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Encuentra tu valor

por Seija Tornquist

Las andanzas de un elefantito dan Ánimos a miles de familias separadas por el conflicto en Sri Lanka.

Baba es un elefantito de Sri Lanka cuyo padre desapareció durante una batalla entre los animales de la selva. Habiéndose quedado solo con su mamá tiene que salir a buscar comida. A lo largo del camino vive diversas aventuras y descubre que su padre murió. En un principio se niega a aceptar que nunca volverá pero finalmente se persuade de que debe dar pruebas de valor y ayudar a su madre a sobrellevar la situación. Para las mujeres y los niños desplazados de Sri Lanka, el elefantito que encontró su valor es más que un cuento infantil, ya que relata en términos simples y alegóricos la situación que están viviendo. El cometido del cuento es ayudarles a comprender y sobreponerse.

Escrito por la Dra. Nancy Baron, psicóloga norteamericana, e ilustrado por Sybil Wettasinghe, uno de los artistas más famosos de Sri Lanka, el libro es la herramienta principal de un programa de apoyo psicosocial destinado a los desplazados que viven en los campamentos. La Cruz Roja de Sri Lanka y la Federación iniciaron este programa denominado “Encuentra tu valor” en 1994.

“Mi hijo llora toda la noche y no me explico porqué. No sé que hacer, es una pesadilla para toda la familia, y yo estoy tan cansada...” comenta angustiada una de las madres que vive en el campamento y tiene siete hijos.


 

Cicatrices invisibles

En los últimos cuatro años, el conflicto entre fuerzas gubernamentales y separatistas tamiles obligó a cientos de miles a huir de sus hogares. Muchos encontraron refugio en el extranjero pero hay más de 500.000 desplazados. Desde 1990 a la fecha, la Cruz Roja de Sri Lanka, contando con el apoyo de la Federación, ha brindado la habitual asistencia material a más de 50.000 desplazados que viven en los campamentos situados en siete distritos, fuera de la zona de combate.

Una vez satisfechas las necesidades básicas - refugio, agua, saneamiento y atención de salud - resultó cada vez más patente que también necesitaban asistencia psicosocial y asesoramiento para combatir el estrés y la angustia propias al difícil momento que atraviesan.

“De lo cuatro familiares que han desaparecido hace tres años, dos son hijos míos. Me gustaría saber si están vivos o muertos” se lamenta una anciana. Situaciones como ésta son moneda corriente en los campamentos.

Ampliar los servicios, añadiendo el apoyo psicosocial a la prestación de socorros y la atención sanitaria, supuso una tarea enorme y exigió un estudio completo del que se encargó la Dra. Baron en 1993. Dicho estudio se realizó a partir de una selección de dibujos de 12.000 niños desplazados sobre el tema “Mi visión del mundo”. Los resultados demostraron fehacientemente que las familias de los campamentos sufrían de estrés emocional, provocado por la violencia de la que habían sido testigos, la pérdida de seres queridos y hogares, la precariedad del entorno, la preocupación por la propia seguridad, la incapacidad de subvenir a las necesidades elementales, el aburrimiento y la inactividad experimentados por largos meses.

En el informe final del estudio se recomiendan 30 proyectos a pequeña escala, destinados a reducir el estrés y a recobrar la autoestima y la autosuficiencia.

“Me dijeron que mi esposo, desaparecido hace dos años y medio, ha muerto pero no logro decírselo a mis hijos; ellos siguen creyendo que está en el extranjero y que volverá un día de estos” nos cuenta una madre que tiene tres niños.

El elefantito que encontró su valor ayudará a muchas madres como ésta a abordar el tema con sus hijos. Junto con el libro se ofrece una guía de debate destinada a los padres, que lleva por título “Hablémos...” y cuyo cometido es alentar a los niños a hablar de lo que sienten, ya sea refiriéndose a Baba o a su propia experiencia.

Antes de que la violencia irrumpa en su vida, la mayoría de las familias funciona normalmente, y los padres son capaces de ocuparse de sus hijos como es debido. Pero luego, esa capacidad disminuye considerablemente, los padres se desmoralizan y piensan que ya no tienen nada que ofrecer a los hijos. De ahí que el primer objetivo del programa sea ayudarles a encontrar su propio valor.

“Habida cuenta de que los niños víctimas de la violencia necesitan una mayor motivación e iniciativa para sobreponerse, alentamos a los padres a fomentar en ellos el valor y la autosuficiencia. El estrés emocional se agudiza cuando las familias no son comunicativas y los niños no tienen la oportunidad de expresar sus temores, sentimientos y ansiedades. Es preciso que los padres adquieran aquellas competencias que les permitan acrecentar la capacidad de mantener una comunicación fluida en el seno familiar”, explica la Dra. Baron.

De la teoría a la práctica

La autora del libro comenzó por formar a tres trabajadores sociales y a cinco integrantes de las brigadas móviles de salud para llevar a cabo el programa que consta de una introducción, un seminario para padres y una sesión de evaluación una semana después. Cada trabajador social anima grupos de hasta 50 familias en las sesiones que duran unos 45 minutos. En dichas sesiones se tratan temas concretos abordados en el libro, como por ejemplo: la necesidad de fomentar la confianza y la autosuficiencia en el niño; la formación de los padres para que se ocupen de los hijos; la importancia de sólidos lazos familiares; el papel fundamental de una comunicación fluida en el seno familiar; lo que vale ayudar a los demás; la promoción de la familia y la comunidad, la unidad y la paz mundiales. Por lo general, quien participa en el seminario es la madre pero cuando el padre está con la familia, suele ser él quien lee el libro a los hijos. Asimismo, las mujeres participan en las sesiones de evaluación, acompañadas de los hijos; sesiones que pueden durar de una a dos horas según la índole del debate y de las preguntas que surgen del relato.

“En los campamentos siempre nos reservan una cordial bienvenida y nos alientan a proseguir las visitas una vez terminado el programa”, asevera la Sra. B. Bawa, jefa de la brigada de trabajadores sociales.
“Es la primera vez que alguien viene y escucha nuestros sentimientos más hondos. ¿Porqué no vinieron antes?”, comenta uno de los beneficiarios del programa.
“Este programa nos ayuda a abordar más facílmente con nuestros hijos y también entre adultos, temas tan dolorosos como la muerte, el pesar y demás”, opina otro.
Si reciben el aliento, las competencias y los recursos necesarios, todos y cada uno de los desplazados es capaz de contribuir positivamente a mejorar la vida de su familia y de la comunidad.

 

 

Seija Tornquist
Delegada de Cruz Roja Finlandesa que trabaja para la Federación en Sri Lanka.



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