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Ayuda y prensa

por Joanna Gibbon

La interdependencia entre medios de comunicación y organizaciones humanitarias es hoy mayor que nunca. Unos y otras tienen objetivos propios, pero se apoyan mutuamente cuando se trata de dar a conocer los hechos o informar al respecto. ¿Cuáles son las expectativas recíprocas? Joanna Gibbon examina los entretelones de esta relación unas veces fructífera y otras, tormentosa.

“Bueno ¿dónde están las violadas y quienes son serbias?” - pregunta a viva voz la periodista suiza, dirigiéndose a la fila de desplazados que esperan la entrega de paquetes de la Cruz Roja en una sección de la Sociedad Nacional croata, cerca de Zagreb.

Mientras me la llevo discretamente detrás de unas sacas de frijoles, esperando que nadie la haya oído, en calidad de delegada de información de la Federación en Zagreb, le explico que la pregunta es contraproducente y puede enfadar a muchos.

Este incidente menor no tuvo repercusiones y la periodista escribió un artículo muy elogioso acerca de la labor de la Cruz Roja. Aun así, ilustra claramente cuan delicadas son las relaciones entre medios de comunicación y organizaciones de ayuda humanitaria. Habida cuenta de los respectivos propósitos y limitaciones ¿qué necesitan unos de otras? Los objetivos que persiguen ¿divergen tanto que siempre tienen que estar reñidos, o cabe la posibilidad de colaborar armoniosamente? Las estrategias de comunicación que aplican organizaciones humanitarias como el CICR y la Federación ¿funcionan en los medios de comunicación?

 

 

Un mundo donde prima la competencian

El mundo de la asistencia humanitaria internacional y el de los medios de comunicación han evolucionado mucho desde el fin de la guerra fría. El número de desastres ha aumentado significativamente, lo que tal vez explique que hoy haya más organizaciones humanitarias que nunca. Ahora bien, el volumen de fondos no ha crecido en la misma proporción y dichas organizaciones se encuentran en la situación de tratar de hacer más con menos.

Por su parte, los periodistas están cada vez más presentes en todos los puntos del planeta aquejados por catástrofes o conflictos armados, y la información llega a la gente mucho más rápido que hace algunos años.

La competencia se ha vuelto despiadada, lo que sumado a los drásticos recortes presupuestarios para destacar corresponsales en el extranjero, ha cristalizado la imagen de ese “circo informativo” que como una mariposa vuela de crisis en crisis.

No es sorprendente, entonces, que las fuertes presiones externas que pesan sobre las organizaciones humanitarias y los medios de comunicación provoquen fricciones dolorosas cuando se cruzan los caminos de unas y otros. Al respecto, el Sr. Ian Piper, Director de Comunicaciones de la Federación tiene una opinión muy tajante, fruto de su experiencia en el Servicio Mundial de la BBC: “Era como si cada una de las partes repentinamente tuviera la impresión de que la otra estaba abusando de ella y amenazando su integridad. Tal vez ahora, ambas sean menos idealistas”. A su juicio, la prensa han comprendido por fin que las organizaciones humanitarias desean transmitir un mensaje claro y concreto. “No somos benefactores ingenuos que esperan suscitar admiración por la buena obra que realizan. Tenemos nuestros propios objetivos”, añade.

A su vez, las organizaciones humanitarias se van dando cuenta de que los profesionales de la prensa no son imperativamente aves de rapiña de las que hay que desconfiar.

Un matrimonio de conveniencia

En este nuevo entorno, el CICR y la Federación ocupan un lugar sin parangón en el concierto de las organizaciones humanitarias. Ambas instituciones son independientes de los gobiernos y se rigen por reglas estrictas de imparcialidad, neutralidad y confidencialidad, lo que a veces dificulta los contactos con la prensa. Es comprensible que en el seno de las mismas subsista un cierto grado de resistencia hacia los medios de comunicación, lo que a su vez justifica las críticas formuladas por los periodistas, que les reprochan (sobre todo al CICR) frialdad y reserva para con la prensa.

Algunos socorristas, sobre todo aquellos que viven y trabajan en condiciones difíciles, consideran que tratar con la prensa es una pérdida de tiempo y citan ejemplos como los de de aquellos periodistas que tras agotar las provisiones de los delegados en los peores momentos de la crisis de Ruanda escribieron artículos inexactos sobre lo ocurrido. Algunos socorristas estiman que las cosas eran mucho mejor en los “buenos tiempos de antaño”, cuando la información estaba a cargo de un puñado de corresponsales íntegros y avezados.

