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Una cuestión de credibilidad

por Kim Gordon Bates

La comunicación se ha convertido en un factor insoslayable de todos los conflictos de nuestros días. Cuando la prensa se ocupa poco de ellos se habla de "conflictos olvida dos" y cuando lo hace en demasía, de circo" de los medios de comunicación. Esto último es lo que ha ocurrido con los recientes conflictos de la región de los Grandes Lagos. Mucho me temo que el equilibrio ideal entre la información sobre los conflictos en sí y los consiguiente problemas humanitarios sea totalmente ilusorio.

Desgraciadamente, Josué Anselmo ha experimentado ese "exceso" de información, pero haber sido víctima de una inundación no es motivo suficiente para pro hibir el agua. Ese exceso ocasional no justifica que uno se niegue a hablar o se repliegue en un silencio absoluto.

Por lo general, el CICR considera que precisamente cuando las circunstancias pueden prestar a con fusión o dar lugar a una utilización malintencionada de la información, la Institución y sus representantes deben expresarse con la mayor apertura y claridad posibles. En principio, el CICR no tiene nada que ocultar y el éxito de sus acciones y la seguridad de sus delegados dependen más bien de una transparencia óptima. 41 propio Josué Anselmo afirma que la campaña de información en los medios de comunicación de Burundi permitió contrarrestar la propaganda hostil al CICR difundida previamente por esos mismos medios.

Además, hay que insistir en que nada permite concluir que haya una relación de causa a efecto entre las actividades de comunicación eventuales atentados contra la seguridad de nuestros colaboradores. El ataque con granadas a que se refiere Anselmo corresponde más bien a un acto premeditado de intimidación que a una reacción espontánea y emocional provocada por una emisión radiofónica.

El verdadero "circo" informativo al que a veces hemos asistido, obedece, en parte al hecho de que algunas organizaciones humanitarias hicieran declaraciones irresponsables o exageradas por motivos que es fácil imaginar: dinero y más dinero. Huelga decir que la política de información del CICR excluye tales prácticas y si ignoramos algo nos abstenemos de todo comentario. No hay nada humillante o perjudicial en decir "no sabernos".

Si bien es cierto que, en lo que nos atañe, tenemos la posibilidad legítima de hacer hincapié en los aspectos humanitarios de un acontecimiento, en cambio no podemos pretender que las agencias o los órganos de difusión apliquen los mismos criterios rigurosos que se ajustan a los intereses humanitarios cuando distribuyen, reproducen, seleccionan o dosifican la información. Al respecto, es inevitable que dichos medios se guíen por sus propias normas profesionales. En otras palabras, debemos admitir que las preguntas que a veces se nos hacen tengan muy poca o ninguna relación con nuestras preocupaciones inmediatas, por la simple razón de que el mensaje institucional debe conservar su credibilidad. Pienso que si tuviésemos que definir nuestra política y nuestra práctica de la comunicación, basándonos en nuestros mandatos institucionales, aun cuando ello obedeciera a las razones más válidas del mundo, pronto se nos acusarla, más o menos directamente, de querer, manipular o distorsionar la información. En tal caso, perderíamos nuestra credibilidad y ello tendría graves con secuencias pues a partir de entonces seríamos dignos de confianza. El origen de los problemas es la desconfianza, no la comunicación.

Por otra parte, es, obvio que el CICR no siempre puede decirlo todo. La prensa obedece a esta misma limitación, pues debe aplicar la autocensura en función de normas éticas que, en definitiva, no difieren mucho de las nuestras. Por ejemplo, un periodista no tiene derecho a publicar una información que pueda atentar contra la vida de una persona, Análogamente, el CICR tiene derecho a retener informaciones que pudieran poner en peligro la vida de las personas o, corolario lógico del mismo principio, el desarrollo de las operaciones, humanitarias, entre las que se incluyen nuestras actividades de protección. En tales casos, corresponde establecer un pacto 1 de confianza con los interlocutores y explicarles los motivos por los que no se difunde la información en cuestión; me atrevo a decir que todo, delegado de información debería tener, la idoneidad profesional para hacerlo.

Kim Gordon Bates
Redactor del boletín CICR News.

 


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