bajo control esta epidemia. Estos trabajadores son los héroes de un esfuerzo mundial destinado a poner coto a un brote de ébola que sigue ganando terreno. Otro aspecto fundamental de las actividades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha sido la preparación de emergencia y los cursos de formación organizados en 15 naciones africanas, que ya han sido afectadas o corren el riesgo de serlo.

Gracias a esos esfuerzos, lograremos finalmente vencer esta enfermedad. Pero incluso antes de que llegue ese día, tenemos que hacernos una pregunta crucial: ¿qué vamos a hacer luego? ¿Vamos a dar un profundo suspiro de alivio y pasar a otro tema? ¿O vamos a sacar en limpio lo que hemos aprendido de esta situación sin precedentes?

Este brote de ébola nos ha mostrado la rapidez con que una enfermedad puede causar estragos en sociedades carentes de sistemas de salud eficientes que permitan detectarla, informar al público y responder con prontitud a la escala apropiada. Incluso en los países más desarrollados, el brote ha puesto de manifiesto la falta de preparación, formación y equipamiento. Pero en estos Estados frágiles, que aún emergen de las sombras de la guerra y de años de inestabilidad política, el insuficiente número de camas en los hospitales, de personal, de ambulancias y de otros insumos esenciales ha significado que muchas personas nunca llegarán al hospital. Muchos fueron enviados de vuelta a casa para ser cuidados por familiares, que resultaron infectados a su vez.

La crisis también evidenció las graves deficiencias en la capacidad de intervención de las organizaciones humanitarias internacionales, las organizaciones de salud y los donantes. En los últimos años, se ha prestado un excesivo interés a la realización de proyectos destinados a un problema o enfermedad, o a la consecución de objetivos específicos de salud, en lugar de desarrollar sistemas de salud eficaces que respondan a una amplia gama de desastres naturales o problemas de salud imprevistos.

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha brindado apoyo a las comunidades afectadas antes y durante el brote y seguirá haciéndolo después. Asimismo continuará contribuyendo a fortalecer la capacidad de las Sociedades Nacionales como importantes asociados en las redes locales de preparación y prevención.

Pero esto no será suficiente si no va acompañado de una inversión, tanto pública como privada, en soluciones a largo plazo que incluyan la educación, la buena gobernanza, la mejora de la infraestructura y el establecimiento de sistemas de salud eficientes. Esto costará caro y llevará tiempo, pero será sin duda menos costoso que la alternativa, esto es brotes más mortíferos.

La reciente iniciativa del Banco Mundial de crear un fondo de emergencia de 20 mil millones de dólares es un paso positivo. Pero esta inversión también debe contribuir a instaurar sistemas que impidan el desarrollo de futuros brotes, detecten rápidamente cuando surgen y ayuden a las comunidades locales a responder por sí mismas. Muchos Estados frágiles siempre necesitarán ayuda humanitaria externa en situaciones de emergencia. Ahora bien, se podría reducir sustancialmente esa necesidad consolidando la capacidad local, basada en el conocimiento local.

En el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja hace años que venimos trabajando para forjar la capacidad de resiliencia de la comunidad frente a los desastres y las emergencias de salud. Las enfermedades mortales, como el dengue, el cólera, la malaria, el VIH/SIDA y el ébola, exigen casi siempre soluciones integrales en las que participen las comunidades, los gobiernos locales y nacionales, las escuelas, las instituciones médicas locales y la sociedad civil.

Al mismo tiempo que intentamos erradicar el ébola de África Occidental y de otros países, insto a la comunidad internacional a que despliegue recursos a una escala que refleje la magnitud de los retos y corresponda a los sacrificios realizados por aquellos que están luchando en primera línea. Asimismo, hay que mantener la perspectiva de futuro, de manera que cuando venzamos al ébola podamos canalizar nuestras energías hacia el siguiente paso: lograr que todas las naciones frágiles sean más saludables y más seguras y estén mejor preparadas.

Elhadj As Sy
Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja Fotografía: Federación Internacional


©FICR

Arriba

Contáctenos

Créditos

Webmaster

©2014 

Copyright