Sea como sea, las organizaciones humanitarias tendrán que acostumbrarse a tratar con la prensa, les guste o no. “Esto me recuerda a veces los matrimonios de conveniencia”, dice Bodine Williams, Jefa del Servicio de Prensa de la Federación. “Nos necesitamos mutuamente, pero nuestras diferencias de opinión crean situaciones algo incómodas. A pesar de todo, prima la necesidad de seguir adelante con la relación.”

Para las organizaciones humanitarias, mantener esa relación es hoy más necesario que nunca, porque este mundo de posguerra fría ha revelado el verdadero poder que detentan los medios de comunicación. “El factor comunicación está condicionando los programas de los políticos”, opina el Sr. Peter Fuchs, Director General del CICR, y afirma que en los últimos años la institución ha procurado ser más explícita. Recuerda, por ejemplo, que en 1991 el CICR denunció públicamente la política de “depuración étnica” y las atrocidades indecibles que se perpetraban en Bosnia. “Pensamos que la denuncia podía obligar a los políticos a tomar medidas. Era la única manera de incidir en la situación, tras el fracaso del camino habitual de las gestiones entre bastidores”, explica. Cuando no surte efecto el método tradicional, que consiste en hacer gestiones confidenciales ante los gobiernos para negociar la protección de las víctimas de la guerra, el CICR se ve obligado a recurrir a la prensa.

El Sr. Fuchs también recuerda la crisis de Somalia, país que al cesar la guerra fría perdió el interés que revestía para las dos superpotencias y fue abandonado a su suerte. “Puedo parecerle un tanto cínico, pero de un día para el otro, Somalia dejó de serles útil. Durante seis meses hicimos gestiones ante los gobiernos, la ONU y las ONG, sin resultado alguno. Las cosas recién comenzaron a cambiar cuando logramos que el New York Times publicara algunas fotos sobrecogedoras.”

Algunos colegas suyos piensan que al principio también influyó que la crisis de Somalia compitiera con la guerra del Golfo, lo que demuestra que la prensa es selectiva, y sólo se ocupa de una o dos crisis a la vez. Ello es bastante de-salentador, cuando el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna tal vez se está ocupando de 30 o 40 crisis graves.

 

Encuentro en terreno comun

Foros para promover la comunicación

‘‘Tenía una primicia, lo sabía. Pero también sabía que si publicaba el artículo pondría en peligro muchas vidas.” En medio de una guerra, todo periodista puede encontrarse confrontado a un dilema similar, cuyas consecuencias pueden ser de vida o muerte. Este fue uno de los temas tratados durante un seminario sobre Derecho Internacional Humanitario (DIH), organizado por la Cruz Roja Noruega en Oslo y que congregó a unos cincuenta periodistas y encargados de prensa de la Cruz Roja de los cinco países nórdicos. Para ambos grupos fue muy provechoso aclarar los papeles respectivos que desempeñan la prensa y la Cruz Roja en un conflicto armado, momentos en que sus caminos se cruzan con frecuencia. El seminario tuvo un doble cometido: informar a los periodistas sobre DIH para que estén mejor preparados llegada la hora de realizar reportajes en zonas de conflicto armado, y destacar los temas del orden del día de la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (véase la sección Gacetilla).

Durante dicha conferencia tuvo lugar otro simposio destinado a profesionales de la prensa y del quehacer humanitario, organizado por el Centro Internacional de Información sobre Cuestiones Humanitarias. En el curso del mismo, más de doscientas participantes analizaron el tema “Armas de guerra, instrumentos de paz”. Los debates también versaron sobre cuestiones tales como: ¿Puede la prensa prevenir los conflictos? ¿Es oportuno que los militares cumplan misiones humanitarias? ¿Se está deteriorando la calidad de la asistencia como resultado de las actividades de relaciones públicas de los organismos humanitarios? ¿Cabe alguna función al sector privado en la prestación de socorro humanitario?

