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La vida continúa en Kobe

por Naomichi Shirata

Toda catástrofe repentina puede generar necesidades de tal magnitud que la capacidad de los servicios de socorro de urgencia y de atención sanitaria resultan insuficientes. Para intervenir en Kobe, tras el terremoto de enero, la Cruz Roja Japónesa recurrió a la red nacional de servicios y voluntarios, lo que le permitió prestar rápidamente una asistencia completa a los damnificados.

El 17 de enero de 1995 a las 5h56, el terremoto de mayor intensidad y más devastador registrado en el Japón en los últimos 70 años sacudió Kobe, principal puerto del litoral. El sismo cobró más de 5.000 vidas, dejó 38.000 lesionados y 319.000 personas tuvieron que alojarse en más de 1.200 refugios de emergencia.

Mamoru Oyama, funcionario de la sección de Okayama de la Cruz Roja Japonesa (CRJ), sintió el terremoto y se dirigió inmediatamente a los locales de su sección: a las 9h38 ya iba rumbo a Kobe, a bordo de una ambulancia de la Cruz Roja cargada de mantas, vendas, equipos de radio y un generador eléctrico.

“Cerca de Kobe, pude ver una amenazante nube de humo que oscurecía el cielo. Los incendios se estaban extendiendo por toda la ciudad, y el calor se sentía incluso dentro de la ambulancia. No se veía un alma en las calles”, recuerda.

Oyama logró llegar a las oficinas de la sección local e instaló allí la estación de radio, restableciendo las comunicaciones, imprescindibles en tales circunstancias. Permaneció en su puesto durante 18 horas, en comunicación continua con otras ambulancias y vehículos de socorro de la Cruz Roja que se dirigían a Kobe. El primer día de la movilización, llegaron 23 equipos médicos integrados por 180 personas, que además aportaron víveres, agua potable, mantas y suministros básicos.

 
 

Muchos lesionados

Hacia fines de marzo, cuando ya se había restablecido el funcionamiento normal de los servicios de atención médica de Kobe, la CRJ había enviado a la zona, 979 equipos médicos que atendieron a los 38.000 lesionados. Todas las secciones del país (47 en total) destinaron personal y voluntarios a las localidades siniestradas, y 44 enviaron equipos compuestos de un médico, tres enfermeras y dos empleados administrativos. Estos equipos permanecieron en alerta las 24 horas del día en los 92 hospitales de la Cruz Roja en todo el Japón, y participaron periódicamente en las actividades de socorro.

Dado que un buen número de las instalaciones médicas de la zona damnificada no se podía utilizar, los dos hospitales de la Cruz Roja, en Kobe y Suma, no daban a basto. En particular, el Hospital de Kobe, situado en el centro de la ciudad y de una capacidad de 126 camas, había acogido a más del doble de pacientes, instalándolos en los pasillos.

Para mejorar la eficacia de la atención médica, se establecieron doce centros sanitarios en Kobe, Nishinomiya, Ashiya y Awajishima, localidad donde se situó el epicentro del sismo. A cada uno de estos centros se asignó un equipo médico, que antendía en el centro mismo o en los ambulatorios que organizaron en las zonas respectivas.

En Kobe, el centro de transfusión sanguínea Hyogo de la Cruz Roja resultó dañado por el terremoto. A raíz de la interrupción del suministro de agua y electricidad resultó casi imposible recolectar sangre los primeros días después del terremoto. A mediados de febrero, se reanudaron las actividades de recolección de sangre, para lo cual se contó con un autobus para acoger a los donantes y dos clínicas de recolección en Amagasaki y Akashi. Durante esos críticos momentos, los centros de transfusión de Osaka y Okayama llevaron a cabo una intensa campaña de donación, que bastó para cubrir las necesidades del período.

Una ola de generosidad

Apenas se supo del terremoto, las secciones de la Cruz Roja comenzaron a recibir grandes cantidades de suministros de urgencia donados por la población. Hasta mediados de abril, la CRJ, en coordinación con el Centro de Coordinación de Socorros establecido por el gobierno y la municipalidad de Kobe, suministró mantas, agua potable, víveres y artículos de primera necesidad a los damnificados alojados en refugios y en casas de vecinos. Se distribuyeron, por ejemplo, 66.000 mantas, 45.000 prendas de vestir, 40.000 paquetes de enseres domésticos, 6.145 paquetes de artículos de uso cotidiano, 10.700 paquetes con víveres de la Cruz Roja, 182.000 litros de agua potable, 33.000 kg de arroz, 223 bicicletas, 283 tiendas de campaña y 160 letrinas de emergencia.

Los voluntarios de la Cruz Roja prestaron valiosos servicios en las actividades de socorro. Se destinaron a la zona más de 1.800 que participaron activamente en la prestación de primeros auxilios, la organización de comedores de emergencia, y el reparto de víveres y otros suministros.

“Al día siguiente del terremoto, empezamos la distribución de oniyiri (bolitas de arroz), plato muy popular en el Japón, en el centro de actividades culturales de Kobe”, explica la Sra. Sachiko Furuya, jefa del grupo de voluntarios de la Cruz Roja del condado de Inami. “Puesto que los habitantes de Kobe no estaban en condiciones de preparar comida caliente, llevamos todos los utensilios de cocina necesarios y preparamos sopas y diversas clases de tallarines. La gente nos preguntaba de dónde veníamos, y al enterarse de que éramos vecinos de Inami, suburbio de Kobe situado a 30 km del centro, nos manifestaba su gratitud.”

Entre los damnificados había extranjeros que no habían podido comunicarse con sus familiares. A solicitud de diez Sociedades Nacionales, la CRJ organizó un servicio provisorio de búsqueda que trató unos 1.800 expedientes. Una de las actividades de búsqueda fue encargada a los voluntarios, quienes en bicicleta y en moto - únicos vehículos que podían circular fácilmente dado el estado de los caminos - recorrieron la zona haciendo las inda- gaciones necesarias en los centros de alojamiento y en los hogares. Si bien la CRJ no hizo un llamamiento oficial solicitando ayuda, la población japonesa dio pruebas de una gran generosidad, donando 1.300.000 francos suizos. Estos recursos fueron transferidos a una entidad semiestatal con sede en Kobe, el Comité de Recaudación de Fondos, que se ocupó de distribuirlos a los damnificados por el terremoto.

A mediados de abril, unas 50.000 personas seguían viviendo en refugios improvisados, en condiciones relativamente precarias y con pocas esperanzas de que el Estado les conceda rápidamente una vivienda provisoria. La fase de rehabilitación, que plantea nuevos y considerables retos a la capacidad de la CRJ, está en marcha.

 

Naomichi Shirata
Director adjunto del Departamento de Planificación y Relaciones Públicas de la Cruz Roja Japonesa.

 


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