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El duelo por el desaparecido

por Amanda Williamson

La concienzuda investigación acerca de los desaparecidos de Bosnia está revelando la verdad. Para las familias termina una espera angustiante; ya pueden llevar el luto, algún día tal vez lleguen a aceptar lo sucedido e iniciar el proceso de cicatrización de las heridas. Pero la realidad es sobrecogedora y aquellos que dan las noticias comparten el peso psicológico que conlleva y pone a prueba sus límites profesionales y emocionales.

En Bosnia-Herzegovina, el emblema de la Cruz Roja está cobrando un nuevo significado. Para los familiares de los desaparecidos el verlo en el umbral de su puerta significa recibir noticias, que es lo que más desean y temen en la vida.

Poco a poco, las búsquedas van dando respuestas a los familiares de más de 18.000 personas de todos los bandos en el conflicto bosnio que se han dado por desaparecidas. A medida que van obteniendo resultados, los de-legados de la Cruz Roja deben enfrentar una de las tareas más difíciles que les toca cumplir: decirle a una madre, a una esposa o a una hija que el ser querido ha muerto. Es un momento de honda emoción pues las familias deben hacer frente a la trágica realidad de la muerte y a la pérdida de la espe-ranza que les ha sostenido durante meses.

Barthold Bierens de Haan, psiquiatra del CICR, describe una de las situaciones que les toca vivir a diario a los delegados. Estamos en Tuzla donde reside gran parte de los familiares de desaparecidos, muchos de ellos oriundos de Srebrenica. Llega una mujer joven, que está buscando a su esposo; a medida que la delegada la va preparando, explicándole los mecanismos empleados en la búsqueda, su rostro se va descomponiendo; empieza a cerrar los puños y su respiración se acelera. Cuando se le dice que el CICR está seguro de lo sucedido, se pone blanca como un papel. Le dan la trágica noticia de la muerte de su esposo y le explican lo que ocurrió. Rompe a llorar y se cubre el rostro con la falda. Su suegra, sentada en el suelo a los pies del delegado, que hasta ese momento había conservado la calma, empieza a ba-lancearse y a gemir. Poco después, todas las mujeres que esperan en la sala están llorando.

"La conmoción y el dolor pueden manifestarse de manera más violenta y demostrativa", dice Bierens de Haan. "Unos gritan o gimen, otros se sofocan, se desmayan o huyen del cuarto pero al final recobran la calma."

El psiquiatra está convencido de que esta tarea, aunque resulte sumamente ardua, ayuda a los familiares a asumir el duelo.

 

 

Nada más humanitario

En Tuzla la enormidad de la tarea preocupó tanto a Florent Cornaz, jefe de la subdelegación, que pidió la ayuda de expertos de Ginebra para encontrar vías que le permitieran abordarla con el mayor grado de profesionalismo posible y proteger a su plantel de las potenciales secuelas psicológicas. Según él, "no hay nada más humanitario que estar frente a otro ser humano y darle noticias tan dolorosas."

Desde que se firmara el Acuerdo de Dayton, por el que se confió este asunto al CICR, se han recibido poco más de 18.000 solicitudes de búsqueda por parte de familiares de desaparecidos. Descubrir lo que les ha sucedido incumbe a un grupo de trabajo creado y presidido por el CICR, al cual las tres partes en el conflicto bosnio están obligadas, en principio por el Acuerdo pero también por el derecho internacional humanitario, a comunicar cualquier información que posean acerca de personas asesinadas por su bando. Hasta la fecha, las respuestas han llegado por cuenta gotas pero existen otras fuentes de información. Algunas personas han respondido a una campaña mundial del CICR por la que se exhorta a quienes dispongan de información a comunicarla. En el momento en que se escribe este artículo se ha descubierto el destino que corrieron 1.000 hombres y se confirmó que algunos están vivos.

Todas las respuestas se verifican dos veces con la información entregada por los mismos familiares antes de redactar la carta que entregarán los delegados. En dicha carta se dice lo esencial y puede llegar a ser un documento importante para beneficiar de prestaciones sociales y legales.

Carga psicológica

Este procedimiento expone a los delegados a todas las consecuencias del sufrimiento humano, privándoles de la protección que supone no involucrarse emocionalmente. El elemento esencial de esta labor es la compasión; los delegados deben establecer un contacto humano, dedicar tiempo, escuchar, estrechar manos y dar abrazos. Todo ello los expone a un desgaste emocional y psicológico que para la subde-legación de Tuzla ha sido difícil sobrellevar.

En primer lugar, se organizó un seminario dirigido por eminentes psiquiatras, en el cual se informó a los delegados de las prácticas de duelo locales, estimulándolos a explorar sus propios sentimientos. Durante las primeras experiencias, algunas de ellas traumáticas, se contrató la ayuda de enfermeras locales con experiencia en controlar reacciones extremas.

Los equipos ahora trabajan por rotación para evitar el desgaste emocional; el equipo local está obligado a tomarse un descanso entre un período de trabajo y otro, y se reclutan delegados de otras oficinas. Para limitar posibles secuelas, periódicamente se organizan sesiones en las que los delegados cuentan sus experiencias. Como dice Florent Cornaz: "Se va aprendiendo sobre la marcha. No se puede escribir un manual para enseñar a cumplir una función como ésta."

 
 

Pérdida irreparable

A pesar de estar preparados a esa eventualidad y de que la confirmación pone término a una incertidumbre angustiante, la muerte de un ser querido supone una pérdida irreparable para los familiares. Algunas mujeres se niegan a admitirlo y, aunque racionalmente sus esperanzas se desvanecen, se consuelan con los insistentes rumores de que a sus compañeros los mantienen escondidos en prisiones secretas.

"Piensen en las mujeres de Srebrenica", dice Cornaz, "han perdido la noción del tiempo pues están obsesionadas con lo sucedido en julio de 1995. Las noticias las obligan a volver a dar cuerda al reloj. Deben encarar el futuro sin sus compañeros y aceptar una emancipación no deseada. Tienen que hacerse a la vida de desplazadas que dependen completamente de la ayuda externa para sobrevivir y contestar a sus hijos que preguntan por el padre.

A otros no les toca únicamente sobrellevar la muerte de un familiar sino también el horror vivido durante la guerra. Algunos se quedaron sin casa cuatro o cinco veces, estuvieron sitiados en condiciones aterradoras y vivieron múltiples hechos traumáticos. Son tan vulnerables, que para el CICR es absolutamente esencial cumplir esta tarea con la mayor sensibilidad posible."

Dado que es la primera vez que se lleva a cabo una labor semejante, los efectos no se conocerán por largo tiempo. En cuanto a las consecuencias para los delegados, Bierens de Haan señala: "Probablemente nunca vuelvan a ser los mismos. Es normal que una experiencia como ésta cause algún que otro trastorno pero, a la vez, es una lección humana muy importante."

Amanda Williamson
Agregada de prensa del CICR



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