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Un cuento albanés
Roland Sidler

Medios artísticos como el teatro son una forma idónea de transmitir mensajes fundamentales a jóvenes y ancianos por igual.

Recorrer el País de las Aguilas no es empresa fácil. En la región limítrofe de Kosovo y Macedonia, las minas terrestres son un peligro constante tanto para los viajeros como para la gente del lugar.

Roland Sidler, Delegado del CICR, siguió a una compañía de teatro bastante inusual y nos relata su experiencia.

No sé si ustedes son como yo, pero cada vez que voy al extranjero busco puntos de referencia para sentirme más seguro. Así que aquí en Albania, hago lo mismo, más exactamente en esta región situada al nordeste de un país totalmente inexpugnable a la intrusión extranjera desde 1945 hasta el final del régimen comunista de Enver Hodja, hace 10 años. Nada más llegar me siento a gusto. Los paisajes se parecen mucho a los de la Alta Saboya, donde vivo entre una misión y otra, y a las montañas de mi Jura natal. El jeep del CICR atraviesa hondas quebradas, cinceladas por torrentes impetuosos. Paredes rocosas, con los últimos vestigios de nieve, dibujan sombras deformes entre verdes praderas. En los pequeños lagos de montaña azul cobalto, se reflejan majestuosos árboles seculares y coníferas monumentales. Respiro aliviado pues la vida trepidante de la civilización ha quedado atrás. No tengo ganas de volver. A lo lejos se divisan tejados de zinc y de tejas grises de Novocey, un pueblo aislado, que se encuentra a media hora de la capital de departamento de Kukes, si como yo van en coche, y destino de mi viaje. Estaciono en un terraplén entre dos montones de estiércol. Maniobra inevitable si se tiene en cuenta que hay uno delante de cada casucha, presente de gallinas y pájaros.

Secuelas de Kosovo

He venido a rodar un reportaje vídeo sobre una compañía de teatro que va de pueblo en pueblo por la zona fronteriza de Kosovo y Macedonia. Integrada por actores profesionales oriundos de Tirana, la capital, la compañía interpreta un sainete inspirado en las fábulas de La Fontaine. La idea de esta comedia es prevenir a la población rural, sobre todo a los niños, del peligro que representan las minas antipersonal y los artefactos sin explotar dispersados a lo largo del territorio de 120 kilómetros que separa Albania de sus dos vecinos.

Aunque Albania no haya estado directamente involucrada en la guerra de Kosovo, ni en la crisis macedonia, padece las consecuencias de estos conflictos. Para cortar la retaguardia a los combatientes del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK), las fuerzas armadas yugoslavas colocaron miles de minas. Además, los aviones de los aliados de la OTAN también contaminaron esta franja fronteriza tirando bombas de fragmentación. Errores de cálculo, según los especialistas en bombarderos.

En estos pueblos, prácticamente no hay ninguna familia que no deplore alguna víctima de las minas antipersonal que haya perdido un ojo, una mano o una pierna, pues en la mayoría de los casos hay que amputar. Los hospitales están lejos y no hay estructuras médicas adecuadas, lo que tampoco facilita las cosas. El ganado corre la misma suerte y puesto que aquí se vive esencialmente de la agricultura, los habitantes se ven obligados a limitar la superficie de cultivo para reducir al mínimo el peligro de nuevos incidentes. Pero, ¿qué hacer para proteger a los niños? Siempre se puede intentar explicarles el peligro de manipular objetos extraños descubiertos en los alrededores, pero no se puede impedir que corran por el campo ni que exploren nuevos atajos para ir a la escuela. Los niños albaneses no son diferentes a los nuestros; igual que en todas partes, la aventura acecha y quieren explorar el entorno y descubrir nuevos espacios. En Kosovo, el proceso de desminado está a punto de terminar pero en Albania recién comienza y se interrumpirá con las primeras nevadas.

Un oso viene de lejos...
Este juego se utiliza para sensibilizar más a la población civil sobre el peligro de las minas terrestres.

La moraleja

Con apoyo del CICR y de la Cruz Roja Albanesa, el teatro itinerante se propone asumir el reto de la prevención. En un escenario rudimentario, levantado en el patio de recreo de la escuela, los actores se disfrazan de animales conocidos. El zorro trata de convencer al oso de ir por un camino nuevo al borde del torrente donde abundan los peces. Pero antes saca todas las señales que advierten del peligro de las minas. Codicia el cubil y el jardín del oso, y le complacería verlo desaparecer "en un accidente". Pero el conejo y el gusano de seda se han dado cuenta de las intenciones maquiavélicas del zorro. Con la ayuda de los audiencia infantil que participa con entusiasmo en la "obra", tratan de guiar al oso para que pueda salir sano y salvo del campo minado. Una vez que lo han logrado, los tres animales "buenos" le tienden una trampa al zorro cuando se dirige al cubil del oso, creyendo que se ha librado de él y convencido de ser el nuevo propietario de su hogar. Rodeado por todos lados, tendrá que darse por vencido. Después de que lo pescan infraganti, espera el veredicto implacable de los amigos del oso.

Llamados a testimoniar por el conejo, bueno y generoso, los niños deciden perdonar al zorro, eso sí exigiéndole que nunca más vuelva a desplazar los signos de aviso de peligro de minas. Fin. Los actores se quitan las máscaras. Los niños se confunden con la compañía y los adultos aplauden. Se desmonta rápidamente el decorado y se carga en el todoterreno. Tres horas después habrá otra representación en otro pueblo de la región.

 

Un momento de descanso

Apenas he recogido mis cámaras, el trípode, los micrófonos, el grabador y la libreta de apuntes, me rodean los ancianos del pueblo. No es cuestión de que me escabulla. Eso no se hace en estos parajes donde hay que mantener la proverbial hospitalidad. Me llevan casi a la fuerza a la mejor casa del pueblo. Me hacen entrar en una sala minúscula, apenas alumbrada por la luz que entra por los intersticios. Algunos están sentados en viejos taburetes desvencijados. Me hacen entender por señas que tengo que brindar con ellos a nuestra nueva amistad.

Tras unas cuantas palmadas amistosas en los hombres, logro salir de este ambiente cordial y hospitalario y dejar a esta gente que en compañía de invitados se olvida de los pesares cotidianos. Tengo que seguir mi misión y atrapar a la compañía de teatro que va camino a su próxima representación.

 

Roland Sidler
Funcionario de prensa audiovisual del CICR, Ginebra.



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