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Cuestión de suerte

Unos nacen con estrella…

Elma Babalija nació en marzo de 1992 en el hospital de Foca, Bosnia sudoriental y como era prematura la pusieron en una incubadora; en verdad, sus posibilidades de supervivencia eran entonces escasas. Dada de alta, Mevla, la madre, volvió a su casa en un poblado aledaño a Foca.

La situación en Bosnia-Herzegovina se hizo cada vez más tensa hacia fines de marzo, y las milicias comenzaron a erigir barreras en los caminos. Un día que iba camino del hospital a ver a su hija, Mevla fue detenida en una de estas barreras. Los milicianos que controlaban el tráfico eran vecinos suyos y era la primera vez que los veía en uniforme. “Habíamos trabajado juntos. Un mes antes éramos amigos, y ahora comenzábamos a odiarnos”, cuenta Mevla

“Les rogué que me dejaran pasar, que sólo quería ir a buscar a mi hija”, recuerda mientras las lágrimas corren por sus mejillas. Pero sus vecinos convertidos en milicianos le dijeron: “Pon a salvo a los hijos que te quedan y márchate mientras puedes hacerlo.”

Al principio, Mevla se negó a abandonar su hogar. Pero cuando los soldados se llevaron a Habib, su marido, se resignó a partir de su pueblo y a dejar a Elma en el hospital. “Después me dijeron que los milicianos habían matado a todos los pacientes del hospital, y pensé que Elma estaba muerta.” Tras pasar trece meses refugiada en Trnovo y Konjic, Mevla llegó por fin a una zona relativamente segura en Zénica, ciudad de Bosnia central.

Por ahora sigue siendo un misterio pero Elma sobrevivió y fue transferida al orfanato de Podgórica, Montenegro, en septiembre de 1993. Allí, su nombre fue registrado e incorporado a la base de datos del servicio de búsqueda del CICR.

Mevla iba periódicamente a la oficina de búsqueda de Zénica, para tratar de ubicar a su esposo, pero nunca pensó en dar el nombre de su hija. Por un venturoso azar, un funcionario se dio cuenta de que con el mismo apellido de Mevla había en el registro una niña llamada Elma, y lógicamente le preguntó si eran parientes.

El día en que debía recuperar a su hija, Melva estaba a la vez entusiasmada e inquieta. “Va a ser difícil”, decía mientras miraba una y otra vez la foto de la niña que le habían enviado del orfanato. “No sé si me aceptará.”

Dos días más tarde, Elma jugaba con su hermana en el diminuto apartamento de la familia. La niña sonreía de vez en cuando, pero era más frecuente que protestase cuando su madre la tomaba en brazos.

Aunque todavía no ha encontrado a su esposo, Mevla ha recuperado la esperanza. “Mi corazón vuelve a latir”, dice. “Si Dios me devolvió a mi hija, quizás me depare aún otro milagro.”


¡Peligro: campo minado!

Los alumnos de la escuela de Medinat el Shaab, cerca de Aden, nunca olvidarán el primer día de clases, en noviembre de 1994. Durante el recreo, un grupo de chicos encontró una mina enterrada en el patio. El artefacto explotó, matando a tres niños y provocando heridas graves a otros siete. Nadie sabe cuántas minas y obuses hay todavía en todo el territorio de Yemen meridional, y meses después de terminado el conflicto, estas armas siguen matando y mutilando a víctimas inocentes.

Frente a esta situación intolerable, el CICR y la Media Luna Roja Yemenita han decidido aunar esfuerzos, y han organizado un programa de prevención que cuenta con el respaldo de la asociación Deutsch Jemenitishe Gesellschaft. En el ámbito de este programa, 60 voluntarios de la Media Luna Roja especialmente formados recorren los establecimientos escolares de la región de Aden y sensibilizan a los alumnos y al personal docente sobre el peligro que representan estas armas de aspecto inofensivo y de gran capacidad letal.

