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Una prueba temprana

 

A raíz del genocidio en Camboya, el principio de imparcialidad pasó una de sus pruebas más difíciles.

Cuando el delegado del CICR François Bugnion despegó con rumbo a Phnom Penh (Camboya) en julio de 1979, seis meses después de la caída de los jemeres rojos, los siete Principios Fundamentales, tal como los conocemos hoy, tenían menos de 15 años. Los postulados básicos de los principios antecedieron su adopción oficial por el Movimiento en 1965 y se ponían a prueba por primera vez como preceptos oficiales rectores de todo el Movimiento.

La experiencia de Bugnion en Camboya fue sin duda un ejemplo de ello. Las nuevas autoridades camboyanas desconfiaban de la intervención externa después de años de injerencia extranjera y, en el primer momento, dudaron antes de permitir que solo dos personas, Bugnion y Jacques Beaumont del UNICEF, fueran a Phnom Penh para examinar la posibilidad de poner en marcha un plan masivo de socorro.

“Lo primero que nos sorprendió fue cuando íbamos volando hacia la frontera con Camboya a baja altura”, recuerda Bugnion, hoy miembro del Comité Internacional de la Cruz Roja. “En Vietnam, cada metro cuadrado estaba cultivado con arrozales, al igual que en cualquier lugar del sudeste asiático, mientras que en Camboya no había ni un solo campo cultivado. No había rastro de actividad humana; todo el campo era de color gris-marrón.”

Beaumont y Bugnion pudieron entrar a Camboya sobre todo porque el CICR y el UNICEF fueron las últimas organizaciones en dejar Phnom Penh cuando la ciudad cayó en manos de los jemeres rojos en 1975. Ahora, cuatro años más tarde, estaban consternados por lo que veían.

“La ciudad estaba completamente vacía, era una ciudad fantasma”, recuerda Bugnion. “No había telecomunicaciones, ni teléfonos, ni vehículos circulando. Teníamos la sensación de estar en un país con una situación totalmente desastrosa.”

“Fuimos a algunos hospitales donde no había material ni medicamentos, tampoco había médicos porque los habían matado”, recuerda Bugnion. “Fuimos a algunos orfanatos, donde las personas encargadas no sabían cómo asegurar la supervivencia de esos niños.”

El gobierno de Camboya aceptó en principio la operación de ayuda propuesta, pero se oponía a que hubiera una presencia extranjera en el terreno. Beaumont y Bugnion explicaron que no era posible poner en marcha una operación masiva y compleja sin una fuerza laboral internacional con experiencia. Los trabajadores humanitarios internacionales tenían que estar presentes para evaluar la situación y rendir cuentas a los donantes de la utilización de la ayuda. Era una cuestión de responsabilidad e imparcialidad.

La injerencia, origen del dilema
El gobierno finalmente accedió. Pero la verdadera prueba no era esa. Para captar bien el dilema que iban a encarar Bugnion y Beaumont es importante entender el rechazo de Camboya a la intervención extranjera. Después de la caída de los jemeres rojos, el país salía de un largo período durante el cual las fuerzas externas -de Asia y más allá- se habían inmiscuido en los asuntos del país o los controlaban totalmente.

En las décadas que siguieron a la independencia de Francia en 1953, el príncipe Norodom Sihanouk, quien dirigió el país de 1960 a 1970, trató de permanecer neutral en el conflicto derivado de la Guerra Fría que estaba desgarrando al vecino Vietnam.

Pero no todos estaban de acuerdo con la neutralidad de Sihanouk dado que la guerra civil de Vietnam ya rebasaba la frontera de Camboya. En 1970, Sihanouk fue derrocado y un nuevo régimen trató de detener el uso que Vietnam del Norte hacía de Camboya para el transporte de suministros. Pero dado que el nuevo régimen carecía de credibilidad entre los camboyanos, el país se sumió rápidamente en una guerra civil. Los jemeres rojos aprovecharon la situación y tomaron el control de casi toda la zona rural de Camboya.

