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La expresión en los ojos de Ranjita Khadka, de 13 años, manifiesta el trauma que muchos niños han sufrido tras los terremotos que sacudieron Nepal en abril y mayo de 2015. Además de suministrar alimentos, alojamiento, primeros auxilios y asistencia médica, el Movimiento prestó apoyo psicológico a las comunidades traumatizadas.
Fotografía: Photo: ©Mirva Helenius/Cruz Roja Finlandesa

 


Chitra Kumari Khatri, de 75 años, sentada en las ruinas de su casa en la ciudad de Singati en Dolakha, una de las zonas más afectadas después del segundo seísmo ocurrido el 12 de mayo de 2015.
Fotografía: Photo: ©Mirva Helenius/Cruz Roja Finlandesa

“Los niños tienen miedo de los helicópteros, porque el sonido les recuerda los terremotos.”
Radhika Khadka, maestra de un pueblo en Dolakha, distrito situado al noreste de Katmandú

 


Esta vista de la ciudad de Singati en Dolakha (Nepal) nos da una idea de la devastación provocada en las zonas de montaña remotas, así como de la magnitud de la tarea que tuvieron que realizar los socorristas.
Fotografía: ©Mirva Helenius/Cruz Roja Finlandesa

“Están felices de estar aquí, pero tenemos que preocuparnos también de su estado anímico: están asustados.”
Binod Rai, director de escuela en Bhaktapur, Nepal

 


Los trabajadores a menudo tuvieron que desplazarse en helicóptero y luego recorrer largas distancias a pie para transportar los suministros pues los caminos habían quedado cortados.
Fotografía: ©Palani Mohan/Federación Internacional



El 25 de abril de 2015, un violento terremoto de magnitud de 7,8 sacudió Nepal, causando daños masivos en las zonas urbanas densamente pobladas de Katmandú, así como en las ciudades y pueblos remotos. Dos semanas más tarde, el 12 de mayo, un segundo seísmo con una magnitud de 7,4 terminó de derribar los edificios dañados que quedaban en pie. Durante semanas se produjeron fuertes réplicas, que aumentaron el riesgo de nuevos daños e hicieron cundir el miedo.
Fotografía: ©Carl Whetham/Federación Internacional



Cuando el suelo dejó de temblar, la Cruz Roja Nepalesa, en colaboración con los asociados del Movimiento, brindó ayuda a cientos de miles de supervivientes, que consistió en primeros auxilios, asistencia de salud, alojamiento, artículos de primera necesidad, dinero en efectivo y ayuda para restablecer los medios de subsistencia. Aquí vemos a voluntarios de la Cruz Roja Nepalesa descargando suministros en Katmandú.
Fotografía: ©Patrick Fuller/Federación Internacional

 


Tras los terremotos, el Movimiento lanzó una vasta operación y movilizó a 200 colaboradores internacionales procedentes de más de 17 Sociedades Nacionales que desempeñaron diversos cometidos. Se movilizaron 10 unidades de intervención de emergencia, entre ellas esta unidad de salud de la Cruz Roja Canadiense, que se encargaron de las necesidades más urgentes en los ámbitos siguientes: agua y saneamiento, asistencia de salud, telecomunicaciones y logística. Ante la proximidad de la temporada de los monzones, la Federación Internacional y la Cruz Roja Nepalesa se ocuparon de preparar a las comunidades, prever los suministros, capacitar al personal de salud y distribuir material para construir refugios de emergencia, entre otras medidas.
Fotografía: ©Cruz Roja Canadiense

Terremotos de Nepal en cifras

45: es, al 7 de julio, el porcentaje recibido de los 78 millones de dólares solicitados en el llamamiento de la Federación Internacional.
7.947: es el número de voluntarios movilizados de la Cruz Roja Nepalesa.
5,6 millones: es el número aproximado de damnificados.
4.400 millones: es el monto en dólares de las promesas formuladas para la recuperación de Nepal en una conferencia internacional sobre la reconstrucción de este país, celebrada el pasado mes de junio.
6.600 millones: es el costo total en dólares calculado para la reconstrucción de Nepal

Nepal se despierta de una pesadilla

Tras el fuerte terremoto registrado el pasado mes de abril, la violenta réplica y los numerosos temblores que lo siguieron, la población de Nepal aprende a sobrevivir, a reconstruir y a sobrellevar los traumas.

