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Nuevo espíritu de cooperación

por David Wyatt

El 27 de noviembre de 1997, el último día de la reunión del Consejo de Delegados, tuvo lugar en Sevilla, España, un importante acontecimiento. Los centenares de delegados presentes, representantes de las 175 Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, de la Federación y del CICR, adoptaron por aclamación un nuevo acuerdo, de características inéditas, que sienta las bases de una cooperación renovada entre los componentes del Movimiento. ¿Cómo se gestó? ¿Por qué era necesario? ¿En qué medida modificará las tareas de protección y asistencia a los más vulnerables?

Se hubiera podido pensar que, dotado de estatutos comunes, constituciones individuales, y numerosas resoluciones aprobadas en el curso de varios años por el Consejo de Delegados, el Movimiento no tenía necesidad de adoptar un nuevo instrumento para seguir cumpliendo su cometido humanitario. En realidad, tal cometido y el quehacer humanitario en general han adquirido una creciente complejidad en el último tiempo.

Ello resultó evidente al terminar la guerra del Golfo, cuando el Movimiento tropezó con dificultades cada vez mayores para responder a las expectativas de las víctimas y afirmar su cometido ante las acciones emprendidas por los gobiernos, tanto a título individual como en nombre de las Naciones Unidas. El acuerdo de colaboración más estrecha entre el CICR y la Federación Internacional suscrito en 1989 no ha servido para impulsar la cooperación en el Movimiento, y se ha interpretado, tal vez injustamente, como un «reglamento de competencias» entre las dos instituciones. Dicho acuerdo tampoco ha servido para reforzar los nexos con las Sociedades Nacionales.

En 1991, sobre la base de su experiencia, el Movimiento inició un proceso oficial de análisis de sus métodos de trabajo y de búsqueda de alternativas para mejorarlos. En 1995, ya se habían determinado suficientes materias de interés común, y se decidió establecer una Comisión Consultiva encargada de preparar un informe para el Consejo de Delegados. El Acuerdo de 1997 fue la culminación de estos años de debate y negociación.

¿Qué aporta el flamante Acuerdo? Sobre todo, un nuevo soplo de espíritu de cooperación, que tal vez haya faltado en otra época, pero que hoy es una realidad.

En el texto se destacan los nuevos conceptos de «función dirigente» y «organismo director». Si bien todos los componentes de la Cruz Roja y la Media Luna Roja tienen derechos y obligaciones respecto a las diversas actividades del Movimiento, en uno de ellos recaerán las responsabilidades de dirección en una esfera concreta. Además, en determinadas ocasiones se podrá conferir a una organización en particular la función de «organismo director», encargado de la dirección general y la coordinación de las actividades operativas internacionales.

Huelga decir que los intereses de las víctimas seguirán siendo primordiales. Por lo tanto, el Acuerdo hace hincapié en que al cambiar las circunstancias habrá que garantizar la continuidad de las acciones, independientemente de quien las dirija.

Todo esto es más complicado de lo que parece. Hasta ahora, se han plan-teado algunas dificultades por lo que se refiere a «quien hace qué, cuándo y en beneficio de quién» Para superar tales dificultades, en el Acuerdo se estipula cuándo habrá que designar un «organismo rector»; qué se entiende por «situación de conflicto armado», «catástrofe natural» y «consecuencias directas de un conflicto»; qué se ha de hacer cuando cesan las hostilidades; y cómo actuar en caso de conflictos concomitantes de catástrofes naturales.

En lo esencial, con estas disposiciones se pretende que cada quien entienda claramente lo que tiene que hacer en las distintas situaciones. El Acuerdo define la función y las responsabilidades del componente llamado a actuar en calidad de organismo director, encargado de la dirección y la coordinación general de una operación de socorro internacional del Movimiento. Al CICR incumbe la función de organismo director en lo que atañe a la protección y la asistencia a las víctimas de los conflictos armados internos, en cualquier lugar del territorio de una de las partes en conflicto. La Federación será el organismo director en caso de catástrofe natural o tecnológica en épocas de paz y en las situaciones ulteriores a conflictos armados cuando ya no haga falta un intermediario neutral; también se ocupará de los refugiados que han huido a un país donde no hay conflictos armados. Respecto a las diferentes situaciones, el Acuerdo indica cuando y de que manera se puede confiar la función de organismo director a una Sociedad Nacional para que coordine una operación de socorro internacional en su propio país. En todas estas circunstancias, «dirección y coordinación» no se refieren sólo a la gestión operativa, sino también a la movilización y administración de los recursos y a la coordinación de los contactos con los medios de comunicación. De esta manera, se evitará que una vez más, los componentes del Movimiento hagan solicitudes o declaraciones contradictorias cuando se refieran a una misma tragedia humana.

