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Tribuna abierta

 

Combatir la violencia sexual
contra hombres y niños

LLEGARÁ el día en que los trabajadores humanitarios en el terreno darán por sentado que cualquier persona –sea hombre o mujer, niño, viejo, joven o adulto, puede ser víctima de violencia sexual.

Se establecerán mecanismos adecuados de respuesta, protección y prevención para satisfacer las necesidades de estos sobrevivientes, de los cuales uno de cada tres es varón. Esta proporción probablemente sorprenderá a más de uno, pero la corroboran varios ejemplos históricos, como los campamentos en Bosnia y Herzegovina en el decenio de 1990, en los que se calcula que un tercio de las víctimas de violación eran hombres.

En los artículos de prensa ya no se mencionará el tema como si se estuviera revelando un secreto oculto durante mucho tiempo. Las sesiones de capacitación sobre la labor relativa a la violencia basada en el género mostrarán sistemáticamente a los participantes las necesidades específicas de los sobrevivientes tanto hombres como mujeres, sean físicas, psicológicas, sociales o políticas.

¿Por qué? Porque el silencio que envuelve este tema tabú lo están rompiendo para siempre vivencias múltiples, en las que la violencia de orden sexual - incluida la tortura- contra hombres y niños ha salido a la luz y es innegable. Los conflictos en Bosnia y Herzegovina, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Irak, Libia, Sri Lanka y Siria, por nombrar solo algunos, han generado muchos refugiados varones que han tenido que huir de diversas formas de violencia sexual, a la que no se ha logrado dar una respuesta.

Tras hacer un repaso de los testimonios de tortura aportados por varones, como los que se recogieron en la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Perú, se constató que muchos eran de violencia sexual. Los detenidos iraquíes en Abu Ghraib fueron, sin duda, víctimas de violencia sexual, al igual que los que padecieron torturas en Libia, Sri Lanka y Siria.

Poco a poco se van redefiniendo los límites de la violencia de género para reflejar esta realidad. Las organizaciones humanitarias reconocen las necesidades de los hombres y los niños, las cuales es imprescindible tener en cuenta de la misma manera que las de las mujeres y las niñas.

La tecnología moderna y la repercusión que tienen las declaraciones de los sobrevivientes y los activistas gracias a ella, contribuyen a borrar de un plumazo el par tradicional “agresor varón, mujer víctima”; las cámaras digitales, los teléfonos inteligentes y la rápida circulación de datos permiten difundir casos como el de Abu Ghraib en una forma que antes era impensable.

Los sobrevivientes y quienes los apoyan están usando estos medios para vencer la renuencia de las instituciones que defienden la idea de que la violencia sexual afecta solo a las mujeres y las niñas, lo que contribuye sin duda a crear una nueva base de pruebas.

Hoy muchos expertos en violencia de género hacen caso omiso de que el tercio de los sobrevivientes de violencia sexual son de sexo masculino. Esta actitud no colabora en hacer avanzar la causa de la igualdad de género. Tenemos que encontrar la voluntad política para volver a los principios humanitarios de servir a los más vulnerables, independientemente de la edad, el sexo o la opinión política, y saber lo que se precisa con respecto a las pruebas, los derechos y las intervenciones basadas en las necesidades.

Lo más urgente es que los trabajadores humanitarios adopten acuerdos que integren la violencia de género y promuevan una formación y sensibilización que revele que la violencia sexual puede estar oculta tras términos como “tortura”. Este acuerdo en constante cambio debe llenar la falta de conocimiento que prevalece sobre las diversas formas de violencia sexual.

Sin embargo, esta labor no debe diluir los esfuerzos realizados en favor de las mujeres y las niñas; y debemos buscar y obtener recursos financieros y humanos a fin de mejorar la respuesta que ofrecemos a todos los sobrevivientes de la violencia sexual.


Fotografía: ©Will Storr

Chris Dolan
Médico y director del proyecto de ley de refugiados, residente en Kampala (Uganda). Su labor con los sobrevivientes de la violencia sexual lo ha convertido en un experto reconocido en materia de violencia sexual contra los hombres.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, esta
labor no debe diluir
los esfuerzos
realizados en favor
de las mujeres y
las niñas; y debemos buscar y obtener recursos financieros
y humanos a fin de mejorar la respuesta
que ofrecemos a todos
los sobrevivientes
de la violencia sexual.

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