 

La mayoría de los niños se quedaron sin hogar y muchos perdieron a algún familiar, pero el inicio del año escolar ha marcado el retorno a cierta normalidad.

La casa de Bhumika y Suraj Sainju se vino abajo con el terremoto, pero felizmente los 28 miembros de la familia alcanzaron a escapar. Once de ellos están viviendo en una tienda de campaña suministrada por la Cruz Roja de Nepal.

“Me alegro de volver a la escuela”, nos dice Bhumika, sonriendo con timidez. “Voy a estar con mis amigos y podremos jugar juntos. Mi materia preferida son las matemáticas, tengo ganas de volver a clases y aprender”.

Junto con la Cruz Roja de Nepal, la escuela de Bhumika había estado enseñando a los alumnos, mediante consejos sencillos, cómo prepararse y saber protegerse en caso de terremoto.

La clase de niños más pequeños tiene lugar al aire libre, bajo un toldo en el patio. La primera semana, el director dijo que era fundamental recuperar la confianza, para que los niños se sintieran seguros y disfrutaran de la escuela.

“Casi el 75% de los niños ha vuelto”, dice Binod Rai, director de la escuela. “Están felices de estar aquí, pero tenemos que preocuparnos también de su estado anímico: están asustados. Aunque en apariencia se ven bien, los seguimos de cerca por si detectamos algún signo: si se ven perturbados, los llamamos aparte para tranquilizarlos y asegurarnos de que estén bien. No me cabe dudas de que volver a la escuela es la decisión correcta.”

Más de 4.000 edificios escolares en todo el país fueron dañados por los terremotos, por lo tanto, se impartirán muchas lecciones bajo un toldo. Rai está deseoso de comunicar a los estudiantes que la municipalidad declaró seguro el edificio después de inspeccionarlo.

“Los niños tienen una gran capacidad de resiliencia pero muchos de ellos han pasado por momentos muy traumáticos”, apunta Claire Groves, delegada de apoyo psicosocial de la Federación Internacional. “Volver a la escuela ayuda a restablecer la estructura y una rutina familiar que ofrece a los niños un sentido de seguridad y protección. La escuela también les brinda la oportunidad de estar cerca de sus compañeros y recibir apoyo, y así se da tiempo a los padres para comenzar a reconstruir sus vidas.”

Revivir una pesadilla

Prestar atención al bienestar psicológico y emocional de los niños y los adultos ha sido un aspecto esencial de la intervención en los terremotos ocurridos en Nepal. Después de una emergencia, es fundamental ocuparse del bienestar psicológico de las personas para lograr la recuperación de las comunidades, que también deben centrarse en la reconstrucción de viviendas, infraestructura, etc. El apoyo psicológico cobró un significado particular en Nepal después de que un segundo seísmo reforzó el temor de que se pudiera vivir otra pesadilla en cualquier momento.

En Dolakha, un distrito ubicado al noreste de Katmandú, la devastación alrededor de la ciudad de Singati paraliza. Las calles desiertas están cubiertas de escombros. La mayoría de las casas quedaron completamente destruidas y las que siguen en pie están en tan mal estado que pueden derrumbarse en cualquier momento.

De vez en cuando, el silencio se rompe con el estrépito de un escombro que cae. Cuando llegan los helicópteros, tiembla la tierra. El segundo terremoto destruyó muchas carreteras en el distrito de Dolakha y los deslizamientos y desprendimientos de rocas han dejado las áreas al norte de Singati inaccesibles por tierra.