Los oradores destacaron el creciente poder de los medios de comunicación, y la necesidad de que actúen e informen responsablemente cuando se ocupan de conflictos armados y desastres. Muchos coincidieron en que aun cuando la prensa tiene una capacidad innegable de influir en la opinión pública, sigue careciendo de la capacidad de prevenir conflictos. En el simposio se recalcó sobre todo la imperiosa necesidad de que medios de comunicación y organismos humanitarios se entiendan y colaboren en beneficio de las víctimas de las crisis.

 

Prensa y recaudación de fondos

Que los medios de comunicación tengan sus propias prioridades no implica necesariamente que se contrapongan a las de las organizaciones humanitarias. El Sr. Fuchs considera que dichos medios sirven de foro para debatir problemas tales como la incapacidad de los mecanismos internacionales para hacer frente a las catástrofes de nuestra época. Gracias a ese mensaje, los organismos de ayuda humanitaria pueden demostrar que no son infalibles, y que deben recaudar fondos para llevar a cabo sus programas en rincones olvidados del planeta.

La Sra. Sylvana Foa, Directora de Asuntos Públicos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), comparte totalmente esta opinión y añade: “Habida cuenta de que la inanición amenaza a 50 millones de seres humanos y que otros 800 millones sufren de desnutrición crónica, tenemos que reconocer que no damos abasto, y que necesitamos urgentemente más recursos financieros. Los periodistas son nuestros aliados naturales; defensores proverbiales del desfavorecido ya hacían campañas en favor de las víctimas mucho antes de que la asistencia humanitaria se planteara como tal. No podemos prescindir de su ayuda.”

La Sra. Foa insiste en que el PMA suministra un máximo de informaciones a los medios de comunicación. “Cuando los organismos se van por las ramas, la prensa empieza a desconfiar. Por lo tanto, hay que dar la cara con franqueza y claridad.” Que los medios de comunicación sean cada vez más críticos es buen signo. “Cuando el mundo tiene los ojos puestos en nosotros, trabajamos con más entusiasmo”, concluye.

Un lenguaje común

Ahora bien, para que tanto los periodistas como las organizaciones humanitarias alcancen sus respectivos objetivos, es preciso que utilicen un “lenguaje” común. Citemos como ejemplo el caso del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), cuya sigla era prácticamente desconocida hace cinco años y hoy resulta familiar. El Sr. Ron Redmond, alto funcionario de información pública del ACNUR, piensa que ello se ha logrado gracias a que la mayoría de los efectivos del departamento son periodistas - el propio Sr. Redmond tiene 20 años de experiencia de corresponsal extranjero a su haber - y conocen el lenguaje que hay que utilizar con la prensa.

“Pensar como un periodistas implica, por ejemplo, que cuando se trata de explicar que no se sabe cuanta gente hay en Banja Luka, porque la organización ni siquiera ha podido entrar en la región, el mensaje sea claramente entendido, y se evite un titular tan disparatado como ‘13.000 personas po-drían morir de frío en Banja Luka’. Hay que saber narrar los hechos como corresponde”, afirma el Sr. Redmond.

Al aumentar el número de artículos y reportajes, se consolida la confianza recíproca. Es muy raro que las informaciones sobre la labor del ACNUR sean inexactas, y las ocasiones en que este organismo considera necesario publicar rectificaciones son contadas. Asimismo, el ACNUR puede expresarse sobre determinadas cuestiones en forma más explícita que el CICR o la Federación, ya sea porque no pueden o no desean hacerlo. A diferencia de otras organizaciones, ambas instituciones tienden a mantener una mayor reserva respecto a la información en aras del éxito de las operaciones humanitarias. No obstante, la “discreción” - término favorito del CICR y la Federación - puede resultar irritante. El Sr. Peter Capella, corresponsal en Ginebra de Radio Suiza Internacional y observador bien informado en cuestiones relativas a la Cruz Roja, estima que el Movimiento podría cambiar de actitud al respecto. “Es muy raro que el CICR o la Federación critiquen situaciones en que estén implicados los gobiernos”, afirma y recuerda que en Ruanda, el año pasado, entrevistó a alguien del CICR que más tarde le pidió sustituir la frase “centenares de prisioneros” por “muchos prisioneros”. “Al CICR le preocupaba la eventual reacción del gobierno de Ruanda. Comprendo que haya que dar pruebas de mesura, pero en este caso era ridículo pues sabíamos que morían centenares de personas y teníamos fotografías. La reacción de ese funcionario fue excesiva”, estima el Sr. Capella, que al igual que muchos periodistas simpatiza con la labor de las organizaciones humanitarias.

