Volver a la página
principal de la revista

Más que un barco,
un puente

por Corinne Adam

En Sri Lanka, donde prosigue el conflicto interno, el CICR se ocupa del transporte de ida y vuelta de Jaffna a Colombo de quienes necesitan tratamiento médico. Esta es la crónica de uno de estos viajes.

Colombo, seis de la madrugada. En la ciudad reina la calma, pues hoy se celebra la fiesta de la luna llena. Frente a la delegación del CICR espera un grupo de personas. Otras se han subido ya al autobús para protegerse de la lluvia. Once pacientes y otros tantos acompañantes se aprestan a comenzar el viaje y conversan con sus amigos por las ventanillas abiertas. Un niño con la cabecita vendada llora en los brazos de su madre. Una ambulancia de la Cruz Roja de Sri Lanka (CRSL) está lista para partir con el herido que transporta. El jefe de la caravana del CICR pone en orden los últimos documentos antes de dar la señal de partida: son las seis y media.

En el trayecto de cuatro horas hasta Trincomalee, la caravana se detiene una hora en Habarana, un pueblo a medio camino entre las ciudades sagradas de Polonnaruwa y Anuradhapura, donde comemos antes de seguir viaje. Poco después del embalse de Kantale, la ruta empieza a deteriorarse conforme se va adentrando en una zona agrícola. Por todas partes los campesinos trabajan en los arrozales, mientras otros preparan la tierra con sus yuntas de animales. Las palmeras dominan el paisaje y el terreno es más llano; la vegetación cambia y empezamos a atravesar la región de los elefantes salvajes. Después de este tramo, interrumpido un sinnúmero de veces por los puestos de control del ejército de Sri Lanka, aparece la bahía de Trincomalee, el puerto natural más grande de Asia. La caravana termina su viaje en China Bay, una de las tres ensenadas de la bahía.

 

 

El Java Gulf, vínculo vital

Allí está atracado el Java Gulf, magnífica embarcación pintada de un naranja resplandeciente. Este remolcador de alta mar, diseñado en principio para el abastecimiento y la manutención de plataformas petroleras, ha sido reacondicionado para el transporte de pasajeros y de carga. Equipado con dos motores y dos radares, puede enfrentar fácilmente las borrascas habituales en el Océano Índico durante la estación de monzón. Desde junio de 1997, este barco presta servicios al CICR, que lo alquila por 3.450 dólares diarios a una compañía de navegación de Singapur. A este monto se suman 2.000 dólares por cada viaje de ida y vuelta; habitualmente uno por semana. El barco tiene capacidad para un máximo de 30 pacientes; también se admite a sus acompañantes, cuando los pacientes están demasiado débiles, o son demasiado jóvenes o demasiado viejos como para hacer el viaje solos.

La marina de Sri Lanka, que tiene una base en la entrada de la bahía, siempre teme atentados porque el 18 de abril de 1994, buzos del movimiento guerrillero Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE) hundieron tres embarcaciones de la marina de guerra, rompiendo el alto el fuego. Así pues, los marinos inspeccionan toda la carga de nuestro barco, lo que les lleva unas dos horas. Cada caja y envase de medicamentos, y las escasas pertenencias de los pasajeros son objeto de una revisión meticulosa. Entretanto, la tripulación se ocupa en diversas tareas. Sus 11 miembros, indonesios, filipinos y birmanos, se han integrado fácilmente en la comunidad de Trincomalee, donde residen. En este momento, cada uno se concentra en la tarea que les ha asignado el capitán: verificar las máquinas, supervisar la carga o preparar la comida para los pasajeros. Mientras esperan, los pacientes y sus acompañantes se han instalado en colchones puestos en el suelo de cuatro contenedores transformados a tal efecto. Los pasajeros se acomodan para la travesía, que durará más o menos 17 horas: los hombres de un lado, y las mujeres y los niños, del otro. Antes de hacerse a la mar, el capitán explica cómo utilizar los chalecos salvavidas en caso de emergencia.

«¿Qué haríamos sin este barco?»