“Los niños tienen miedo de los helicópteros, porque el sonido les recuerda los terremotos”, dice Radhika Khadka, que trabajó como maestra en otro pueblo cercano.

Respirar con libertad

Ayudar a la gente a procesar sus miedos, reacción natural al desastre, puede ayudarles a salir adelante con mayor rapidez y tomar decisiones más racionales en caso de que ocurriera otro terremoto. Pero no siempre es fácil lograr que la gente se abra y hable de sus temores.

“Todos nosotros somos víctimas del terremoto”, asegura Jaya Shree Silpakar, psicoterapeuta de la Cruz Roja, ante un grupo reunido en Khalte, un pueblo de montaña remoto situado en el centro de Nepal. “Juntémonos, escuchemos las experiencias de los demás. Es muy necesario que dejemos aflorar nuestras emociones contenidas. ¿Quieren hacerlo con nosotros?”

Jaya viajó para brindar apoyo psicosocial básico en Khalte, donde unas 70 personas entre las que también había niños se reunieron bajo el techo del refugio que los lugareños construyeron recientemente, con materiales que recuperaron de lo que antes eran sus casas. El programa, que la Cruz Roja Nepalesa lleva a cabo en cinco distritos, surgió de la labor previa del CICR con los familiares de las personas desaparecidas durante la década de conflicto interno en Nepal.

“Tratamos de lograr que las personas de zonas muy afectadas expresen el miedo, se preparen mejor para vivir con la incertidumbre y entiendan que su reacción es la respuesta normal ante un acontecimiento anormal. Es una forma de evitar que el trauma inicial se vuelva crónico”, explicó Yubaraj Adhikari, jefe del programa psicosocial del CICR en Nepal.

En Khalte, la mayoría de las casas de barro y piedra fueron reducidas a montones de escombros. Murieron diez personas, otras doce resultaron heridas, la mayor parte del ganado de los lugareños murió aplastado en los establos, y las semillas de arroz y mijo para la próxima siembra quedaron cubiertas de barro.

Cuando Jaya terminó de hablar, hubo un largo silencio. En Nepal no se acostumbra a hablar en público de las emociones. De repente, un hombre de me­diana edad empezó a expresarse con una voz aguda: “Tengo pesadillas continuamente. Veo casas agrietadas, veo a los muertos que vuelven a caminar. Me da mucho miedo.”

Fue como si hubiera abierto una compuerta. Todos empezaron a hablar a la vez, para confirmar que ellos también tenían pesadillas, que tampoco podían superar el miedo, el dolor y la expectativa constante de que se produjera otro temblor violento. Las madres contaban que sus hijos se peleaban todo el tiempo o estaban demasiado callados, tenían cambios bruscos de humor, no querían jugar y se aferraban a sus padres.

Jaya, una mujer menuda de 24 años, daba la palabra a cada uno de ellos por turnos y escuchaba con atención a cada orador; expresaba empatía y calidez con el rostro y pronunciaba palabras de aliento cuando era necesario.

Al final de la sesión, Jaya pidió a los que se habían reunido que cerraran los ojos durante un minuto: “Piensen con cariño en las almas de quienes nos han dejado por obra de la naturaleza, que ha sido cruel pero que aun así nos ha preservado a nosotros, y prometámonos a nosotros mismos seguir adelante con la mayor solidaridad”. Volvió a hacerse silencio, hasta que un niño empezó a reírse y varios lo siguieron. De repente, los asistentes soltaron una carcajada de catarsis.

“Las mujeres jóvenes me permitieron volver a respirar con libertad”, señaló Chitra Kumari Agasthi, una de las mujeres que asistió a la reunión. “Gracias a ellas comprendí que es normal sentir que el suelo tiembla aunque no haya un terremoto.”

By France Hurtubise; Lucy Keating, Federación Internacional; Mirva Helenius, Cruz Roja Finlandesa.

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