Volver a la página
principal de la revista

¡Recuperemos nuestro mar!

por Carolyn Oxlee

El «analfabetismo ecológico de toda una generación», dice el científico Kabulov Saparbey, ha acabado con la mitad de la superficie y un cuarto del volumen del Mar de Aral. Tres millones de hectáreas de desierto cubren hoy parte del lecho de este gran lago salado. La Federación Internacional y las Sociedades Nacionales de la región se esfuerzan por lograr que la comunidad internacional trate de mitigar el costo humano de esta catástrofe ambiental.

La estatua plateada del pescador que levanta con orgullo un esturión nos recuerda la prosperidad de Muynak, que en aquellos años era una animada aldea pesquera de la costa sur del Mar de Aral, en Uzbekistán. Hoy, las aguas se han retirado tan lejos, que hasta donde alcanza la vista sólo se ve un desierto arenoso salpicado por los restos verdosos del limo del fondo marino. Las jóvenes generaciones de Muynak nunca han visto el mar.

 

 

Una catástrofe provocada por el hombre

En el Mar de Aral desembocan los ríos Amu Darya y Syr Darya, pero la renovación de su masa de agua depende de cinco países de Asia central: Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán y Kirguistán, donde se encuentran las montañas en que nacen los grandes ríos que son sus afluentes.

Durante el régimen soviético, estos cauces fueron sumamente explotados por los amplios sistemas de irrigación, destinados al cultivo de algodón. Para contrarrestar la salinidad del suelo, hubo que emplear ingentes cantidades de abonos y pesticidas, productos que fueron arrastrados hasta los ríos, contaminando las fuentes de agua potable de muchas aldeas.

No se trataba de una consecuencia imprevista. Preocupados por aumentar la producción de algodón para satisfacer las necesidades de la industria textil en expansión, los planificadores de la economía soviética sabían perfectamente que el Mar de Aral terminaría por secarse. Hoy, la catástrofe ecológica es un triste ejemplo de lo que ocurre cuando la actividad humana interfiere en la naturaleza: los veranos son más calurosos y los inviernos más fríos; han desaparecido las plantas y los árboles, y la mayoría de los peces ya no logran sobrevivir en lo que queda del mar, pues la concentración de sal es excesiva.

«Estamos tan solo en los albores del desastre», dice con pesimismo Kabulov Saparbey, Jefe de fitología y ecología de la Academia de Ciencias en Nukus, Uzbekistán. «El mar podría desaparecer en los próximos 10 o 20 años, ya que la evaporación no es compensada por el aporte de agua de los afluentes. Habría entonces un nuevo desierto y un clima con enormes diferencias de temperatura».

Las consecuencias humanas

«Las dificultades de los habitantes de la región son enormes y complejas, porque las enfermedades, las malformaciones congénitas, los índices de cáncer y la inquietante variedad de problemas sanitarios derivados del consumo de aguas tóxicas han alcanzado niveles y grados extremos», explica Bob McKerrow, Jefe de la delegación regional de la Federación,. «A esto se suman infecciones de las vías respiratorias, los ojos, los oídos y la piel, provocadas por las enormes nubes de sales y polvo levantadas por el viento».

El costo humano es mayor en las mujeres embarazadas y los lactantes. La anemia aguda provoca abortos espontáneos y, cuando los embarazos llegan a término, nacen niños de bajo peso, enfermos o con malformaciones.

La gran pobreza y la desnutrición que cunden en la región agudizan los problemas sanitarios. Mucha gente sobrevive consumiendo pan, verduras y té. El bajo valor nutritivo de la alimentación causa anemia. La incidencia de la tuberculosis, que se propaga por la precariedad de las condiciones de vida, es mayor en la zona aledaña al Mar de Aral que en otras comarcas de la región. En el sanatorio de Kungrad, al sur de Muynak, varios adultos ingresados este año pesaban menos de 30 kilos.

En Almaty, ex capital de Kazajstán, las autoridades han establecido un programa para atender a los niños enfermos de la región del Mar de Aral. Se los lleva al hospital pediátrico de Almaty durante un mes, y allí reciben tratamiento médico, agua limpia y una alimentación nutritiva. Casi todos sufren de enfermedades gastrointestinales y respiratorias. La Cruz Roja y la Media Luna Roja de Kazajstán abastece el hospital, donando mantas, sábanas, artículos de higiene y equipo médico.