Hasta ahora, se ha hecho llegar el mensaje a 20.000 escolares y se prevé ampliarlo a otras regiones del país.


El arte de la guerra

Obsesionantes, conmovedoras, y a veces macabras, son las terribles imágenes que reflejan el horror del conflicto en Bosnia-Herzegovina. A instancias de las secciones locales de la Cruz Roja, que les pidieron ilustrar la tragedia de la guerra y la labor la Cruz Roja, los niños de 7 a 14 años de las regiones de Sarajevo y Knezevo (Banya Luka) utilizaron diversos materiales - lápices de colores, bolígrafo o recortes de prensa- para dejar plasmadas su visión y su experiencia: el resultado es emocionante y sobrecogedor.

“La Cruz Roja local tomó la iniciativa de organizar estos concursos de dibujo para mostrar al mundo lo que está ocurriendo, y en particular, los efectos de la guerra en la vida de los niños”, explica Glenn O’Neil, coordinador de difusión del CICR en ex Yugoslavia.

Los mejores trabajos se exhibieron públicamente en Bosnia-Herzegovina el 8 de mayo de 1994, con motivo del Día Mundial de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. Luego, se los reunió en una exposición itinerante, patrocinada por varias Sociedades Nacionales. La exposición se ha presentado ya en Canadá, Noruega y Suiza. También han manifestado interés por acogerla las Sociedades Nacionales de la República Checa, Irlanda, los Países Bajos y Polonia.


Esperanza en la región ocupada del Líbano

Visitas de familiares en la prisión de Khiam


Por primera vez desde que se inauguró hace diez años, el centro de detención de Khiam, en la región ocupada del sur del Líbano, ha abierto sus puertas a los familiares de los detenidos. Entre fines de enero y abril del presente año, los prisioneros pudieron ver a sus familiares. En la actualidad, los presos tienen también la posibilidad de intercambiar mensajes con sus familiares. Las visitas de las familias que viven fuera de la zona ocupada y la circulación de mensajes son producto de las gestiones del CICR, que durante años ha venido solicitando el acceso al centro de detención.

En el campamento de refugiados de Ein el Hilweh, cerca de Saida (sur del Líbano), Safih explica lo que sintió cuando vio a su hijo Assad, tras cuatro años de separación. “La víspera no pude dormir. No podía creer que por fin volvería a ver a mi hijo. En el autobus camino a Khiam todavía no me podía convencer. Llegamos allí y tuvimos que caminar unos 50 metros por una cuesta muy empinada. Ya soy vieja y estaba cansada, pero creo que subí esa colina corriendo como una gacela. No me dí cuenta de que era tan escarpada. Al comienzo no reconocí a Assad. Había cambiado tanto. Pero su hermana Kamle me lo indicó. No podía creerlo, se veía tan distinto. De chico se había roto un diente, e hice que me lo mostrara. Entonces supe que era él. Estaba contenta de verlo pero me puse a llorar.”

El padre de Assad también era de la partida. “Lo único que atinaba a hacer era mirarlo, en silencio, preguntándome porqué estaba allí. No sabía que decir.” Los prisioneros de Khiam no han sido acusados oficialmente, y por ende no benefician de ningún amparo judicial. El hermano menor de Assad no logró ser admitido en la primera visita, pero espera poder encontrase con su hermano muy pronto: “Teníamos un pequeño comercio juntos y éramos buenos amigos. Haber estado separados durante cuatros años es como si me hubieran arrancado una parte del cuerpo.”

Balthasar Staehelin, delegado del CICR en Beirut, se muestra satisfecho de lo obtenido y hace hincapié en que el CICR sigue reclamando el derecho de visitar el centro de detención. “Estos son pasos importantes para romper el aislamiento que ha reinado en Khiam, y tienen un gran valor humanitario. Pero seguiremos bregando por entrar a la prisión y visitar a los detenidos.”


 
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