“Durante la guerra civil, el CICR estuvo presente en Camboya desplegando grandes programas de socorro y de asistencia médica, así como de servicios de reunión de familias separadas y otras actividades”, recuerda Bugnion. “El CICR y el UNICEF fueron las dos únicas organizaciones humanitarias que se quedaron hasta que los jemeres rojos tomaron Phnom Penh el 17 de abril de 1975.”

“Ese día, la capital, que tenía una población de dos millones de personas, se había vaciado completamente”, relata Bugnion. “No hubo excepciones, ni para los heridos de guerra ni para los ancianos ni para las mujeres jóvenes que habían dado a luz la noche anterior.”

Sin instituciones ni un sistema monetario que funcionara ni una economía viable, la gente tuvo que arreglárselas como pudo. Muchos fueron ejecutados o enviados a campos de trabajo. Unos 2 millones de personas, casi la cuarta parte de los 8 millones de habitantes que tenía el país en aquel entonces,  perdieron la vida. “Durante ese periodo, el CICR no pudo desplegar actividades [dentro de Camboya]”, recuerda Bugnion.

Un dilema para la imparcialidad
Cuatro años más tarde, debilitados por las divisiones internas, los jemeres rojos cayeron ante las fuerzas vietnamitas y se instauró la República Popular de Kampuchea. Seis meses después, Beaumont y Bugnion volaban a Phnom Penh.

Pero mientras ellos negociaban la operación de socorro con las nuevas autoridades de Camboya, otra situación se producía cerca de la frontera con Tailandia. Mucha gente escapaba de los combates y se había iniciado un éxodo masivo de personas hacia Tailandia. Al principio, este país aceptó a los refugiados, pero como el número crecía, decidió cerrar sus fronteras, dejando a miles de personas atrapadas en las zonas fronterizas dentro de Camboya controladas por los jemeres rojos.

Frente a esta situación, el CICR y el UNICEF organizaron una gran acción de socorro en favor de los refugiados atrapados. Como ninguna de las dos organizaciones podía acceder a ellos del lado camboyano, hicieron entrar suministros por Tailandia.

“Cuando el gobierno de la República Popular de Kampuchea se enteró de esto, reaccionó con dureza”, recuerda Bugnion. “Hasta cierto punto es comprensible. Fue la reacción de un gobierno que no era reconocido por la comunidad internacional y que tenía la sensación de que estas dos organizaciones humanitarias, en cierto sentido, estaban pisoteando su soberanía.”

“El gobierno adoptó una posición muy firme y dijo, ‘si desean colaborar con nosotros, deben hacerlo solo con nosotros y deben cesar todas sus operaciones a través de la frontera’”, recuerda Bugnion. No fue una amenaza vana: las autoridades les pidieron los pasaportes y les otorgaron 48 horas más en el país.

“Fue extremadamente embarazoso porque por un lado pensamos: solo trabajando con el gobierno podremos ayudar a la mayoría de las personas que viven en Camboya. Pero ¿quiénes somos nosotros para hacer caso omiso de la situación de varias decenas de miles de personas, que están en una situación aún peor?”

¿Qué hubiera hecho usted en esta situación? Lea en la página 13 lo que hicieron Bugnion y el CICR.

Para averiguar cómo respondieron Francois
y el CICR: Clic aquí

 


François Bugnion, delegado del CICR, durante su misión en Camboya en 1979. Fotografía: ©CICR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Fue extremadamente embarazoso porque por un lado pensamos: solo trabajando con el gobierno podremos ayudar a la mayoría de las personas que viven en Camboya. Pero ¿quiénes somos nosotros para hacer caso omiso de la situación de varias decenas de miles de personas que están en una situación aún peor?”
François Bugnion,
miembro del CICR, hablando sobre uno de los dilemas más grandes que enfrentó como delegado en la aplicación de los Principios Fundamentales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Foto sacada durante la acción de socorro conjunta del CICR y el UNICEF realizada cerca de la frontera camboyana en 1979. Fotografía: ©CICR

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