 
 

Diálogo y flexibilidad

Si bien el Acuerdo contiene disposiciones que permiten determinar si una situación ha de considerarse conflicto armado o disturbio interno concomitante de catástrofes naturales o tecnológicas, se reconoce que tales cláusulas no contemplan todas las circunstancias, y por lo tanto, llegado el caso, los componentes deberán tomar las disposiciones pertinentes guiándose por su propio criterio y sentido común. Citemos el ejemplo de Rusia: el CICR, en calidad de organismo director, se ocupa del conflicto de Chechenia y de las víctimas de este conflicto que, supongamos, pudieran ser desplazadas a Siberia. La Federación, por su parte, se encargará de dirigir las operaciones de socorro si durante el mismo conflicto hay un terremoto, por ejemplo, en Kamchatka.

Por lo tanto, los componentes del Movimiento deberán actuar según su buen criterio y sentido común cada vez que haya que tomar decisiones ante situaciones imprevistas.

Además de reglamentar las actividades de socorro internacionales, el Acuerdo da prioridad al desarrollo de las Sociedades Nacionales, pilares del Movimiento; consolidarlas es una tarea primordial y decisiva que, según el Acuerdo, incumbe sobre todo a las propias Sociedades Nacionales. Sin perjuicio de lo anterior, al suscribir el Acuerdo el CICR y la Federación se han comprometido a brindar apoyo a las Sociedades Nacionales, facilitándoles medios técnicos y financieros.

Asimismo, se espera que los componentes del Movimiento intensifiquen la cooperación práctica y coordinen sus actividades de información y defensa de causas. Además, el Acuerdo confirma la función diregente que
desempeña el CICR, y las funciones complementarias de la Federación y de las Sociedades Nacionales, en lo que
se refiere a la promoción de los Principios Fundamentales y a cuestiones relativas al derecho internacional humanitario.

Por último, una importante disposición estipula que el Acuerdo se revisará periódicamente para cotejar sus principios con la práctica y hacer las enmiendas que se juzguen oportunas.

¿Qué aporta este nuevo acuerdo?

A todos los componentes:

- Un nuevo espíritu de cooperación

- Una definición más precisa de funciones y responsabilidades

- Mecanismos de cooperación y coordinación

- Disposiciones que permiten revisarlo en todo momento

Al CICR:

- Una definición más precisa de su función en cuanto organismo director respecto a las víctimas de conflictos armados, incluyendo las personas desplazadas.

A la Federación Internacional:

- Una definición más precisa de su función en cuanto organismo director de las operaciones de socorro en caso de catástrofe y respecto a los refugiados.

A las Sociedades Nacionales:

- Disposiciones sobre la función que les incumbe respecto a su propio desarrollo, en calidad de organismo director en caso de emergencia y en cuanto participantes de operaciones de socorro internacionales.

¿Y en adelante?

Con este Acuerdo no se pretende mejorar la situación de las instituciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, sino de las víctimas y las personas vulnerables del mundo entero. Ahora bien, para que este documento entre verdaderamente en vigor, cada voluntario y cada miembro del personal del Movimiento tendrá que suscribir al espíritu que lo sustenta. Ello supone impartir capacitación y organizar seminarios y cursillos para que se comprendan bien los principios del Acuerdo y se fomente la debida aplicación del mismo. La Federación y el CICR han iniciado actividades de divulgación y es de esperar que las Sociedades Nacionales no tarden en hacer lo propio.

 

David Wyatt
Consejero en Relaciones Internacionales de la Cruz Roja Británica, presidió la Comisión Consultiva que redactó el Acuerdo.

 


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