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Buganvilla: Forjar la confianza

por Iain Logan

Desde hace nueve años, en Buganvilla, isla-provincia de Papúa Nueva Guinea, se vienen repitiendo enfrentamientos de índole secesionista. La masiva operación de socorros emprendida por la Cruz Roja ha aportado algo más que ayuda material a los agobiados isleños y ha servido para allanar el camino a una nueva dinámica, basada en la confianza y la esperanza en el porvenir.

Desde mil metros de altura, en la relativa seguridad de un helicóptero, la isla de Buganvilla ofrece un panorama engañoso, verdadero edén en medio de las aguas del Pacífico: playas desiertas e interminables, elevadas montañas cubiertas por la selva, el cráter humeante de un volcán, ensenadas protegidas por barreras de coral, delfines y tortugas marinas que surcan las aguas azules. Cinco minutos más tarde, aterrizamos en un pequeño claro entre las ruinas de lo que hace ocho años era la localidad de Arawa, modelo de urbanización y prosperidad. La realidad que allí se nos presenta dista mucho de ser el paraíso.

Nos encontramos en marzo de 1997 y la ciudad está casi desierta. Bajo un árbol se disimula un vehículo blindado, y alrededor de la zona de aterrizaje hay una docena de soldados, fuertemente armados. En medio de esta escena típica de toda guerra -camuflaje, uniformes de combate, armas, soldados extenuados, civiles deprimidos- el camión de la Cruz Roja parece fuera de lugar. Predomina un sentimiento de cansancio y desesperanza apenas disimulada. En este ambiente, la Federación Internacional emprenderá el programa de socorro humanitario más ambicioso desde que comenzara el conflicto.

 

 

Cambio espectacular

Han pasado seis meses. La Cruz Roja ha distribuido más de 30.000 paquetes de suministros de urgencia a unos 180.000 habitantes, tanto en las zonas rebeldes como en las controladas por el gobierno. Se han dedicado semanas enteras a escuchar, convencer y negociar. Hoy, Arawa es irreconocible: en el mercado reina una actividad frenética, las calles están llenas de gente y desde el estadio llega la música de las bandas de aficionados que asisten a un partido.

A pesar de los reveses, de los brotes de inseguridad y de la agitación de las elecciones, la operación conjunta de la Cruz Roja de Papúa Nueva Guinea y la Federación Internacional ha contribuido a este cambio tan apreciado por todos.

¿Cómo se ha logrado? La operación no se ha limitado a proporcionar ropa, enseres y herramientas a la población, ni a suministrar medicamentos ya sea en las modestas clínicas de campaña del Ejército Revolucionario de Buganvilla (ERB), en la selva y las aldeas, o en los concurridos dispensarios urbanos. Su éxito reside en que paralelamente se ha ido forjando la confianza, la comprensión y la esperanza.

Factores esenciales de esta empresa fueron la cooperación y la coordinación entre todos los componentes del Movimiento. Quedó demostrado que un ambiente de confianza puede vencer el recelo y el miedo, y que, a pesar de las dificultades materiales y políticas, con empeño y buena voluntad se avanza mucho.

Sortear escollos

Al inicio de la operación, el ERB temía que la Cruz Roja estuviese manipulada por el gobierno de Papúa Nueva Guinea (PNG). Por su parte, las fuerzas militares de PNG en la isla desconfiaban de nuestras motivaciones, del contenido de nuestros cargamentos y de nuestra voluntad de poder desplazarnos libremente por todas partes. Aunque las autoridades afirmaban respaldar nuestra acción, abrigaban dudas al respecto y los isleños tenían miedo de venir a los lugares de distribución; aquellos que acudían a los centros sanitarios temían ser objeto de represalias por recibir lo que otros pudieran considerar un tratamiento privilegiado.

Para disipar estas inquietudes hubo que proceder con paciencia, habilidad y discreción. El pequeño y unido equipo de la Cruz Roja de la isla, formado por dos delegados de la Federación, un especialista de terreno de la Cruz Roja de PNG y dos voluntarios de Buganvilla, demostró que la coope-ración daba resultados. Se mantuvieron estrechos contactos con los mandos del ERB para atender a sus necesidades y preocupaciones. Se celebraron largas reuniones con los oficiales y soldados del Cuerpo de Defensa de PNG para explicarles la necesidad y la importancia de que la Cruz Roja tuviera plena libertad de movimiento. En aldeas, centros sanitarios y localidades situados en plena selva se habló con los pobladores, a fin de ganar su confianza y lograr que acudieran a los puntos de distribución de asistencia.

Con el respaldo de la delegación regional del CICR en Manila se impartieron cursos de derecho internacional humanitario y de derecho de la guerra para sensibilizar a las tropas que se sucedían en la isla. Ello contribuyó a mejorar nuestra libertad de movimiento y, por ende, a dinamizar la operación. En el curso de sus visitas a Buganvilla, altos representantes de la Cruz Roja de PNG explicaron los principios de independencia e imparcialidad del Movimiento, terminando así con las inquietudes que subsistían en los beligerantes.

 
 

Codo con codo

El éxito de la operación es obra de los habitantes de Buganvilla, que le dedicaron su tiempo y sus escasos recursos, haciéndola suya y compartiendo los riesgos que había asumido la Cruz Roja. Los pescadores pusieron a disposición sus barcas, y el ERB trajo camiones y furgonetas de sus campamentos. Miles de suministros fueron embarcados y transportados hasta playas distantes y desde allí a la selva y las altas montañas. El Cuerpo de Defensa y las autoridades se ocuparon de que estas distribuciones no fuesen obstaculizadas por las tropas desplegadas en la isla. Oficiales del ERB se integraron a las hileras de aldeanos que transportaban a hombros las cajas de suministros hasta las colinas.

En agosto, Thomas, voluntario de la Cruz Roja y residente en un dispensario estatal, repartió suministros en una zona apartada controlada por el ERB. Tiempo después me dijo: “Me he reencontrado con mi pueblo, con amigos de la escuela y ex compañeros de trabajo, que creía muertos, familiares que no había visto en nueve años. Esto nos lo ha dado la Cruz Roja”.

Para construir puentes hacen falta tiempo y sólidos cimientos. En Buganvilla, el pueblo y la Cruz Roja lograron tender un puente por encima de las divisiones.

Iain Logan
Jefe de la delegación de la Federación en Papúa Nueva Guinea.



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