La falta de confianza en el trato con la prensa acrecienta la susceptibilidad del CICR y la Federación. “Cuando tenemos algún desacuerdo con los medios de comunicación, suele deberse a que entendemos que no han citado fielmente nuestras declaraciones; pero es muy raro que se trate de cuestiones importantes, ya que la sustancia de las crónicas es por lo general correcta”, dice la Sra. Margareta Wahlström, Subsecretaria General de Operaciones de la Federación. “Lo atribuyo a que nos expresamos en forma muy complicada, y los periodistas tienen la necesidad profesional de simplificar lo que decimos. Y eso nos hace reaccionar”, explica.

Como es sabido, la difusión de algunas informaciones puede tener graves repercusiones si se revelan las fuentes, lo que para el CICR equivale a poner en peligro la vida de aquellos a quienes precisamente se esfuerza por proteger. El Sr. Paul Grossrieder, Director Adjunto de Actividades Operacionales del CICR, recuerda que hace diez años, siendo jefe de la delegación del CICR en Israel, comunicó a un periodista de confianza algunas informaciones básicas, a condición de que no fueran el tema principal del artículo que se proponía escribir; el periodista no cumplió lo convenido y publicó la referida información, citando como fuente al CICR. El Sr. Grossrieder debió pasar meses tratando de recobrar la confianza de sus contactos. “Nadie resultó herido físicamente pero no estoy seguro de haber restaurado el nivel de confianza que tenía antes con mis interlocutores. Cuando le reproché al periodista su imprudencia, me respondió: “Mi trabajo consiste en explotar la información, por todos los medios”, añade perplejo.

 

 

Construir sobre bases sólidas

Discreción y cautela en el uso de la información son esenciales para el CICR y la Federación, ello no quita que los medios de comunicación tengan necesidad de fuentes fiables. De hecho, al disminuir los recursos para el envío de corresponsales al extranjero, en muchos casos los periodistas dependen en gran medida de la Cruz Roja, fuente de información de gran fiabilidad.
Según el Sr. John Sparrow, periodista independiente y experimentado que últimamente ha trabajado para el CICR y la Federación, la gran cualidad de las informaciones que brinda la Cruz Roja es la veracidad. “Los datos son fidedignos, útiles, y nunca se dan cifras exageradas. La Cruz Roja no se limita a hablar de sus propias actividades, también explica la situación en cuestión.”

Los principios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja representan otro valor digno de promover. “Somos conscientes de que tenemos un mensaje de alcance universal, que nuestra labor no consiste sólo en curar a los heridos de los accidentes de tránsito, que hay algo en nosotros, un código moral, una visión de la vida y un sentido de la humanidad que seguirá teniendo cabida en el mundo del futuro”, estima el Sr. Kim Gordon-Bates, Coordinador de Prensa del CICR.

Por su parte, el Sr. Ian Piper de la Federación, reconoce que los Principios Fundamentales del Movimiento representan un rico filón en las relaciones con la prensa, a pesar de que la organización siga siendo reticente a explotarlo: “Muchos estiman que son propiedad exclusiva del Movimiento, que no es necesario hablar de ellos a los demás, y que no hace falta recoger experiencias ejemplares para ponerlos de relieve. Pero es un error: el principio de humanidad no es privativo de la Cruz Roja.”

El Sr. Stephen Davey, Subsecretario General de Comunicaciones y Coor-dinación de Políticas de la Federación, coincide con él; a su juicio, es preciso que la Federación deje de quejarse de la prensa y tome la iniciativa. “¿Tenemos bien claro lo que cabe esperar de la prensa?”, se interroga y afirma: “Si nos limitamos a hablar de lo que hacemos, y no decimos nada de lo que opinamos, parecerá que estamos haciendo propaganda.”

No obstante, tanto él como la Sra. Wahlström estiman que en los últimos cinco años la prensa se ocupa más del Movimiento. “Los artículos relativos a nuestra labor en la ex Yugoslavia han sido veraces y muy positivos”, dice la Srsa. Wahlström.

Sin lugar a dudas, ambas organizaciones están haciendo cosas acertadas, que sin llegar a la perfección, auguran un buen futuro.

Joanna Gibbon
Periodista independiente, residente en Londres.



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