Aranya tiene sólo tres años y este no es su primer viaje. Su madre nos cuenta que todo comenzó cuando, a la edad de tres meses, los médicos de Jaffna le detectaron una deficiencia cardíaca. Un año después, lo mandaron al hospital general de Colombo para operarlo. Tras una segunda intervención, ha pasado cuatro meses en el mismo hospital. Allí volverá, por la misma vía, dentro de seis meses para someterse a un control. Su madre agrega: «No sé qué haríamos sin este barco. Es tan difícil salir y volver a Jaffna. Antes, también teníamos el avión, pero era caro y había largas listas de espera». Cuando le preguntamos cómo se había enterado de la existencia de este barco, su respuesta fue casi burlona: «Todos lo conocen, se habla de él en la radio y lo mencionan los diarios».

Los pacientes, sus familias y los representantes del CICR y de la CRSL no son los únicos que lo utilizan pues también pueden hacerlo integrantes de otras organizaciones humanitarias. El transporte y la comida son gratuitos para los pacientes y sus familias, pero el CICR pide una donación simbólica a los pasajeros de las ONG humanitarias activas en la región de Jaffna.

Gracias a este barco, también llegan a Jaffna todos los medicamentos y los suministros sanitarios del Ministerio de Salud, la carga para los programas de las organizaciones internacionales y los sacos del correo. Sin este vínculo, los habitantes de la península quedarían aislados del resto del mundo.

 

Desde 1983, en el cruento conflicto entre el gobierno de Sri Lanka y el LTTE han muerto más de 50.000 personas. Muchas más han resultado heridas y más de 300.000 han sido desplazadas de sus hogares.

Este conflicto ha afectado a la población civil de la parte oriental de la isla, en particular Batticaloa y Trincomalee y sus alrededores, pero sobre todo a los habitantes de la zona selvática de Vanni, donde de hecho se concentran las hostilidades. Allí tienen lugar las ofensivas de las fuerzas gubernamentales que buscan abrir una ruta hacia la península de Jaffna a través del territorio controlado por el LTTE. Como el tránsito por la carretera que une Colombo a Jaffna está interrumpido, el barco del CICR es el único vínculo independiente entre estas dos partes de la isla. Desde 1989, el CICR está presente en Sri Lanka con 48 delegados y 270 empleados locales que trabajan en las oficinas de Colombo y de otras once localidades del norte y el este del país. La Federación Internacional, por su parte, colabora estrechamente con la Sociedad Nacional.

 

Un aliado fiel

Las dos partes en conflicto perciben los beneficios que ofrecen los servicios del barco; de hecho, hay un acuerdo en cuanto a mantener una conexión regular entre la península de Jaffna y el resto de la isla. Para esto, el CICR debe notificar al Ministerio de Defensa y al LTTE cada viaje que realiza el barco y proporcionarles una lista de todos los pasajeros. Por razones de seguridad, se ha convenido que el Java Gulf navegue a más de 40 millas de la costa, fuera de las aguas territoriales.

Por fin aparece a nuestra vista el puerto de Kankesanturai. Antes de acercarse a la península, el Java Gulf echa anclas a varias millas de la costa, para que los buzos de la marina puedan controlar que no haya minas adosadas al casco del barco. Una vez terminada la operación, los pasajeros pueden desembarcar en Kankesanturai, desde donde se les transporta en autobuses a sus hogares.

El 29 de septiembre de 1998, un avión de la aerolínea Lionair, que volaba entre Jaffna y Colombo con 48 personas a bordo, se estrelló en el mar a la altura de la región norteña de Vanni. Desde entonces, la compañía canceló todos sus vuelos y el Java Gulf también acepta a bordo a los funcionarios y médicos del Ministerio de Salud. En los primeros diez meses de 1998, el Java Gulf transportó a 929 pacientes, 671 acompañantes y 79 miembros de los servicios sanitarios, así como a 316 representantes del CICR, la CRSL, el Ministerio de Salud y diversas organizaciones internacionales.

Es mediodía en el muelle de Kankesanturai, y otro grupo de pacientes y acompañantes se preparan a embarcar en el Java Gulf, que realiza un enésimo viaje a Colombo.

Corinne Adam
Delegada de prensa del CICR para las zonas de Asia y de América Latina.



Arriba | Contáctenos | Créditos | Revista anteriore | Webmaster


© 2003 | Copyright