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Nunca conoceremos la verdadera historia de la guerra de los Balcanes», señalaba Edmund Stillman, escritor estadounidense, hace más de treinta años. Esta afirmación sigue vigente hoy en día, sobre todo en lo que se refiere a la guerra en ex Yugoslavia.

Cuando decidimos abordar la situación de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de ex Yugoslavia, no nos proponíamos hacer un balance definitivo, simplemente queríamos detenernos un instante en esos acontecimientos que comenzaron en el verano de 1991 y rápidamente se convirtieron en un gigantesco desafío humanitario que, en primer lugar, asumieron las secciones locales de la Cruz Roja. Estas últimas, con el apoyo del CICR, la Federación Internacional y numerosas Sociedades hermanas, fueron interviniendo progresivamente.

Por lo tanto, hemos considerado importante dar la palabra a los cruzrojistas que actúan allí para que nos aclararan con la mayor objetividad posible, el camino recorrido; camino que estuvo plagado de caos, dolor y peligro; camino donde hombres y mujeres de las distintas comunidades despedazadas han tratado de construir puentes, refugios y salidas de emergencia. En medio de la tormenta, la presencia y la acogida de la Cruz Roja han sido a menudo una fuente de consuelo para los más castigados. Ello no quita que, en algunos casos, esos esfuerzos hayan resultado insuficientes y desfallecientes. Cuando por fin callaron los cañones en Croacia y en Bosnia y Herzegovina, las Sociedades de la Cruz Roja pudieron evaluar la enormidad de la labor de reconstrucción y rehabilitación que tenían por delante y que siguen realizando con denuedo.

Respecto al artículo de Primera plana de este número de «Cruz Roja, Media Luna Roja», cabe destacar tres elementos. En primer lugar, que una guerra fratricida afecta a todos los integrantes de la sociedad, incluyendo a la Cruz Roja que, a pesar de su ética fundamental no es más que una asociación de personas que encaran individualmente los dramas, los dilemas y las divisiones que trae aparejada la guerra. Para aquilatar mejor la dificultad que supone ser neutral e imparcial, preguntémonos un instante cómo nos comportaríamos si estallara un conflicto en nuestro país y tuviéramos que hacer frente a tantas incertidumbres. En segundo lugar, hecho alentador, la Cruz Roja ha logrado seguir funcionando durante la guerra y sobrevivir a ella, manteniendo contra viento y marea el lazo entre las comunidades divididas. Es la única institución de ex Yugoslavia que puede preciarse de tal resultado. Por último, y esta será la próxima prueba, habrá que ver si esas Sociedades Nacionales aprovechan resueltamente la oportunidad que se les ofrece de entrar de lleno en la modernidad.


Jean-François Berger
Redactor CICR

Jean Milligan
Redactora Federación


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