Quienes nacieron en el decenio de 1970 nunca han consumido agua verdaderamente potable, pues todas las fuentes se abastecen de los caudales salados y contaminados de los afluentes del Mar de Aral. En Aralsk, que habiendo sido un puerto de la costa kasaka, hoy se encuentra a más de 50 km del mar, se consume el agua potable que llega en camiones cisterna con relativa regularidad, y los habitantes tienen que costear el transporte.

Todos los problemas de los habitantes de la región no pueden achacarse a la desertización del Mar de Aral. El derrumbe de la Unión Soviética, en 1991, cortó los lazos económicos y financieros de los cinco países de Asia central, y les dejó en herencia una industria inadecuada, elevadas tasas de desempleo y salarios impagos. Todavía hoy, tener un empleo no significa que se vaya a cobrar el sueldo.

 
 

Lucha por ayudar

«No nos incumbe resolver los problemas ecológicos. Nosotros deberíamos ocuparnos de ayudar a la gente a lograr un buen nivel de vida. Nuestras prioridades son mejorar los servicios de salud, el abastecimiento alimentario y la nutrición», comenta Oktamhon Vakhidova, Presidente de la Media Luna Roja de Uzbekistán.

El inconveniente es que los donantes parecen desentenderse de la situación catastrófica del Mar de Aral, tal vez porque les resulta muy distante, o porque muchas otras crisis reclaman su atención y sus recursos.

«Estamos empeñados en conseguir que los donantes atiendan a los problemas de la región, pero hasta ahora los resultados han sido mediocres», dice Bob McKerrow. Sin desanimarse, a pesar de la escasa respuesta a la solicitud de fondos hecha en 1998, la Federación prepara algunos proyectos de alimentación para niños residentes en instituciones y mujeres embarazadas, y de reactivación de los programas de atención de enfermería a domicilio para ancianos y discapacitados.

La Sociedad Nacional de los Estados Unidos respondió al llamamiento, enviando un equipo de evaluación.

El comité de la Cruz Roja y la Media Luna Roja Kasaja recluta voluntarios para que asistan a los ancianos, los discapacitados y las familias numerosas con las compras y la limpieza. También ha previsto capacitar en primeros auxilios a 50 funcionarios de los servicios de bienestar social. En Uzbekistán, las enfermeras a domicilio atienden a más de 500 ancianos y discapacitados. «Acabamos de terminar una encuesta sobre la vulnerabilidad de 600 familias, de cuyos resultados se desprende que carecen de ropa y calzado, y que no tienen suficiente comida ni agua potable, dice Abadan Bazarbaeva, presidenta regional. El escaso número de industrias locales y el desempleo generalizado dificultan la recaudación de fondos.

La falta de interés de los donantes ha sorprendido incluso en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que trata de coordinar las actividades de las ONG parasubvenir a las necesidades económicas, sociales y sanitarias de la población.

Entre optimismo y desesperanza

«Tenemos que recuperar nuestro mar», se oye decir por todas partes. Mucha gente de Muynak y Aralsk añora el pasado y no logra concebir un futuro distinto. A lo largo de los años, científicos y políticos han tenido diversas ideas descabelladas para volver a elevar el nivel de las aguas, unos proponían dinamitar las montañas donde nacen los afluentes y otros, construir un canal desde los ríos de Siberia, o desde el mar Caspio.

Con todo, hay algunos motivos de optimismo. En 1992 se construyó una represa en la zona norte que separa una parte del mar de la masa principal de agua. En este «mar» más pequeño se ha venido registrando un aumento del nivel de las aguas. Una organización danesa capacita a los pescadores locales en la crianza y comercialización de platija, por ahora el único pez que logra sobrevivir en las saladas aguas del Aral.

Tanto en Kazajstán como en Uzbekistán se abrigan grandes esperanzas respecto a la exploración de yacimientos de petróleo y gas natural, lo que podría dar un nuevo impulso industrial a estos países. Otra perspectiva económica más inmediata es la cría de ganado. Además, las autoridades de la zona del mar de Aral están tratando de fomentar pequeñas y medianas empresas de tejido de alfombras y de fabricación de refrescos.

En definitiva, el futuro de la región del Mar de Aral depende de la capacidad de sus habitantes de adaptarse a nuevas actividades económicas, y del empeño y los recursos financieros que los gobiernos dediquen a mejorar el abastecimiento de agua y alimentos.

«Dios no puede corregir lo que no ha hecho. El mar se secó por causa de los hombres, y sólo a ellos corresponde reparar», sentencia Kabulov Saparbey.

 

Carolyn Oxlee
Redactora del Servicio de Publicaciones de la Federación.



Arriba | Contáctenos | Créditos | Revista anteriore | Webmaster


© 2003 | Copyright